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Arthur Ghukasian.
Viernes, 15 de mayo de 2015
Juan Merelo-Barberá, el Presidente de la Comisión Internacional del Colegio de Abogados de Barcelona

"El genocidio armenio se está convirtiendo en un problema por el uso de una palabra, cuyo poder mediático ofende a una patria"

[Img #11063]Durante su intervención en la mesa redonda organizada por la Comisión de Justicia Penal Internacional del Colegio de Abogados de Barcelona, ha recalcado que el Genocidio Armenio debe de ser reconocido internacionalmente. Juan Merelo-Barberá, presidente de dicha comisión, ha hablado para los lectores de Armenia Press.

¿Cuál es su opinión a la tardanza a aceptar algo tan evidente?

 

El interés en el reconocimiento del genocidio armenio no pertenece al mundo de las relaciones internacionales entre los estados. Hace tiempo que los poderes muy terrenales que guían a los estados se encuentran subordinados a consideraciones económicas y geoestratégicas. Quizá desde siempre.

 

Organizaciones supranacionales como la UE poco pueden hacer mientras sea ésta la situación. La reciente declaración del Parlamento de la UE, como ya hiciera en otras ocasiones, solo insta a los estados miembros a otorgar este reconocimiento, pero no les puede obligar al reconocimiento mismo. Los estados son soberanos, y como entes soberanos administran territorios con los intereses geoestratégicos y comerciales que consideran necesarios para su seguridad. Estos límites territoriales son generalmente herencia de unos acuerdos de paz consensuados por los vencedores de un último conflicto bélico y, por lo tanto, merecen ser protegidos por el derecho internacional.

 

La evidencia del genocidio, aunque con problemas de legalidad penal por ser anterior a la definición del delito, pertenece a otro mundo, igualmente jurídico, pero de carácter universal, un mundo que se abre por la ONU, con la Declaración de DD.HH y el Convenio para Prevención de Delito de Genocidio. Hoy este otro mundo no es un simple ideal; es un cauce para el derecho de petición de las personas y los pueblos.

 

Para mí, la tardanza viene determinada por el distinto tratamiento que desde las instancias internacionales se da entre la, llamemos, vía universal de la humanidad y la, llamémosla también, vía internacional de los estados. En justicia penal universal los problemas derivados de la estricta legalidad, del derecho puesto, son discutibles desde la perspectiva de la legitimidad, del deber ser, porque hay una memoria de la diáspora que así lo reclama desde la también estricta legitimidad.


Sabemos que diplomáticos turcos les han sugerido la suspensión de los actos relacionados con el centenario del Genocidio Armenio. Esto no ha sucedido solamente en Cataluña, sino en todos aquellos lugares del mundo en los que estaban programados actos conmemorativos.

 

¿En su opinión tienen éstos derecho a dirigirse a ustedes, la Comisión de Justicia Penal del Colegio de Abogados de Barcelona, y aleccionarles sobre la manera o la oportunidad de tratar cualquier tema? ¿Cómo deberían actuar en el caso de poder hacerlo?

 

Por supuesto tienen derecho. Todo el mundo tiene derecho a pedir, así como los armenios a conmemorar en la forma que consideren más oportuna la masacre de 1915. No creo que pretendieran aleccionar a nadie, si no más bien expresar su protesta.

 

El Colegio está interesado por el análisis de cualquier polémica de naturaleza jurídica.

 

De todas maneras, personalmente no los recibí yo. Pero sí me llegó el encargo de dirigir unas palabras expresando el carácter plural del Colegio. Y precisamente para evitar herir la sensibilidad de un estado concreto, evité mencionar en un primer momento a Turquía. Solo cuando uno de los ponentes me pareció que ponía en duda la existencia de aquella previa visita, mencioné a Turquía para evitar que los asistentes pensarán que se trataba de un invento utilizado por el supuesto victimismo armenio.

 

Pero permítame que añada algo relacionado con su pregunta que considero importante destacar. Los estados también administran a los pueblos que viven dentro de sus fronteras y, para cohesionarlos dentro de un mismo territorio, construyen el concepto de patria. Pero, así como el concepto de nación es el resultado de una evolución natural de los grupos sociales, el concepto de patria necesita ser dignificado muy a menudo a través de las instituciones políticas del estado. Sobre todo si es una patria aglutinadora de una variedad de grupos.

 

La patria resulta más artificiosa y, por lo tanto, se muestra como un concepto más vulnerable y discutido que el concepto de nación. De ahí que algunos estados potencien el honor del grupo que administran en torno a signos unificadores, muchas veces triviales –las banderas, por ejemplo-, lo que puede llevar al exceso del patrioterismo y terminar en un obcecado negacionismo.

 

Me explico: actualmente el reconocimiento del genocidio armenio se está convirtiendo en un problema simplemente por el uso de una palabra, cuyo poder mediático ofende a una patria. Pero patria y estado son tanto Armenia, con sus conflictos territoriales específicos, como Turquía, con una posición estratégica consolidada. El problema se centra en no hacer del negacionismo una bandera patria.

