Durante décadas, el sector Marathón Inferior ha sido el pulmón de Riazor: el rincón donde los cánticos no esperan al pitido inicial y donde la afición del Deportivo de La Coruña ha construido su identidad más ruidosa.
Ahora ese mismo sector es el epicentro de un conflicto que amenaza con apagarlo. La Federación de Peñas, Riazor Blues y Old Faces —las tres agrupaciones más representativas de la animación deportivista— han anunciado el cese de toda actividad organizada en el estadio hasta nuevo aviso.
Décadas de deportivismo incondicional en juego
El sector Marathón Inferior no es solo una grada. Es un símbolo. Durante décadas, ese espacio ha concentrado la energía más intensa de la afición deportivista: los cánticos que arrancan antes del calentamiento, los tifos, la presión sostenida sobre el rival, el ruido que no necesita excusa.
Detrás de esa animación hay agrupaciones con historia propia. La Federación de Peñas, Riazor Blues y Old Faces han sido durante años los motores organizados del apoyo al Deportivo. Su papel va más allá del ruido: representan una forma de identidad colectiva, una cultura de pertenencia que el club ha heredado y que, según estos grupos, ahora pone en riesgo.
Para muchos aficionados, vaciar Marathón Inferior de contenido no sería un problema logístico. Sería una herida simbólica.
Las condiciones que encendieron la mecha
El conflicto tiene un detonante concreto. El club ha impuesto a los socios del sector condiciones específicas que incluyen el control sobre los cánticos, los mensajes y el material de animación empleado en esa zona. Las tres agrupaciones lo interpretan como una injerencia directa en su forma de expresión colectiva, y la respuesta no tardó en llegar.
La semana pasada convocaron una manifestación para visibilizar su rechazo y hacer pública su postura ante la campaña de abonados. El mensaje fue claro: estas condiciones no son aceptables. Para los aficionados organizados, ceder el control sobre lo que se canta o lo que se despliega en la grada equivale a ceder su identidad. No es una cuestión de reglamento. Es una cuestión de principios.
Renovar el abono sin ceder: la estrategia de resistencia
La protesta, sin embargo, no implica abandonar la grada. Las tres agrupaciones han lanzado un mensaje rotundo a sus socios: renovad el abono. El argumento es estratégico —perder el asiento significaría «regalar Marathón Inferior, después de varias décadas de deportivismo incondicional», según señalan en su comunicado conjunto.
El proceso de renovación ha tenido sus propias fricciones. El club exigía inicialmente que los socios realizaran el trámite de forma presencial. Finalmente habilitó una primera fase online, aunque con la condición de completar el proceso en la Oficina de Atención al Deportivista —la OAD— en el estadio, donde se entrega el carné físico al instante. «Unión y fuerza» es el mensaje que repiten las tres organizaciones. Renovar sin rendirse. Estar presentes sin capitular.
Riazor en silencio: el cese de la animación como protesta
Mantener el asiento, pero guardar silencio organizado. Esa es la paradoja en el centro de esta protesta. Las agrupaciones han anunciado formalmente el cese de toda actividad de animación organizada en Riazor «hasta nuevo aviso», lo que significa que los aficionados seguirán acudiendo al estadio, pero sin coordinar cánticos ni desplegar material.
Una presencia sin voz colectiva. La apuesta busca hacer visible, precisamente por su ausencia, lo que estos grupos aportan al espectáculo deportivo. Las propias agrupaciones advierten del riesgo: no quieren «dejar ningún asiento libre», pero tampoco pueden ignorar lo que consideran una vulneración de su autonomía. El resultado sería, en sus propias palabras, «un estadio sin alma«.
El diálogo como única salida
Las tres agrupaciones no cierran la puerta. En su comunicado, llaman al club a mantener una línea de diálogo abierta sobre la campaña de abonados. El tono no es de ruptura definitiva, sino de advertencia clara.
«Están a tiempo de rectificar», concluyen. La temporada no ha comenzado, y eso deja margen para reconducir la situación antes de que el conflicto marque el ambiente de cada jornada. El Deportivo afronta una temporada cargada de expectativas tras el reciente ascenso, y un enfrentamiento interno con sus aficionados más comprometidos podría empañar un momento histórico. Lo que ocurra en las próximas semanas —si hay acuerdo, si persiste el silencio en la grada o si se retoma la animación— definirá el tono de un año que debería ser de celebración.
