El presidente del Consejo General del Poder Judicial (CGPJ) y del Tribunal
Supremo, Carlos Dívar, ha presentado este jueves su dimisión del cargo,
convirtiéndose en el primer presidente del Poder Judicial que abandona su cargo,
han confirmado fuentes de este órgano.
La decisión es consecuencia de la polémica suscitada a raíz de conocerse que
su presidente, Carlos Dívar, cargó a los presupuestos de este órgano parte del
coste
de una treintena de viajes que realizó en fines de semana por valor cercano
a los 28.000 euros.
Como todos esperaban, Dívar comunicó su decisión a los 20 vocales nada más
comenzar el Pleno, y de ese modo hacía pública la decisión "rotunda y
contundente" que anunció
el pasado sábado, cuando quedó paralizado el Pleno en el que iba a pedirse
su cese.
A partir de la publicación de la dimisión de Dívar en el BOE, el CGPJ
pasará a ser presidido en funciones por su hasta ahora vicepresidente,
Fernando de Rosa, de tendencia conservadora. En el Tribunal Supremo el
puesto de Dívar será igualmente en funciones para el presidente de Sala más
antiguo, en este caso Juan Antonio Xiol Ríos, considerado progresista
moderado.
Una vida en la justicia
Carlos Dívar, que cumplirá 71 años el próximo mes de diciembre, comenzó su
carrera jurídica ejerciendo como magistrado en distintas localidades como
Castuera, Durango, Orgaz y San Sebastián. En 1980 fue nombrado titular del
Juzgado Central de Instrucción número 4 de la Audiencia Nacional, donde fue
designado como presidente 21 años después, en 2001.
Dívar mantuvo este cargo hasta su nombramiento como presidente del Tribunal
Supremo y del órgano de Gobierno de los jueces en septiembre de 2008, puesto
para el que fue elegido por unanimidad por los veinte vocales del CGPJ.
Propuesto por el entonces presidente del Gobierno José Luis Rodríguez
Zapatero, su figura fue calificada en una declaración institucional avalada por
los vocales como la "persona idónea para generar confianza y consenso en el
órgano de gobierno de los jueces".
Los vocales destacaron en aquel momento los méritos y cualidades que concurrían en su persona, especialmente su condición de jurista de Estado y su idoneidad para presidir el Tribunal Supremo y el órgano de gobierno del Poder Judicial para que éstos tuvieran "eficacia" y gozaran "del prestigio y de la credibilidad necesarios entre los ciudadanos".
Cada mañana me sale al paso una tristeza. Cada mañana se
rinde alguna buena persona que lo está pasando fatal. Cada día me aborda el
desasosiego de un amigo o conocido o desconocido, que no sabe cómo apaciguar su
infierno.
8