En agosto de 1957, un equipo de arqueólogos descubrió en la cueva de Asphendou, en el suroeste de Creta, un panel de grabados rupestres que llevaría décadas resistiéndose a cualquier interpretación definitiva. La superficie de roca había sido reutilizada repetidamente a lo largo de milenios: incisiones de distintas épocas se superponen hasta formar lo que los especialistas denominan un palimpsesto, una superficie escrita y reescrita en capas sucesivas. Bajo esos estratos acumulados de trazos, un conjunto de figuras aguardaba a que alguien encontrara la manera de separarlas.
Un palimpsesto grabado en roca: el problema del panel de Asphendou
Desde las primeras publicaciones, en los años setenta, el panel de Asphendou dividió a los investigadores. Unos propusieron una cronología de la Edad de Piedra, posiblemente paleolítica o mesolítica; otros defendieron una datación minoica, es decir, de la Edad del Bronce. Entre ambas hipótesis median miles de años, y ninguna lograba imponerse.
El motivo del desacuerdo es técnico. El panel es un palimpsesto: una superficie reutilizada en la que incisiones de distintas épocas se superponen, como un cuaderno escrito, borrado y vuelto a escribir varias veces. Bajo el texto más reciente asoman los trazos anteriores. Separarlos exige un análisis minucioso, y en el arte rupestre ese solapamiento complica dos tareas a la vez: distinguir las figuras individuales y determinar cuándo fue grabada cada una.
El giro de 2018: ¿fauna doméstica o ciervo extinto?
En 2018, Thomas F. Strasser y su equipo publicaron en Journal of Archaeological Science: Reports una nueva lectura de las figuras más antiguas del panel. La propuesta resultó significativa: aquellas siluetas no representaban fauna doméstica ni motivos recientes, sino un cérvido endémico extinto del género Candiacervus.
La hipótesis conecta dos disciplinas que raramente trabajan juntas: la arqueología del arte rupestre y la paleontología insular, que estudia cómo evoluciona la fauna en territorios aislados. Creta albergó durante el Pleistoceno un linaje de ciervos que, sin grandes depredadores y con recursos limitados, derivó hacia formas de pequeño tamaño. Todo indica que esos ciervos enanos desaparecieron al final de la última glaciación, hace unos 12.000 años.
Una linterna digital sobre la roca: las técnicas que separaron los trazos
¿Cómo se separan grabados que llevan milenios superponiéndose? Los investigadores aplicaron la Reflectance Transformation Imaging (RTI), una técnica que registra cómo varía la apariencia de una superficie al iluminarla desde distintos ángulos, y fotogrametría 3D para reconstruir un modelo tridimensional de la roca a partir de múltiples fotografías.
Estas herramientas funcionan como una linterna arqueológica: hacen visibles las diferencias de profundidad y superposición entre incisiones, lo que permite distinguir los trazos más antiguos de los más recientes. Tras la limpieza digital de las capas posteriores, el análisis identificó un grupo de 21 cuadrúpedos en el estrato más antiguo. Una síntesis académica de la Universidad de Boston organizó después el repertorio completo del panel en cuatro fases iconográficas, situando ese conjunto en la capa más temprana.
Cómo se identifica un ciervo extinto en un grabado de cinco centímetros
La identificación se apoya en la morfología representada. Las figuras muestran proporciones corporales reducidas y una cornamenta simplificada —astas rectas o apenas ramificadas—, combinación que encaja mejor con un ciervo que con la curvatura típica de los cuernos de una cabra montés.
Dentro del género, la propuesta apunta al Candiacervus ropalophorus, conocido por sus astas alargadas que terminan en una forma engrosada a modo de maza. La silueta esquemática de los grabados coincide con esa morfología. Aun así, la atribución debe entenderse como una hipótesis taxonómica basada en la comparación de rasgos, no como una identificación definitiva: las figuras son pequeñas y esquemáticas, y su escaso detalle no garantiza por sí solo una determinación específica inequívoca.
Lo que Asphendou podría cambiar en la prehistoria del Mediterráneo
Si la fase más antigua del panel fuera efectivamente paleolítica, Asphendou constituiría una de las evidencias más tempranas de arte figurativo en Grecia y demostraría que comunidades humanas observaron y representaron la fauna endémica insular antes de que desapareciera.
Eso modificaría nuestra comprensión del Mediterráneo insular. Las islas no habrían sido únicamente escenarios de aislamiento biológico, donde los animales derivaron hacia formas peculiares. También habrían sido espacios de interacción cultural entre humanos y animales singulares, lugares donde alguien decidió dejar constancia de lo que tenía ante sus ojos.
La cronología paleolítica sigue siendo, por ahora, una inferencia estratigráfica. No existe todavía una datación absoluta que confirme esa antigüedad, y ese es precisamente el paso que la investigación futura deberá dar: aplicar técnicas de datación directa que permitan establecer, con precisión, cuándo alguien talló por primera vez la imagen de un ciervo enano en la roca de Asphendou.
