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Las baterías dejan de ser una promesa: el almacenamiento energético ya sostiene la transición renovable en todo el mundo

by Dirección
25 de junio de 2026
in Economía
Ingeniero revisa datos frente a una gran instalación de baterías industriales junto a paneles solares al atardecer

Una planta de almacenamiento energético a escala industrial al atardecer, símbolo de la transición renovable global que convierte la promesa de las baterías en realidad.

Una planta solar genera electricidad a pleno rendimiento al mediodía. Pero cuando la demanda repunta al caer la tarde, esa energía ya no está disponible. Este desfase, aparentemente técnico, resume uno de los grandes retos de la transición energética.

Durante años, las baterías industriales fueron la respuesta prometida pero siempre aplazada. Hoy algo está cambiando a escala global: el almacenamiento energético crece a un ritmo acelerado en todos los continentes y empieza a comportarse como una infraestructura real. La pregunta es qué ha desencadenado realmente este salto.

De tecnología emergente a infraestructura esencial

Durante décadas, el almacenamiento mediante baterías ocupó un lugar secundario en los planes energéticos: prometedor en el papel, pero demasiado caro para el mundo real. Ese tiempo ha quedado atrás. Según el informe Energy Transition Outlook 2025 de DNV, hacia mediados de la década de 2030 aproximadamente la mitad de las nuevas instalaciones solares en el mundo irán acompañadas de sistemas de almacenamiento. Hoy, esa cifra es solo el 6,6 %.

El motor técnico de este cambio es el desfase ya descrito: el sol genera energía al mediodía, pero la demanda se dispara por la tarde. Las baterías resuelven ese problema de forma directa, almacenando la producción del mediodía y liberándola cuando más se necesita.

La electrificación progresiva de la economía añade presión adicional. El transporte, la edificación y partes de la industria están sustituyendo combustibles fósiles por electricidad, lo que amplifica la demanda y convierte el almacenamiento estable en una necesidad, no en una opción.

La caída de costes: el efecto inesperado del coche eléctrico

El precio de las baterías no bajó por azar. Millones de vehículos eléctricos necesitaban celdas de ion-litio, y esa demanda masiva impulsó la fabricación a escala industrial. El resultado fue una reducción de costes que también benefició a las aplicaciones estacionarias —las baterías conectadas a plantas solares o a la red eléctrica—, un efecto que pocos anticiparon con tanta intensidad.

Jason Goodhand, responsable de Almacenamiento de DNV, lo resume con claridad: la combinación de energía solar y almacenamiento es «una de las soluciones más eficaces para garantizar un suministro limpio y estable». No es una valoración optimista; es una consecuencia directa de los números.

Hay otro factor menos visible. En muchos mercados, las redes eléctricas están saturadas y obtener un nuevo punto de conexión puede llevar años. Ante eso, los promotores optan por añadir baterías a plantas solares ya existentes: más rápido, más barato y sin desperdiciar la infraestructura disponible. Mientras persistan los cuellos de botella en la red, esta estrategia seguirá ganando terreno.

Seguridad energética: por qué las baterías también son geopolítica

Un sistema eléctrico con mucha energía renovable pero sin almacenamiento suficiente sigue necesitando gas o carbón para cubrir las horas sin sol ni viento. Esa dependencia tiene un precio que va más allá de la factura eléctrica.

La guerra en Ucrania, las tensiones en Oriente Medio y la volatilidad de los mercados de gas lo dejaron en evidencia. Los países que importan combustibles fósiles quedan expuestos a perturbaciones externas que no controlan. La generación renovable local combinada con almacenamiento ofrece algo distinto: costes más predecibles y menor vulnerabilidad frente a factores que ningún gobierno puede manejar desde casa.

El almacenamiento, sin embargo, trae sus propios riesgos. Goodhand señala uno que todavía recibe poca atención: la ciberseguridad. Los sistemas de baterías son dispositivos gestionados por software, frecuentemente conectados a la nube, lo que los convierte en un vector potencial de ataque. La procedencia de los sistemas de control y la protección de datos son cuestiones que el sector tendrá que abordar con más rigor.

Un mapa global desigual: de China a Chile

El crecimiento del almacenamiento no avanza de forma uniforme. Asia-Pacífico lidera con claridad. China domina gracias a sus políticas de apoyo, su industria nacional de baterías y el despliegue masivo de renovables, mientras India emerge como uno de los mercados con mayor potencial, impulsada por el auge solar.

Australia se ha convertido en un caso de referencia. Su alta penetración solar y un diseño flexible del mercado eléctrico hacen que las baterías sean casi indispensables para integrar nueva capacidad renovable.

En América Latina, Chile destaca sin haber necesitado grandes subsidios. Sus abundantes recursos solares y la escasa interconexión con otros sistemas generan diferencias de precio muy marcadas entre el mediodía y la noche, creando un entorno rentable de forma natural para las baterías de larga duración. En Oriente Medio, proyectos de gran escala buscan suministrar energía solar de forma continua durante las 24 horas. En África, las baterías refuerzan redes con limitaciones estructurales y mejoran la fiabilidad del suministro.

Los obstáculos que aún frenan el despegue definitivo

El principal cuello de botella no es tecnológico: es financiero. Los ingresos de un sistema de almacenamiento dependen de mercados eléctricos donde los precios fluctúan, y esa volatilidad complica el acceso al crédito bancario, que exige flujos de caja predecibles.

Se espera que el sector desarrolle contratos estandarizados, similares a los acuerdos de compra de energía que impulsaron la solar y la eólica. Cuando esos mecanismos maduren, la financiación debería fluir con más facilidad.

Persisten también retrasos en la conexión a la red, incertidumbre regulatoria y problemas de suministro de componentes clave, desde celdas hasta transformadores. Son obstáculos reales, pero no detienen la tendencia.

Las previsiones de DNV apuntan a un crecimiento extraordinario: la capacidad mundial de solar más almacenamiento podría multiplicarse por cien antes de 2049. Si esa cifra se cumple aunque sea parcialmente, las baterías no serán solo un complemento de las renovables. Serán el eje sobre el que gire el sistema eléctrico global. Lo que queda por ver es qué mercados liderarán ese salto y qué marcos regulatorios lo harán posible antes que otros.

Tags: almacenamiento energéticobateríasChileChinaciberseguridadcoche eléctricoenergía solartransición renovable
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