Durante años, muchos compradores descartaron el coche eléctrico casi sin pensarlo: demasiado caro. El precio era, por encima de cualquier otra razón, el muro que frenaba el salto masivo hacia la electrificación.
Ahora, un estudio de cinco años acaba de documentar algo que pocos esperaban ver tan pronto: esa ecuación ha empezado a invertirse. Y no de forma puntual, sino sostenida.
Un estudio de cinco años que cambia el relato
El informe lo firman dos instituciones con peso específico en el sector: el Consejo Internacional de Transporte Limpio (ICCT) y el Instituto Fraunhofer de Investigación de Sistemas e Innovación. Juntos analizaron el mercado alemán entre 2020 y 2025, ajustando los valores por inflación acumulada y por las mejoras tecnológicas incorporadas en cada generación de vehículos.
Alemania no es un mercado cualquiera. Es el mayor mercado de automóviles de Europa y concentra una oferta que abarca desde utilitarios hasta berlinas de lujo, lo que lo convierte en un termómetro fiable de lo que acabará ocurriendo en el resto del continente.
El hallazgo central es claro: los precios reales de los coches eléctricos y los de combustión interna han tomado direcciones opuestas. No es una oscilación pasajera. Cinco años consecutivos de datos apuntan a una tendencia estructural, no a un accidente estadístico.
Los números que cuentan la historia: -18% frente a +2%
Los datos son concretos. El precio real de los coches 100% eléctricos bajó un 18% entre 2020 y 2025, mientras que el de los vehículos de gasolina y diésel subió un 2% en el mismo periodo.
Conviene entender qué significa «precio real» en este contexto. No es el precio de catálogo, sino el ajustado por inflación y por equivalencia tecnológica: se compara lo que ofrece cada vehículo en cada momento, no solo la cifra en la etiqueta del concesionario. Sin ese ajuste, los datos pueden conducir a conclusiones erróneas. Con él, la divergencia entre ambas tecnologías resulta inequívoca.
La paradoja del precio medio: de 37.000 a 53.000 euros
Aquí aparece una cifra que puede desconcertar. El precio medio de catálogo de los turismos eléctricos subió nominalmente de 37.000 a 53.000 euros durante el periodo analizado. A primera vista, parece contradecir todo lo anterior.
No lo contradice. Lo explica.
Lo que cambió no fue el precio de los mismos coches, sino la composición de la oferta. Los fabricantes retiraron progresivamente los utilitarios básicos del mercado y concentraron su catálogo en segmentos medios y altos; hoy, casi el 73% de los eléctricos disponibles pertenece a esa franja superior. El precio medio subió porque los modelos más asequibles desaparecieron, no porque los equivalentes se encarecieran. Leer las estadísticas sin tener en cuenta este matiz lleva a conclusiones que no reflejan la realidad.
Baterías más baratas, pero coches con más autonomía
Entre 2020 y 2025, el coste de producción de las baterías de iones de litio cayó entre un 35% y un 37%. Una reducción significativa en un plazo relativamente corto. Sin embargo, ese ahorro no llegó íntegramente al precio final.
Los fabricantes tomaron una decisión estratégica: en lugar de reducir la etiqueta, aumentaron la capacidad de las baterías. El resultado es más autonomía por modelo. Para el comprador, esto se traduce en más valor por el mismo dinero —un eléctrico de 2025 recorre más kilómetros que su equivalente de 2020 al mismo precio ajustado—, aunque la accesibilidad inmediata no siempre mejora de forma visible.
De 38 a 159 modelos eléctricos: la oferta se multiplica mientras los térmicos retroceden
En 2020 había 38 modelos eléctricos en el mercado alemán. En 2025, esa cifra asciende a 159. La variedad se ha multiplicado por cuatro en cinco años, y la trayectoria inversa de los vehículos de combustión resulta igual de llamativa: de 275 opciones disponibles a principios de la década, han pasado a 194.
Los térmicos se encarecen por razones que se refuerzan mutuamente. Deben incorporar sistemas anticontaminación cada vez más complejos para cumplir con las normativas europeas y, a medida que la inversión en I+D se redirige hacia la electrificación, pierden economías de escala. Ese ciclo acelera la mejora de los eléctricos y erosiona la competitividad de los de combustión al mismo tiempo.
¿Cuándo llegará la convergencia real de precios?
Los analistas prevén que la paridad de precio entre eléctricos y térmicos sea una realidad en los próximos años. No es una promesa vaga: es una proyección respaldada en tendencias ya documentadas y en curso. Para que ese escenario se consolide, deben mantenerse el ritmo de innovación en baterías y la optimización continua de las cadenas de producción. Ninguna de las dos es una garantía absoluta, pero ambas muestran una trayectoria consistente.
Las regulaciones europeas actúan como acelerador. Las restricciones a los motores de combustión presionan a los fabricantes a invertir en electrificación, lo que retroalimenta el ciclo de mejora y reducción de costes.
Para quien hoy está valorando cambiar de coche, este escenario tiene implicaciones prácticas. Esperar puede significar encontrar más modelos a precios más competitivos y con mayor autonomía. Pero los datos de los últimos cinco años también indican que el proceso ya está en marcha, y que la ventaja del eléctrico sobre el térmico seguirá ampliándose con el tiempo.
