Resulta paradójico que un personaje como el obispo de
Alcalá, que tanto daño ha provocado a los miembros más vulnerables de las
familias con sus terapias para curar la homosexualidad, haya sido elegido como
“defensor de la familia” e invitado como tal al Congreso Mundial de las
familias, celebrado recientemente en
Madrid. Reig Plà es responsable de la
ruptura de un número incalculable de hogares debido a su postura fanática
contra cualquier tipo de familia diferente del modelo tradicional.
De este modo, este foro de debate ha transformado a nuestro
país en una plataforma de lanzamiento a nivel internacional de ideas
ultraconservadoras y desfasadas contrarias
al concepto moderno de familia aceptado por la mayoría de la sociedad en la
actualidad. En el caso de nuestro país la ciudadanía española es
afortunadamente más avanzada y respetuosa que
la imagen distorsionada, que en
el exterior estamos dando por culpa de un sujeto como el obispo de Alcalá
Una vez más se ha puesto en evidencia la connivencia entre
la jerarquía eclesiástica y la cúpula del Partido Popular,
unidos en una cruzada para conseguir a cualquier precio un retroceso de las
conquistas logradas en la lucha por alcanzar la igualdad legal y real bajo la
presidencia de Zapatero.
Una de las consecuencias más graves de esta complicidad
consiste en el desprestigio, que supone para nuestro país, esta actitud de
intromisión permanente de la jerarquía católica tolerada por la administración
pública en manos del PP. Situación de privilegio aprovechada para proclamar
públicamente en una esfera, que no es de su competencia, en este caso, en unas jornadas organizadas por una comunidad
autónoma, sus postulados opuestos al marco legal vigente con la pretensión de
imponer criterios estrictamente pertenecientes a la moral católica.
No podemos consentir que el fundamentalismo dominante en la
Iglesia Española, se valga de la libertad de expresión garantizada por nuestra
Constitución, para convertir en pulpitos los actos de difusión masiva y los
espacios abiertos a toda la ciudadanía para divulgar su ideología restrictiva,
limitadora de las libertades individuales y colectivas. Concediendo un
protagonismo inmerecido a un oscuro
personaje, con un pasado altamente cuestionable como para venir a darnos
lecciones de moralidad, cuyo único merito pasado y presente es destrozar la
personalidad de todos aquellas victimas
inocentes, que de forma incauta caen en la tela de araña destructiva, que es lo
que son en realidad las terapias mal llamadas “reparadoras” de la
homosexualidad.
Las personas ingenuas, que caen en manos de estas redes,
cuyo funcionamiento es propiamente el de
una auténtica secta, son utilizadas como cobayas de laboratorio, puesto que se
investiga con ellas diferentes técnicas psicológicos
sin resultado positivo alguno. Tratamiento cuya única y verdadera consecuencia
consiste en la frustración permanente, que provoca verse forzado a vivir
improvisando una orientación sexual, que no es la suya y que sólo genera
insatisfacción en la persona, que la sufre e infelicidad en su entorno
familiar.
Resulta realmente gracioso, sino fuera penoso y
contradictorio, que una institución, que presume a los cuatro vientos de
liberadora y que defiende a capa y espada su derecho a ejercer la libertad de
expresión, coaccione y presuma de ello esa misma posibilidad a todos aquellos,
que no piensan o actúan conforme a sus castrantes preceptos.
Por ultimo no me quiero despedir de mi amada y jerarquizada Iglesia Católica Apostólica Romana sin recordarle que mi derecho, el suyo y el de todos a pronunciarnos abiertamente sobre realidades, ya sea a favor o en contra, que afectan a los demás, termina donde empieza la obligación a respetar la dignidad y los derechos de todos y cada uno de los ciudadanos, garantizada a todos los niveles por el marco legal en vigor.