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Tres reformadores olvidados que desafían la imagen de un ejército español anclado en el pasado

by Paula Gutiérrez
19 de julio de 2026
in Historia
Tratado militar del siglo XVIII abierto sobre un escritorio de roble con mapa táctico, pluma, compás y vela encendida

Un tratado militar de la época borbónica, anotado a mano, evoca el espíritu reformador de los oficiales ilustrados que buscaron modernizar el ejército español desde el estudio.

«Es forzoso que confesemos que nuestra España va siempre un siglo atrasada», escribió José Cadalso en 1790. Esa sentencia resumía lo que durante generaciones se daría por cierto: que el ejército de la Monarquía Hispánica era un contingente obsoleto, ajeno a los avances que transformaban Europa.

La imagen ha perdurado. Pero un nuevo libro de historia militar la pone seriamente en entredicho.

El mito del ejército español atrasado

La cita de Cadalso no era solo una queja literaria. Durante generaciones funcionó como diagnóstico definitivo: el ejército borbónico era una institución incapaz de adaptarse, condenada a observar el progreso europeo desde la distancia. El colapso de 1808 ante las tropas napoleónicas pareció confirmar el veredicto. Si España cayó tan rápido, el argumento era sencillo: su ejército no estaba a la altura.

Esa narrativa simplifica demasiado. Pólvora y bayonetas, publicado por Desperta Ferro y escrito por el historiador David A. Albián Cubillo, propone una lectura distinta. No fue un ejército perfecto, reconoce el autor, pero sí una institución atenta a lo que ocurría fuera de sus fronteras y sometida a reformas constantes. La debacle de 1808 tuvo causas políticas y económicas complejas. Reducirla a atraso militar es, cuando menos, inexacto.

La guerra como ciencia: el cambio de paradigma del siglo XVIII

El siglo XVIII transformó la forma en que Europa concebía la guerra. La Ilustración no se limitó a las artes o la filosofía: también llegó a los campos de batalla. La idea central era que detrás de cualquier proceso existía un principio racional, y la guerra dejó de ser un arte empírico transmitido por tradición para convertirse en una disciplina que debía estudiarse y sistematizarse.

Los cambios fueron rápidos. El armamento evolucionó, las tácticas se especializaron, los ejércitos se volvieron permanentes y las matemáticas entraron en la planificación militar junto con la cartografía. España no quedó al margen. Según Albián, su tratadística militar resistía bien la comparación con la de otras potencias europeas.

El punto de inflexión llegó en 1748, con la paz de Aquisgrán. Ese acuerdo puso fin a tres grandes conflictos europeos y abrió un período de reflexión estratégica. Fue entonces cuando la Corona española comenzó a redefinir sus prioridades y a adaptar sus ejércitos a un nuevo contexto global.

Ensenada: el gran arquitecto de la modernización

El principal impulsor de esa transformación fue Zenón de Somodevilla, el Marqués de la Ensenada. Como ministro de Fernando VI hasta 1754, promovió reformas que abarcaron lo social, lo económico y lo militar: reforzó la disciplina de los ejércitos, desarrolló la artillería, ordenó la construcción de nuevos buques y levantó fábricas de pólvora y munición.

Su visión estratégica fue especialmente notable. Ensenada apartó la mirada del frente europeo —en particular del teatro italiano— y la dirigió hacia el Atlántico. Comprendió que la Monarquía Hispánica no era solo una potencia continental, sino un imperio global con amenazas dispersas, desde las grandes batallas hasta el contrabando en los mares americanos.

Para sostener esa ambición, institucionalizó academias científicas destinadas a formar el personal técnico necesario. También envió agentes al extranjero para estudiar los avances de otras naciones. El más conocido fue Jorge Juan, cuya misión era observar, aprender y trasladar lo mejor de la ingeniería y la ciencia militares europeas.

Carlos III y las Reformas Carolinas: profesionalizar para sobrevivir

La Guerra de los Siete Años dejó una herida profunda. La caída de La Habana en 1762 demostró que el sistema defensivo español tenía fallos graves, y Carlos III convirtió ese trauma en urgencia reformista. Durante su reinado, entre 1759 y 1788, las llamadas Reformas Carolinas reorganizaron el ejército desde sus cimientos.

Albián prefiere no presentarlas como un único salto modernizador. Fueron un proceso acumulativo, largo, que bebía de los avances iniciados por Ensenada. Carlos III unificó la disciplina, reorganizó las unidades y estandarizó los criterios de ascenso. Fundó la Escuela Militar de Ávila, pionera en la formación sistemática de oficiales.

En el campo de batalla, adoptó el modelo de Federico II de Prusia: un ejército permanente, profesional y centralizado. Impulsó también la infantería ligera, una carencia histórica del ejército español. No fue una transformación perfecta, pero sí estructural.

Godoy: el reformador más incomprendido

Pocos nombres cargan con una leyenda negra tan pesada como la de Manuel Godoy. Valido de Carlos IV, favorito impopular, símbolo para muchos del declive español. Sin embargo, Albián sostiene que Godoy promovió uno de los gobiernos más reformistas e ilustrados de su época.

A nivel militar, intentó centralizar la dirección política y castrense bajo su figura al hacerse nombrar Generalísimo, y quiso reformar incluso las Guardias Reales, algo que ni Ensenada había logrado. Su enfoque fue explícitamente global: impulsó reglamentos pensados para los territorios ultramarinos —especialmente en América y Filipinas— con atención particular a cuerpos como artillería e ingenieros.

Muchas de esas reformas nunca llegaron a completarse. Las resistencias internas fueron fuertes, la crisis económica las condicionó y el colapso de 1808 las sepultó bajo una narrativa de fracaso que todavía distorsiona el juicio histórico sobre el ejército borbónico.

Un legado que merece ser revisado

La imagen del ejército español del siglo XVIII como institución inmóvil y caduca dice más sobre cómo construimos los relatos históricos que sobre la realidad de aquella época. Ensenada, Carlos III y Godoy representan tres momentos de un esfuerzo sostenido por modernizar una institución compleja, con necesidades únicas y recursos siempre escasos.

Vale la pena preguntarse cuántos otros mitos similares permanecen sin cuestionar. La historia militar tiende a juzgar a los ejércitos por sus derrotas, pero una derrota tiene muchas causas y no todas son militares. Reducir décadas de reformas a un colapso final es una forma cómoda de narrar el pasado. No es, necesariamente, la más honesta.

Tags: David Albiánejército españolhistoria de Españamodernizaciónreformas militaresSiglo XVIII
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