Decía
un viejo profesor de sociología que en la España de Quevedo el sueño de los
pobres era disfrutar algún día del ocio de los nobles. Esta distancia entre las
manos ásperas de la pobreza y las capas distantes de la corona es la que siembra
la indignación popular con las prácticas de la realeza. Es precisamente la caza
de elefantes y el aniversario de la República, los fenómenos que invitan la
crítica de izquierdas a reflexionar sobre el rol de la corona en el país de la
espinas. Con el chiringuito patas arriba y los ánimos colectivos por los suelos,
es de recibo que el pueblo del desempleo sienta su enorme frustración entre
estrellas y estrellados.
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