“Y los grandes propietarios, los que deben ser desposeídos
de su tierra por un cataclismo, los grandes propietarios con acceso a la
historia, con ojos para leer la historia y conocer el gran hecho: cuando la propiedad
se acumula en unas pocas manos, acaba por serles arrebatada. Y el hecho que
siempre acompaña: cuando hay una mayoría de gente que tiene hambre y frío,
tomará por la fuerza lo que necesita. Y el pequeño hecho evidente que se repite
a lo largo de la historia: el único resultado de la represión es el
fortalecimiento y la unión de los reprimidos.”
Párrafo extraído del libro Las uvas de la ira de John
Steinbeck
¿Hay que sacrificar la economía del 90% de ciudadanos, para
salvar la del 10% de los privilegiados?
Esta pregunta me la hice hace unos meses, allá por el año
2011 cuando se oían tambores de “guerra”, perdón, quiero decir de crisis
(nombre en el que ha venido a caer el citado antes de éste). Ahora, en el siglo
veintiuno la “guerra” ya no se hace, ni se define del mismo modo que en el
siglo pasado; todavía quedan algunos conflictos armados que siguen
denominándose como “guerra”, pero, mal me temo, que la palabra en sí: “guerra”,
va a ir desapareciendo de nuestro vocabulario y en el lugar que le corresponde a
ésta irá apareciendo otra con cierto matiz que suaviza en sí el concepto
definitorio, no el acto, de la misma, y digo que ésta será sustituida por la
palabra “intervención” cuando se trata de un conflicto bélico, y “crisis”
cuando se trata de un conflicto económico. Que tanto uno como otro van unidos,
eso ya lo sabemos, tanto el conflicto bélico como el económico son
enfrentamientos entre dos o más partes cuyos intereses están en juego. En el
primero se aplican medidas basadas en el aniquilamiento mediante el uso de
armas de la parte “contraria” o parte “enemiga”; en el segundo de los casos, se
aplican medidas económicas (expoliando todo lo que es público), y dejando a la
ciudadanía en condiciones de precariedad absoluta, para, si no aniquilarla del
todo, oprimirla en la medida de las necesidades del que genera el conflicto, en
este caso, como ya sabemos, el lobby que controlan la economía mundial.
El haber encabezado el artículo con ese párrafo del libro Las
uvas de la ira de Steibeck, ha sido para dar una idea de lo que va a ocurrir si
el capitalismo sigue actuando del modo que lo está haciendo. Pero no seamos
ilusos, ni ingenuos, el lobby capitalista ha aprendido mucho desde que iniciara
su proyecto de control total, allá por los albores del siglo veinte. Muy
estúpido tiene que ser uno para no saber que todos los conflictos bélicos que
hubo en el siglo veinte fueron financiados por esos lobbys que se lucraron de
los mismos, a pesar de que los réditos fueron a costa de sacrificar más de
treinta millones de personas, solo en Rusia murieron veinte millones, más los
que se contabilizaron en Alemania, España, Italia, Yugoslavia, sin contar los
de África, Oriente Próximo, y no digamos si contamos además los muertos en
Latinoamérica etc. En fin, que el capitalismo tiene las manos manchadas de
sangre, y de mucha sangre inocente, y no se ha llevado a sus responsables a
Tribunal de la Haya alguno, más que nada porque es el mismo lobby el que
gestiona, no solo este organismo, sino el resto de los creados para otorgarle
una cara buena al sistema capitalista, que como ya sabemos, es atroz, y está
desprovisto de escrúpulos, y tiene la capacidad de arrasar cualquier régimen
que se le enfrente y le haga la vida imposible, o al menos lo intente.
¿Cómo se puede sanear la economía estrangulando la economía?
Esta pregunta quizá la sepa contestar un experto en economía, yo, como habrán
descubierto, no soy tal experto, pero lo evidente no es necesario que lo
analice un experto, sino, quizá, el sentido común que cada uno tiene y pone en
este hecho.
Tenemos aquí dos preguntas a las que queremos buscar
respuesta, la primera es si realmente el 90% de los ciudadanos deben “sacrificarse”
para salvarle el culo a ese 10% de privilegiados ricos, malversadores,
estafadores, y ladrones que desfalcan y nos roban llevándose el dinero de todos
a paraísos fiscales; y la segunda es también evidente, si el nivel adquisitivo
de los ciudadanos baja, cómo se va a incentivar la economía a través del
consumo (dios del capitalismo).
Hay muchas más preguntas:
¿Cómo se puede convencer a un ciudadano que está viendo cómo
pierde todos sus derechos, cómo su nivel adquisitivo se va a la mierda, cómo se
le arrebata el estado del bienestar y se le relega a la categoría de esclavo,
de que todo esto está ocurriendo por su culpa, y que las medidas adoptadas y
que se adoptarán son por su bien?
¿En qué cabeza cabe que a uno le ahorquen y le digan que es
por su bien, y uno mismo se ponga la soga al cuello, ahorrándose el verdugo?
¿Hemos perdido el sentido común, hemos perdido nuestro
sentido crítico, nuestra capacidad de sopesar, de poner en duda, de revelarnos
contra la imposición, contra el dogma?
¿Qué es la crisis? Según mi criterio es el dogma del
capitalismo, lo mismo que dios fue durante siglos el dogma de la iglesia,
ahora, al desaparecer dios como tal, aparece otro dios, si no de las mismas
proporciones sí con las mismas intenciones, y la crisis no es otra cosa que la
palabra que ha venido a sustituir no solo a la palabra guerra, sino a la
palabra dios.
La iglesia usa la palabra sacrificio como argumento para
justificar sus mentiras, y para esclavizar a sus fieles con la promesa de que
si se sacrifican alcanzarán, tras su muerte, el paraíso; los políticos
(herramientas usadas por los lobbys capitalistas), usan también la palabra
sacrificio pero en lugar de prometer el cielo, prometen la bonanza en tiempos
futuros: después de haber pasado hambre, cualquier limosna será un logro.
Mientras tanto, nos van acotando todas las parcelas, las
calles se llenan de policías alegando motivos de seguridad ciudadana (cuando
esta policía golpea a la ciudadanía si se sale del camino establecido para
llegar al matadero), las personas recelan unas de otras, la solidaridad cae 567
puntos en picado con la puta madre de la prima de riesgo, todo se legisla y
todo movimiento contrario se criminaliza. Un ciudadano de hoy, si no sigue las
pautas, es perseguido, apaleado y criminalizado, solo los borregos “de buena
voluntad” esos “ciudadanos de bien” son los que gustan al gran monstruo, los
silenciosos, los conformistas, los gregarios, los desposeídos de espíritu, los
mansos, los que no son capaces de decir esta boca es mía para denunciar al que
los oprime, y sí son capaces de apalear al que lucha por liberarlos.
Ese es el mundo en el que no me gustaría que vivieran mis hijos, por tanto, hago lo que puedo dentro de mis posibilidades usando las únicas herramientas que sé usar: las palabras. De todos nosotros depende que esto cambie a mejor o vaya a peor. Así que mi “sacrificio” no lo haré para salvarle el culo a esos déspotas y sátrapas que manejan los hilos del mundo, mi sacrificio lo hago en favor de los ciudadanos, de mujeres, hombres y niños que son, somos, ese 90%, y que se entere ese 10%, somos más y no permitiremos que nos avasallen, nos humillen y pisoteen.