Fecha:
Lunes, 16 de julio de 2012 a las 16:20
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Si el Presidente de España, después de incumplir sus promesas electorales a manos llenas, y declarar públicamente que su Gobierno no tiene capacidad de decisión, y que sólo gestiona las órdenes que vienen de Europa con Alemania a la cabeza, no dimite, significaría que la hipocresía y el cinismo se han instalado en una de las habitaciones de Moncloa.
Es cierto que la trayectoria política del Sr. Rajoy está marcada por el engaño, los hilillos de chapapote le perseguirá el resto de su vida pública, pero las líneas rojas que está pasando día si y día también, parecería más a un kamikaze, que a un estadista, pero la realidad es bien distinta, está implantando su programa ideológico neoliberal.
Lo mejor que nos podría pasar a los españoles, es detener a este individuo antes de que siga destrozando España. Si sigue al frente, terminará siendo el máximo culpable de la confrontación social que puede aparecer en cualquier momento. El movimiento ideológico que él, mejor que nadie representa, tiene ahora puesto el punto de mira en dos grandes objetivos, privatizar el sistema público de pensiones, y dar más poder a los empresarios a través de las Mutuas, dándole el poder de la gestión de la salud a través de controlar las enfermedades comunes.
Si no hacemos como dice la canción ‘Que lo detengan, que es muy peligroso’, dentro de uno o dos años, este país sufrirá transformaciones tan importantes que nos llevarán a la quiebra social, esto ni genera empleo, ni crea confianza y muchos menos, nos sacará de la crisis.
Nadie en Moncloa, ni sus ‘barones’ territoriales, es capaz de darle un cocotazo a este tipo y decirle la que está liando, no se dan cuenta que lo único que está consiguiendo es que el consumo interno siga cayendo por un precipicio que parece no tener fin, y que este país, sin consumo se derrumba, ya que como él mismo decía cuando era oposición: ‘España es un país que vive gracias al pequeño y mediano comercio’, y se lo está cargando.
Y encima, tiene la desfachatez de hablar de patriotismo para hacer frente a este brutal atentado económico, cuando es el primero en amparar y encubrir a sus ‘amigos de toda la vida’ como Rato y compañía.
Pero si Rajoy debería dimitir, aunque fuese sólo por higiene democrática, lo de los diputados populares aplaudiendo a su jefe mientras anunciaba los recortes, es para orinar y no echar gota, una cosa es tener poca vergüenza, y otra cosa es esto, por que lo de la hija de Fabra, el ciudadano modélico como declaró Rajoy sobre el padre, ¡manda huevos!, es de juzgado de guardia, y por favor, no insulten la inteligencia de los españoles diciendo que se trataba de mostrar su apoyo al Presidente sumiso de Alemania y ideología neoliberal.
Los empleados públicos tendremos que aprender a vivir sin la mal llamada ‘paga extra’, lo que representa un 7% medio de salario anual, así que habrá que poner a trabajar la imaginación para intentar salir adelante.
De momento Papa Noel puede ir haciendo sus maletas y largarse a Finlandia, Alemania y Holanda, este año, se desvelará el secreto de los Reyes Magos a la edad de los tres años, el amigo invisible será tan difícil de ver que seguramente desaparecerá, la comida de navidad, las que se hagan, será con menús de diez o doce euros, los regalos se convertirán en detalles, y los grandes almacenes no llamarán a nadie para trabajar en esas fechas puesto que no habrá clientes.
Si Rajoy iba a sacarnos de la crisis, lo está haciendo, pero por la puerta de atrás. Sólo me queda una reflexión por hacer: ¿Si los empleados públicos hubiéramos apoyado masivamente la última huelga, se hubieran atrevido a quitarnos la paga extra de navidad?.
Nunca se sabrá esta respuesta, pero estoy seguro que si seguimos sin hacer nada de forma masiva y conjunta, la siguiente hostia está a la vuelta de la esquina.
Por eso, el sindicato CSIF, respetando su independencia, creo que ha vuelto a equivocarse convocando unilateralmente una huelga general en el sector público, y pidiendo a los demás que se sumen a su iniciativa. Es un mal comienzo, pero los empleados públicos estamos ya acostumbrados a la desunión. No me extraña nada que Rajoy y sus chicos estén tan contentos con ciertas organizaciones.
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