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Redacción
Martes, 31 de enero de 2017
Editorial

Pedro Sánchez

[Img #14151]Soy socialista, sin apellidos. Mi padre era socialista que admiraba a Alfonso Guerra. Y mi abuelo fue socialista en la paz del hogar y pegando tiros contra su voluntad porque ingenuo de él opinaba que los españoles podían entenderse hablando, dialogando en la barra del bar o en el despacho del alcalde de Molina, que luego fusilaron.

Es lo que  nos cuenta Gabriel, un socialista de pura cepa, pero desconcertado. También es como su abuelo con el añadido de que es un personaje con mucha cultura política y experto del Banco Mundial encargado de hacer análisis confidenciales en zonas en peligro de guerra y hambrunas de siglos y siglos y por tanto un desencantado.

Ya es un escéptico que  vive en el estado perfecto de un alma opaca, si es que tenemos alma. O cabeza bien o mal amueblada, que es lo más probable. Pero sí sabe porque lo ha mamado, que la izquierda española tiene el reloj parado y anda dándose palos o dando palos de ciegos con otros compañeros, amigos o camaradas.

La guerra a muerte entre  el  radical Largo Caballero, el pragmático Indalecio Prieto y la figura insigne del humanismo de Besteiro, ya ni existen en este país de derrotados. Ni Pachi López, ni Pedro Sánchez ni por supuesto la andaluza Susana les valen para refundar un  PSOE y flotar en el siglo veintiuno. Todos ellos son mediocridades cuyos tentáculos se extienden por todo el territorio español como llaman ahora los podemitas a España. Aquí, para no ir más lejos, en la Región de Murcia, en donde lleva más de veinte años gobernando la derecha caciquil e investigada, desde las bases del pesebre a la cúpula de yate de lujo o de alcalde que no saca ni un jodido euro de los tres cajeros a su disposición. Eso si que es ahorrar, señor periodista, dice el indignado, cabreado y desorientado socialista, todo un personaje de caballerosidad andante y con la lámpara de Diógenes buscando al líder que haga levantar el vuelo al histórico PSOE, que quieren rematar los grises de Pablo, que busca una calle guerrillera para llegar a La Moncloa y si es posible, que si, quizás, no a la Zarzuela sino al Palacio Nacional populista. Y si llegara el caso, eliminando a Errejón y sus admiradores estoicos, aguantando el tipo, porque para este joven la democracia, el pueblo y el país es anterior al negocio del partido, que es lo que no le explicaron los chavistas o el neo comunismo llamado ahora o disfrazado de populismo, el nuevo movimiento internacional de la extrema derecha o extrema izquierda, los salteadores de caminos, que en los trágicos años y gobiernos de  Lenin , Mao y Stalin, llevaron millones de cadáveres a las tumbas en dura competencia con los nazis, los fascismos y la autocracia militar dando golpes de Estado para elevar al pueblo a los cielos, propinándoles patadas en los traseros patriotas, sin consenso.

 

Ahora en España la izquierda sigue su trayectoria de siempre, dándole facilidades a los Aznares, a los  Rajoys o a las eléctricas del capitalismo salvaje instalados en la banca ( con sueldos de seis mil euros diarios iluminados con nuestras perras ),  cuyas raíces podridas por los políticos fueron las cajas de ahorros famosas, hasta que cerraron tras pagar al Banco Central Europeo unos sesenta mil millones de euros y hundieron en la miseria a millones de españoles.
 

Nos han sacrificado Zapatero,  Aznar y Rajoy y sus cortes regionales, desde que nació el Estado de las Autonomías y dieron a luz a los corruptos, la estirpe de los nuevos millonarios o los de siempre de toda la vida. Este es el escenario, y deberemos elegir, si el Estado de Derecho sigue sin funcionar correctamente como estos años, una disyuntiva. O voto a Pablo o votamos a Albert Rivera, el líder de ciudadanos si el dragón pepero, el antiguo PP hoy convertido en el ejército de Rajoy, no lo arrolla con sus blindajes económicos y la ayuda de los mercaderes con sus cañones que nos machacan, los medios de comunicación, los mejores mercenarios europeos, los mamelucos que masacraron al pueblo madrileño un dos de mayo. No negamos que Pablo Iglesias sea sincero, lo es, pero la kale borroka no es la solución. Tampoco negamos que Albert Rivera  sea un político guerrero, pero carece de un ejército en condiciones y estratégicamente situado con mejores generales regionales.

Lo de Numancia fue una resistencia numantina, pero ya hemos resistido hasta el agotamiento los españoles de las clases medias y trabajadora, caladeros de Cs. O se refuerza o tendremos que caer en una trampa vietnamita.
 

Stefan Zweig, uno de los escritores favoritos del mundo occidental, judío, entre diez, explicó como se desmoronó Europa de la manera más hórrida y tan  rápidamente, desde que Hitler inventó el populismo alemán, año 1933, hasta que estalló la guerra en 1939. Los analistas han llegado a la conclusión de que el polvorín voló cuando la mecha de la crisis del 1929 hizo imposible reconstruir el mundo posterior de la primera. Tambien el comunismo explosionó cuando el pueblo ruso moría de hambre en las calles.

Ya en el poder, morían en los gulags y en los campos de concentración aunque fueras comunista fundador, Errejón.Y no dudemos que Fidel Castro se quitó de encima al Che cuando el ideológo castrista se empeñó en suicidarse en Bolivia, hermosa la historia. Hasta el mismo Franco fue quitándose, uno a uno, a sus amigos de armas. Está escrito, y escrito puede quedar si el pueblo español, a estas alturas del drama que nos llegará por diversos caminos, entre ellos un separatismo envenenado, no es capaz de impedir  que nos encierren en otra edad oscura. Sí, el detonador, como en el pasado siglo, pudiera ser la resaca brutal de una crisis económica y social que emocionalmente nos lleve a un enfrentamiento frontal. Con caudillaje añadido gobernando una dictadura.

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