Solamente voy a necesitar un folio, unas quinientas palabras
aproximadamente para hacer un análisis de la realidad murciana convertida en un
campo de minas para su millón y medio de murcianos jodidos por la política de
uno de los hombres más nefastos de los últimos cincuenta años de vida regional.
Ramón Luis Valcárcel, rodeado de sus leales, compinches y
familiares, tomó la valiente decisión de trazar la estrategia de su huida de la
Comunidad Autónoma. Juan Bernal, presente en la reunión en la cumbre, fue esta
vez sincero y le hizo un pronóstico aproximado del inmediato hundimiento de
Murcia. Necesitarían aproximadamente unos ochocientos millones de euros para
evitar el derrumbe de un edificio nacido como una teta emergente en la que
deberían chupar todos los cómplices. Misión imposible.
Aquello tenía todas las trazas de un problema insoluble aunque se inventaran
decenas de historias de un resurgimiento ficticio, y esgrimir el argumento
saduceo de que la culpa, de toda la culpa del desastre murciano era La Moncloa
vestida de rojo socialista.
La crisis había estallado. Hace tres años, cuatro meses y
veinte días, a bordo del hermoso barco de Antonio Sánchez Carrillo. Y allí
surgió la hermosa idea de buscarle una salida gloriosa a Ramón Luis Valcárcel
Siso. Y la idea fue prepararle una huida hacia la Bruselas de la Europa
casquivana, vieja ramera de la cultura romanizada y de la Logia P-2 que tan bien
marcha con los italianos, especialmente el presidente del Banco Central
Europeo.
El primer objetivo sería el Consejo Europeo de las Regiones, objetivo ya
logrado que le supone unos buenos ingresos y una plataforma de mayor promoción
política. Detrás dejaría a Juan Bernal como sucesor porque de Miguel Angel
Cámara no se fiaba ni se fía, porque es el más listo de entre ellos.
La tercera iniciativa sería plantarle cara a Rajoy, a quien
pone de vuelta y media en sus conversaciones más íntimas, como reveló hace un
mes y medio el valcarcito José Antonio Ruiz Vivo, gendarme supremo de la
guardia pretoriana que vigila a los enemigos del clan Valcárcel, quien se deja
querer por los que dicen soto voce que Rajoy es buen ministro pero no un buen
primer ministro, todos ellos ansiando la vuelta de José María Aznar, el viejo
zorro que atiende la parra del partido popular. Juan Ramón Calero lo ha escrito
entre líneas. O eso me figuro.
Estamos en el tramo final con la llegada del rescate que ha
pedido el gobierno regional asfixiado por la soga que cuelga de los arcos del
Palacio de San Esteban. Pero falta el rescate urgente y necesario de rescatar
la ética política y la moral de un partido silencioso que silba mirando al
cielo esperando que llueva, pero el tiempo no está para estos milagros porque
Dios es infinitamente sabio, y juzga que esta es una pandilla de indecentes que
más o menos pronto deberían ser sentados en el banquillo. Con esposas
incluidas. No soy tremendista, es que a la vista del daño que han hecho no se
merecen otra salida más justa. Claro si hubiera Justicia en la Murcia de la
España destrozada por diecisiete comunidades autónomas que no merecen la confianza
del mundo internacional de las finanzas, porque son un peligro viperino tanto
para la nación que las inventó que para
los países que deben ayudar. La desconfianza es completa, total e inmisericorde.
Ya llueve chuzos de punta en vez de euros. Los mensajes los hemos entendido
casi todos, pero no ésta casta política que logra sacar sus mejores dividendos
para sus bolsillos, y mira para otro lado, se hace la sorda y dice ese refrán
de dame pan y dime tonto de culo. Así de taxativo. Eso sí, nosotros queremos
que se vaya el sátrapa. Y hemos sacado el estoque para que lo maneje la opinión
pública si es que está despierta y desintoxicada. Ya es hora.
NOTA DEL AUTOR. Mientras escribía el anterior artículo de análisis y opinión me
entero del fallecimiento del gran político, jurista y persona GREGORIO PECES
BARBA. Lo conocí personalmente y siempre me llevé una grata impresión. Fue una
fuera de serie. Mantuve numerosos contactos con él durante el Proceso de Burgos
en el que se juzgó a la cúpula de ETA, allá por la década de los setenta, siendo
yo director del diario LA VOZ DE CASTILLA.
La defensa que hizo de los imputados me causó un fuerte impacto emocional, por su equidad, su equilibrio y su repugnancia por la violencia. Siempre destacó por su moralidad y ética política, tan necesaria hoy, demostrando un gran poder de consenso en aquellos fecundos años de la Transición, violada constantemente por los últimos gobiernos populares y socialistas. Destacó al frente de la presidencia de las Cortes Españolas por su capacidad de ponderación y diálogo. Hasta la próxima, Gregorio Peces Barba.