El Sporting de Gijón creía tenerlo. Dos ofertas presentadas, una llamada directa entre su director deportivo y el jugador, y una conversación en la que Justin Smith transmitió una predisposición positiva. Todo apuntaba a un regreso prácticamente cerrado.
Horas después, el centrocampista firmaba por el Eldense hasta 2029. La sorpresa en Mareo fue considerable. Pero detrás de esa decisión había algo más que cifras sobre la mesa.
Una negociación que parecía encarrilada
El Sporting no llegó a esta operación de forma improvisada. El club presentó dos ofertas para recuperar a Smith, y la segunda mejoró con claridad a la primera. Según las fuentes consultadas por LA NUEVA ESPAÑA, esa propuesta revisada se ajustaba a las pretensiones económicas del jugador. Las diferencias financieras, a esas alturas, no eran un obstáculo real.
El paso más significativo llegó cuando Israel Villaseñor, director de gestión deportiva, mantuvo una conversación telefónica directa con Smith. En esa llamada se perfilaron detalles concretos de su posible regreso, y el futbolista transmitió una predisposición positiva. El Sporting interpretó esa señal como un casi sí.
El club gijonés esperaba que Smith resolviera primero su situación contractual con el Espanyol. Superado ese trámite, la operación debía cerrarse. La confianza en Mareo era alta. Quizás demasiado.
Entonces llegó el silencio. El entorno del jugador dejó de responder con la misma fluidez, y ese hermetismo repentino fue la primera señal de que algo había cambiado.
El giro inesperado: el Eldense entra en escena
Sin avisos claros ni señales de alarma para el Sporting, la opción del Eldense comenzó a tomar fuerza en los últimos días. El club alicantino entró en escena de forma inesperada y avanzó con rapidez. Smith rescindió con el Espanyol y firmó por tres temporadas, hasta 2029. No era un contrato de transición: era una apuesta de largo recorrido, con un papel protagonista garantizado desde el primer momento.
Lo que más desconcertó al Sporting fue la dimensión económica del asunto. El club rojiblanco entendía que podía competir con la oferta alicantina, que no estaba fuera de sus posibilidades. Eso convirtió la frustración en malestar interno.
Un elemento añadió opacidad al proceso: Smith contaba con una doble representación, dos agencias actuando de forma simultánea. Esa circunstancia complicó el seguimiento de los contactos y ayuda a explicar el hermetismo que envolvió el tramo final de la negociación.
Las heridas que dejó la etapa en Gijón
La decisión de Smith no puede entenderse solo desde los números. Su paso anterior por el Sporting dejó cicatrices que no habían terminado de cerrarse.
La relación con el entrenador Borja Jiménez fue especialmente complicada. La dirección deportiva y la alta dirección confiaban en el centrocampista y le veían con un rol relevante, pero el técnico tenía otras prioridades. Smith fue perdiendo peso progresivamente hasta quedar relegado a un papel secundario. Esa contradicción interna —valorado arriba, ignorado en el campo— generó un desgaste real que no desapareció con el tiempo.
Smith es, además, una persona reservada. Poco dado a exteriorizar lo que siente, interiorizó aquella situación de forma muy personal. No hubo declaraciones públicas ni gestos visibles. Pero la experiencia condicionó su percepción sobre lo que podría significar volver a Gijón.
La marcha de Perrin: perder al mejor amigo en el vestuario
Hay factores que no aparecen en ninguna hoja de condiciones económicas. Uno de ellos resultó determinante.
Lucas Perrin, central francés del Sporting, era el mejor amigo de Smith dentro del grupo. Mantenían una relación estrecha, más allá del terreno de juego. Cuando Perrin puso rumbo al Nantes, Smith perdió su principal referencia personal en el día a día de Gijón.
Para un jugador de carácter introvertido, ese tipo de vínculo no es un detalle menor. Es el apoyo que hace llevadera la rutina, los viajes, los entrenamientos: la persona con quien compartir lo que no se dice en voz alta. Sin Perrin en el vestuario, y sin haber superado del todo el desgaste de la etapa anterior, el regreso al Sporting dejó de tener el mismo atractivo. El conjunto de razones inclinó la balanza hacia Alicante.
Smith regresa a El Molinón como rival
Este domingo, Justin Smith vuelve a El Molinón. Lo hace como visitante, con la camiseta del Eldense, y llega en un buen momento: ha disputado los 360 minutos de los cuatro primeros partidos de Liga, consolidado como titular indiscutible en su nuevo equipo.
El partido cierra simbólicamente uno de los capítulos más complejos del mercado rojiblanco. El Sporting se prepara para recibirle con una sesión de puertas abiertas el martes 8 de septiembre, coincidiendo con el Día de Asturias, a partir de las 10.45 horas en Mareo.
La iniciativa llega en un momento de buena sintonía entre el club y su afición. El vínculo con la grada, reforzado tras recientes actuaciones, contrasta con el sabor agridulce que dejó este mercado de verano.
El fútbol está lleno de transferencias que no llegan a cerrarse. Pocas, sin embargo, tienen tantas capas como esta: una llamada que pareció sellar un acuerdo, un silencio que lo deshizo, y un jugador que decidió que el pasado pesaba demasiado para repetirlo. A veces, los motivos más importantes no caben en ninguna oferta.
