Esta es la carta de un estudiante
desencantado que desea transmitir su pesar y desmotivación ante el panorama
desolador que se le presenta en un país donde todo es cada vez más injusto; un
país “para ricos” donde el esfuerzo y la superación personal no tienen cabida
si no tienes un billete “de los gordos” en el bolsillo. No revelaré mi nombre,
obviaré presentaciones. No obstante, ya me conocéis: yo soy todos vosotros, un
estudiante del pueblo español. Con esta última sentencia no espero hacer
amigos, tampoco enemigos; con esta última sentencia sólo estoy firmando mi
propia carta de despido por anticipado, mucho antes de que alguien se digne a
brindarme una oportunidad para demostrar todo por lo que he luchado y las horas
de estudio y esfuerzo que he invertido.
Actualmente estudio en una universidad española que carga con una importante deuda económica en sus espaldas, aunque mayor aún es la deuda que está adquiriendo con sus estudiantes, truncando sus sueños y su futuro, y dificultando el acceso a algo tan básico e importante como es la educación. Pero la universidad no sólo está adquiriendo esta deuda con sus estudiantes: también con los profesores y con el desarrollo y la investigación. En España se está insultando a la docencia, al derecho a una educación digna y a la igualdad entre todos los miembros del corpus estudiantil. El barco se está hundiendo y quienes sólo ven a través del prisma de la avaricia, del poder y del dinero son incapaces de mostrar una actitud de progreso y contribución al bienestar que les lleve a actuar con menos intransigencia, inmadurez y egoísmo. A los de arriba no les importan los de abajo y en este país, desgraciadamente, no tenemos el don de la objetividad. Y digo esto porque en la actualidad prima el favoritismo más que nunca y los valores de un siglo que no es precisamente éste (y desde luego, este anacronismo no tiene nada que ver con una actitud romántica).
Esto que está sucediendo da qué pensar. Si quienes nos gobiernan recibieron la misma educación que nos están ofreciendo a las nuevas generaciones, yo, dentro de la ignorancia y la humildad que implica el ser joven e inexperto, podría llegar a entender por qué todo este tinglado está tan mal montado y las cosas funcionan así en este país. La realidad no es bonita e ideal como pudieran pintar en la teoría y sobre un papel; la realidad, sin ir más lejos, y en cuanto a lo que a los estudiantes respecta, es que estamos pagando cada vez más por una educación cada vez más deficiente e incuriosa. Quieren subir las tasas y las matrículas son más caras, limitan el acceso a las becas y reducen su cantidad; despiden a muchos profesores a cuya docencia tenemos derecho y les privan a ellos de un sueldo digno tras muchos años de trabajo. Laboran en contra de la igualdad pidiendo condiciones diferentes para los extranjeros que desean estudiar en las universidades españolas e implantan un plan Bolonia que no se sostiene porque es inviable en un país como el nuestro (dada nuestra situación económica y la mala gestión que se hace del dinero público).
La consecuencia de todo esto es que me encuentro ahora en un aula masificada donde me es imposible aprender en condiciones óptimas porque los profesores no dan más de sí mismos debido a que cada vez son menos y sí demasiados los alumnos a los que hay que atender. Así, por ejemplo, no siempre tengo mis prácticas corregidas y por tanto se me dificulta la posibilidad de conocer el fruto de mi trabajo y subsanar errores de cara a un examen. Las prácticas y todo lo relacionado forman parte de aquello que debe aparecer en un papel por escrito para fingir que todo está bien, para que conste que se está haciendo lo estipulado, aunque la realidad diste tanto de ese ideal. Los alumnos estamos desbordados con trabajos que deben constar en acta y los profesores desbordados con trabajos que no pueden corregir pero que también deben constar en acta. ¿Y todavía quieren reducir más la plantilla? ¿Y encima yo tengo que pagar más por una pseudoeducación como ésta, por una falacia en toda regla, que debe obedecer a un supuesto plan Bolonia que es sólo el reflejo de lo que debería ser? No, gracias. No es ésta la educación que yo quería para mí y tampoco es la educación que quiero para los que vendrán.
Como a mí, os sucederá a muchos de vosotros. Mi padre tiene unos cincuenta años y lleva tres meses y medio sin cobrar. La empresa tiene intención de despedir a bastantes trabajadores y ya sería un milagro que él se salvase. Este hombre nació en una época donde era muy difícil estudiar, así que empezó a trabajar desde niño y nunca obtuvo títulos ni se graduó en ninguna ciencia o humanidad. Mi madre cobra un mísero sueldo por invalidez. El sueño de ambos ha sido siempre pagarme la carrera que ellos nunca pudieron tener, así que ahora están intentando llevar acabo esa odisea mientras alimentan la boca de mis dos hermanos. Ante esta situación lo coherente sería que yo trabajara para poder mantenerme y concluir así mis estudios... Pero no hay trabajo y encima son pocas las oportunidades para personas sin experiencia previa que desean aprender y buscarse la vida y salir a flote. Estas personas con poca experiencia o sin ninguna experiencia laboral son, por lo general, jóvenes y estudiantes.
¿Cuál es el futuro del estudiante español de clase media o media-baja en un país cada vez más elitista donde la educación se está privatizando, en un país donde están siendo excluidas personas con talento y ganas? ¿Cuál es nuestro lugar aquí si nos está echando a patadas un régimen gubernamental que parece sacado de la Edad Media? En España, y más concretamente en nuestras universidades, el esfuerzo no está premiado, el talento no importa, las ganas tampoco. Nadie va a apostar por un estudiante si éste no dispone del dinero suficiente; y si lo tiene para costearse una carrera sin ayuda, si ni siquiera necesita una beca o si tiene la caradura de estafar al Estado para conseguir una, será bienvenido al monopolio de la universidad española. No importa que sea un zoquete o un inepto, no importa cuántos años dedique a saquear el bolsillo de sus padres estudiando en la universidad mientras se pega la fiesta los jueves. No importa que la obtención de un título se la traiga floja. ¿Tiene dinero? Welcome home.
La educación española está en declive y cerca del colapso y esto, ni es un secreto, ni es novedad. Nos ofrecen una educación deficiente a cambio de más dinero; no importan ni el talento ni la iniciativa. Y si somos borreguicos y podemos seguir siéndolo, acataremos todo cuanto propongan y pagaremos sin rechistar todo cuanto “los de arriba” impongan. Me gustaría afirmar ahora un decidido “pero se han equivocado”, mas no sé qué decir. Y es que el otro día acudí a una de las manifestaciones estudiantiles que se están sucediendo en mi ciudad y había muy pocas personas en comparación con las que yo creía que debía haber. La mayoría estaba en clase o en la biblioteca, lo cual me pareció muy respetable porque todo el mundo tiene derecho a estudiar y a que no perturben el desarrollo de esta actividad. Pero, qué queréis que os diga: me sentí decepcionado porque yo también tenía tareas que hacer y mucho que estudiar por lo cercano de la época de exámenes. Yo pensaba que quienes estábamos en la manifestación aquella tarde entraríamos en la biblioteca del campus e instaríamos a todo el mundo a que saliera a la calle y defendiera sus derechos; pensaba también que los alumnos se negarían a recibir clase y que habría más profesores entre nosotros en la manifestación. Pero no; no estaba ni la mitad de la universidad en la calle. Tras estar una hora en la manifestación y con mucho pesar, volví a casa bastante desesperanzado.
El otro día una señora vagabunda me pidió dinero (como viene siendo habitual en una ciudad). Sólo pude responderle algo que intuyo se va a convertir ahora en un credo: “No puedo. Soy estudiante”.