Un viejo republicano amigo,
catedrático emérito de nuestra Universidad me confirmaba esta mañana que los
peor que podría ocurrirle a la teórica III República, si algún día lejano fuera
reinstaurada en España, sería que viniera de la mano del partido comunista hoy
instalado entre las delicadas fibras de Izquierda Unida. La vuelta de esta
forma política de gobierno es cosa de todos, y no de un partido o de personajes
como Cayo Lara, al que los medios de comunicación socialistas jalean,
incluyendo las dos cadenas de la televisión del Estado, y las cadenas cuatro y
sexta. Parece como si éste extraño y rústico personaje sacado de un mercado
como tratante de ganado político, fuera un genio español que nos va a salvar
del desastre. O el pobre ex coronel Martínez Inglés, que está resurgiendo entre
el pitorreo general de una opinión pública que desde luego no se chupa el dedo.
Personaje de opereta bufa por el que siento lástima.
El partido comunista tuvo su oportunidad de incorporarse a
la vida política de la demócrata Europa, cuando Santiago Carrillo estuvo a
punto de lograr ese objetivo de tener un partido a la izquierda de un
social-liberalismo o una socialdemocracia rosa, que es lo que hay en los países
que buscan una Unión Europea sin socios incómodos cuya historia de hace décadas
nos hacían sufrir con los llamados satélites de la Unión Soviética, autora de
millones de asesinatos, al estilo nazi.
O los actuales regímenes de Cuba, Vietnam, Corea del Norte e incluso la nueva
China que busca una salida seudocapitalista.
Santiago Carrillo fue materialmente barrido del mapa
político español. A éste anciano líder de la izquierda se le puede acusar de
muchas cosas, incluso de su pasado, pero los analistas políticos estamos de
acuerdo de que se esforzó por no convertir a nuestro país en un campo de batalla se nefastas consecuencias. Me consta,
me informó de ello Joaquín Garrigues Walker, que cuando unos pistoleros asesinaron
en Madrid, a siete abogados laboralistas afines al PCE, el rey don Juan Carlos,
pidió a Carrillo que interviniera para que no se produjeran disturbios. Y así
ocurrió. El peso del monarca fue decisivo pero la prudencia del dirigente comunista
fue otro factor esencial para que no hubiera una orgía de sangre y la
Transición se convirtiera en una etapa más problemática de lo que fue, incluyendo
la aceptación de la actual bandera española.
Hechos como este y otros dieron la medida de que la
reconversión de España en una Monarquía parlamentaria nos conducía a un acierto
que quedó reflejado en el Referendum del 78,en el que se aceptaba por una gran
mayoría el régimen y la figura del rey don Juan Carlos.
En estos días, una primavera caliente, en la que los españoles
vivimos horas llenas de infinitas dificultades, hay minorías políticas y
personajes que buscan el navajeo dialéctico y mediático. Se equivoca
radicalmente el partido comunista en convertirse en un movimiento que raya la
agitación social, y quienes desean convertir a España en una segunda Yugoslavia
que quedó destrozada también por cuestiones económicas y rupturas
nacionalistas, con el telón de fondo de un comunismo marca Tito, totalmente
desbordado y obsoleto.
Modestamente pienso que el PCE y la jaula de grillos que es
Izquierda Unida deberían ser esa izquierda moderna, socialmente avanzada e
ideológicamente vinculada a la Unión Europea, como sucede en Francia, Italia, Bélgica,
Finlandia, Hungría, Polonia y Chequia, y no en el fantasma homologado de Portugal. Honradamente
estoy convencido que necesitamos a esos millones de españoles ubicados a la
izquierda del socialismo español que descubrió Felipe Gonzalez, y que ahora
Rubalcaba trata de reconvertir en lo que era el PSOE en la década de los años
treinta del siglo pasado.
Yerra IU dedicando todo o casi todo su esfuerzo en derribar
la Monarquía Parlamentaria del Reino de España, y presta, además un mal
servicio a lo que pudiera ser una III República, hoy por hoy inviable, porque
no hay tontos en la familia real, ni mucho menos entre una opinión pública que sabe lo que se juega de
cara al futuro. El problema profundo, serio, grave y urgente de resolver es la
crisis financiera, económica, social, cultural y la reubicación del Estado de
las Autonomías. No soy anti nada,s implemente pienso, reflexiono y saco conclusiones
a la vista de las diversas situaciones.
Vivimos horas para meditar y sacar lo mejor de nosotros mismos. España tiene que estabilizarse moralmente, por encima de las crisis más o menos materiales. Hoy no toca Monarquia o República. Hoy toca la existencia de una nación cuya Historia no debe concluir en un enfrentamiento gratuito traído por minorías radicales cuyas señas de identidad han venido desapareciendo en los últimos cincuenta años... Los españoles pedimos muchos sentido común a nuestros dirigentes políticos quienes también deberían pedir perdón por los errores cometidos en los últimos treinta años, como el lamentable ejemplo de las diecisiete Comunidades Autónomas que fluctúan entre la ruina y la paranoia, que hace perder al Estado su propia identidad. Abuso de poder sin freno ni medidas estructurales. No existe la España vertebrada. Nos hemos convertido en una utopía kafkiana.