 

Existen muchos turcos nietos también de la tragedia armenia. Ví hace poco un excelente reportaje sobre el tema. Son el mismo pueblo, el mismo receptor del legado del genocidio, aunque tengan distintas nacionalidades y patrias que los nietos de la diáspora. Si para salvar la patria, el estado maneja cualquier tema de índole jurídico penal internacional como una cuestión de honor, debemos advertir a los estados que la seguridad de la humanidad es una también una obligación universal, por encima de las cuestiones de honor. Un repaso de la historia universal nos confirma que casi todas las patrias tienen antecedentes penales y los pueblos que las configuramos hemos de aceptar esto. Porque la manera de preservar la paz pasa por asumir la historia de nuestras propias patrias.

 

El crimen de Genocidio contra cualquier nación debe de ser no sólo reconocido, sino que obliga a una reparación. ¿Cómo, según su criterio, debería aplicarse esa responsabilidad jurídica en el caso del Genocidio Armenio?

 

-Una sentencia penal declarando el genocidio armenio no es posible ya. Por esto se pide el reconocimiento internacional de los estados, porque se cumpliría con la reparación principal ante la petición de justicia que formula la memoria histórica de los armenios: se trata de la dignificación de la tragedia sufrida.

 

Esta dignidad es el primer paso que legitima la petición del pueblo armenio. El arreglar lo demás compete a los estados. Las reclamaciones de índole económica o territorial, con independencia de rastrear alguna aislada sentencia por crimen contra la humanidad producida en el status quo consensuado por los estados después de la I Guerra Mundial, han de ser resueltas de acuerdo con la legalidad internacional aplicable al caso. Alemania indemnizó. No se si las acciones judiciales de los armenios en reclamación de otras compensaciones tendrían quizá cabida en el Tribunal de La Haya (pero no ante la Corte Penal Internacional, que también radica en La Haya). En cualquier caso se trata de cuestiones entre estados que requerirán de otros consensos. Pero para esto está la política y la diplomacia internacionales.

 

En su artículo “Armenia: la importancia de llamarlo genocidio” habla sobre los trágicos acontecimientos de 1915 desde el prisma de la conciencia universal. ¿Cómo debemos entender este principio que usted menciona?

 

El legado de la II guerra mundial fue la creación de un nuevo orden político internacional, donde se contemplaba el reconocimiento de la dimensión universal de los temas jurídicos relacionados con la dignidad de las personas y de los pueblos. Les otorgó derechos, y entiendo que esta ha sido la clave para preservar una paz entre vencedores y vencidos en el marco de una permanente y variada correlación de fuerzas e intereses. Seguramente una paz indigna, si nos fijamos en la forma de resolver todavía hoy las tensiones de nuestro mundo, pero suficientemente digna desde el punto de vista de la estructura jurídica ideada para la prevención de los derechos universales. Ha de prevenirse el sufrimiento causado por el hombre contra el hombre y los vencidos también son titulares de derechos, porque son personas humanas. Esto es el producto de una conciencia que ha venido repitiéndose en las normativas religiosas y estatales hasta alcanzar el nivel de consenso jurídico a través de las instituciones políticas internacionales. En esto también se basa la creación de las patrias y de los estados democráticos, en principio protectores de nuestros derechos como ciudadanos.

 

Desde este punto de vista, el caso armenio tiene indudable interés porque se trata de prevenir futuros delitos internacionales, a través del recuerdo que todavía hoy agrupa a un pueblo en torno a la conciencia de su dolorosa historia. El clamor para que se les de justicia sobrevive en la tercera generación y, de este modo, se erige en un motor social para que no se olvide el sufrimiento de los grupos vencidos. En realidad, todo sufrimiento injusto se proyecta a una conciencia humana de carácter universal. No debería ofender a la tercera generación de los vencedores, sea cual sea su patria.

 

Nos acabamos de enterar de la riqueza de la Biblioteca del Colegio de Abogados de Barcelona. ¿Sabe si existen fondos sobre el tema del Genocidio Armenio?

 

-La Biblioteca del ICAB es la joya de la corona del edificio histórico en el que se ubica la corporación de abogados en Barcelona. En el ámbito jurídico, es una de las más importantes bibliotecas privadas del mundo y su fondo antiguo es de una gran calidad. Sobre Armenia, tenemos obras de Raphael Lemkin, de Michael Mann, de George Hintlian... Vale la pena repasar los mapas de au “atlas” la Blaviana, para observar lo que fue el territorio de Armenia.

 

¿Le gustaría dirigirse a los armenios con motivo de la conmemoración del Centenario del Genocidio perpetrado contra su pueblo?

 

-El Centenario de un Genocidio es algo muy triste de conmemorar. Revela la falta de medios jurídicos para evitar los crímenes internacionales. Y esto significa que la humanidad, representada por las instituciones políticas internacionales, todavía no está dispuesta a alcanzar un previo consenso sobre aquello que más importa al género humano: la vida, la dignidad y el principio de no discriminación entre los pueblos. La lucha por el reconocimiento del genocidio armenio se alinea en esta misma lucha de toda la humanidad para que los estados atiendan las obligaciones contraídas en los tratados internacionales, entre ellas la de nunca atentar contra un pueblo con el fin de eliminar a un enemigo político. Que la gran patria de los armenios –la de su estado y la de su diáspora- nunca caiga en los vicios de los patrioterismos funestos y que preserve su alma como símbolo de prevención contra los crímenes internacionales y la barbarie.

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