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El joven P
Hace unos años conocí la historia del joven P; paciente de
esquizofrenia que llevaba una vida normal fuera de sus episodios en donde sus
padres le ingresaban por cortos periodos. Pero en una ocasión en el hospital se
pasaron en la medicación de esta que llaman neuroléptica que son camisas de
fuerza químicas y sabiendo los médicos que toleraba mal el risperdal, que ese
era el nombre del medicamento, le inyectaron una sobredosis. Parece que el
antecedente fue que el chico se puso agresivo y agredió a un sanitario y salió
el lado más cruel de la temible psiquiatría hospitalaria. Nunca volvió a
persona. Le anularon la razón para siempre. Hoy vegeta en espera de la muerte
liberadora y de un pleito de daños puesto por sus padres contra la mala psiquiatría
del estamento público. Como no hay justicia los culpables vagan ufanos y
libres, reos futuros de la justicia natural o divina, pues de esa no escaparán.
El señor C
Y hace solos unos días se cruzó en mi camino la historia del
señor C; como el personaje central de "El proceso" de Kafka,
hallábase C apaciblemente en su casa del centro de Murcia cuando en ella se
personaron unos policías; el delito cometido es que la familia, compuesta por
la ex, y algunos hermanos, todos ávidos de salvarle de la ardua tarea de
administrar sus muchos bienes de fortuna para garantizar una buena herencia a la
parentela (y que no se beneficie en demasia la novia brasileña de C) habían
acudido a una psiquiatra de un hospital murciano (al parecer conocida de ellos)
diciendo que estaba agresivo, que fumaba porros, que pasaba muchas horas
delante del ordenador, motivos estos de suficiencia para que la policía venga a
tu casa sin orden judicial alguna a sacarte y poner tu libertad y todo tu ser
en manos de un médico cuya preocupación dista de ser la salud mental del
paciente sino más bien la comodidad o el interés de la familia a la que
favorece. En fin que el señor C fue conducido a la fuerza al Román Alberca,
"al Palmar" y allí un psiquiatra de apariencia amable pero móviles
extraños u oscuros, le tiene encerrado a la fuerza, bajo medicación de estas
que aplacan a cualquiera, a pesar de que C habla y razona con normalidad (bueno
hasta que la medicación le ha hecho más lento el pensar y expresarse que si no
estás loco ellos se encargan de convertirte). La psiquiatria puede ser un mundo
siniestro, en ella tener altibajos de ánimo se llama "trastorno
bipolar" y con eso ya te pueden enclaustrar contra tu voluntad, si estás
de mal humor o tienes puntos de manías, te dirán entonces "fase
maniforme" y con esas palabrejas te crucifican en total impunidad, pues
aunque la ley dice que la Justicia supervisa esto, la realidad es que la
Justicia la componen personas buena parte de las cuales, por cierto, no son
dignos servidores de ella y los más son cooperadores con el estatus quo y los
abusos de poder que siempre se resume en darle la razón al más fuerte, algo que
Cicerón llamaba "el derecho de las bestias". Pero pese a las
apariencias a todos le llegará su hora, la de la responsabilidad y la justicia.
La honorable familia de C
La honorable familia del señor C tiene miembros vinculados a
la Obra de Dios, el Opus, esa secta que adora a los crucifijos, a la pasta, las
influencias y el poder. Y esta Obra que de Dios tiene poco y es más bien
diabólica, posee tentáculos que se infiltran en todo lo institucional,
sospechosamente según yo me barrunto en el poder judicial también.
C se divorció de su ex firmando una pensión mensual para
ella de 10 mil euros, un reparto de gananciales euro-millonario, pero a ella y
a los hijos esto le debe de parecer poco y les interesa que papá no haga uso de
su libertad de administrar su dinero como mejor le plazca como es propio de
toda persona libre. Así que esta familia intoxicada de codicia por los bienes
del pariente utiliza sus influencias logrando poner el manicomio su servicio,
es de sospechar que como instrumento preparatorio de una demanda para
incapacitarle y erigirse ellos, los carceleros y enemigos de C, en guardianes
vitalicios de los bienes del prisionero a quien quieren hacer volver a los
tutelados tiempos de la infancia.
Hospital de doble rasero
El caso es que mucha familias sufren la convivencia con un
pariente que sufre verdaderas crisis de enajenación, de episodios de violencia
donde el enfermo se vuelve absolutamente intratable y resulta realmente
peligroso, pero, amigo, entonces, en esos otros casos verdaderos resulta
dificilísimo por no decir imposible que ese mismo hospital público que acoge
con tanta generosidad a un hombre que no necesita internamiento forzoso, abra
sus puertas para esta otra clase de paciente, sin parientes ricos e influyentes
tal es la verdadera realidad del principio de que la ley es igual para todos.
Los ingresos coactivos son selectivos, solo para recomendados y víctimas del
caciquismo.
Psiquiatras para ser examinados
Me gustaría a mí saber que se esconde bajo el aspecto amable
de algunos psiquiatras que toman estas aberrantes decisiones de mantener con
empeño al paciente preso para saber si no ocultan ellos mismos psicopatologías
de dominación disfrazadas o enmascaradas, que se alimentan gozando del
sufrimiento y la angustia vital que infligen a estos pacientes forzados
erigidos en sus víctimas propiciatorias. Sadismo psiquiátrico, una patología
que ellos se han encargado de que no figure en la lista porque ellos mismos la
han creado como experimento de laboratorio.
Desde luego es necesaria una reforma legal de esta materia
para impedir estos abusos horripilantes.
Del manicomio se sale loco
Además, es un hecho de observación elemental que estar en el
manicomio a la fuerza en estas circunstancias es una experiencia como para
salir loco de ella. El hospital se erige en factor destructivo de primer orden
del equilibrio psicológico y la salud mental de la persona. Los que se
presentan como salvadores vienen en realidad a liquidar la salud psicológica. Y
todo esto ocurre en los servicios públicos sufragados con el dinero de todos y
sin sanciones en la más completa impunidad, ya que forenses y jueces no cumplen
su papel "los tienen dominados".
Pone los pelos de punta saber de la existencia de estas
historias que son reediciones de la película "Alguien voló sobre el nido
del cuco" en donde la disidencia del paciente se pagaba con irreparable
crueldad del estamento manicomial.
El remedio, un nuevo 14 de julio de 1789 encerrando a los
psiquiatras y soltando a los enfermos
La realidad política y social avanza a pasos cada vez más rápidos hacia un estado convulsivo de la sociedad, hacia un episodio revolucionario con un previsible estallido social donde no habrá policía para controlar a tanta gente. Si llega un nuevo 14 de julio alguien se encargará de tomar esta Bastilla, soltar a los prisioneros y encerrar a los psiquiatras carceleros y a sus cómplices, aplicándoles su misma medicina. Como no existe justicia institucional el pueblo finalmente tendrá que tomársela por su mano. El tiempo es circular y vuelven Robespierre y la Revolución.