España tiene músculo industrial para competir en infraestructura de recarga eléctrica, pero esa capacidad aún no se ha convertido en una posición de liderazgo real. Para cambiar eso, la asociación Aedive se reunió con el ministro de Industria, Jordi Hereu, y le presentó un decálogo concreto de medidas.
El plan, elaborado a partir de las aportaciones de los fabricantes nacionales integrados en la asociación, aspira a que España consolide «una industria competitiva de infraestructura de recarga». Lo que propone exactamente —y lo que implicaría para la electrificación del transporte— es lo que analizamos a continuación.
Un sector con músculo industrial, pero sin política que lo respalde
España cuenta ya con fabricantes nacionales de equipos de recarga con capacidades tecnológicas contrastadas. No son proyectos en fase inicial: son empresas con producto en el mercado y conocimiento acumulado durante años. El problema, según Aedive, es que esas capacidades no se han traducido todavía en una ventaja competitiva duradera frente a otros países.
Esa es precisamente la brecha que el decálogo pretende cerrar. La asociación trasladó al ministro Hereu un argumento directo: sin una infraestructura de recarga suficiente, fiable, interoperable y tecnológicamente avanzada, la movilidad eléctrica no puede consolidarse. Y sin políticas específicas que respalden al sector industrial que la hace posible, España seguirá acumulando potencial sin aprovecharlo.
El mensaje no es solo sectorial. Es estratégico. La electrificación del transporte depende, en última instancia, de que existan equipos donde cargar —y esos equipos los tiene que fabricar alguien.
Fabricar en Europa para no depender del exterior
Uno de los ejes centrales del plan es la política industrial. Aedive propone promover activamente el diseño, la fabricación y el desarrollo de equipos de recarga en Europa, con un objetivo claro: reducir la dependencia de proveedores externos y reforzar unas cadenas de suministro que, como ha quedado demostrado en la última década, pueden resultar frágiles.
La propuesta va más allá de lo declarativo. Aedive pide que los fabricantes de equipos y soluciones de recarga queden incluidos de forma explícita en la Industrial Accelerator Act, el instrumento europeo que facilita el acceso a financiación, inversión e innovación. Sin esa inclusión, el sector quedaría al margen de los recursos que sí llegarán a otras industrias consideradas estratégicas.
Si Europa quiere liderar la movilidad eléctrica, necesita fabricar también la infraestructura que la sostiene. Esa es la lógica.
Comprar mejor: del precio más bajo al valor real
La contratación pública es otro frente del decálogo. Hoy, muchas licitaciones de infraestructura de recarga se resuelven principalmente por precio de adquisición. Aedive considera que ese criterio es insuficiente y, con frecuencia, contraproducente.
La propuesta es evaluar el coste total del ciclo de vida de los equipos: instalación, operación, mantenimiento, consumo energético, actualizaciones y eventual sustitución. A eso se sumarían criterios de calidad, fiabilidad, interoperabilidad, ciberseguridad, eficiencia energética y servicio posventa. Una infraestructura barata que falla, que no admite actualizaciones o que genera costes elevados durante años termina siendo más cara. Una contratación pública que ignore eso no funciona como herramienta de política industrial: actúa directamente en su contra.
Vigilancia del mercado y reglas del juego más justas
El plan también aborda la competencia. Aedive pide crear un mecanismo nacional especializado en la supervisión de equipos de recarga, con capacidad para realizar ensayos técnicos, coordinar inspecciones y emitir informes de seguimiento. El modelo de referencia es el francés.
La razón es concreta: existen asimetrías en la intensidad con que se vigila el mercado, y no todas las empresas compiten en las mismas condiciones. Las que invierten en acreditar la conformidad de sus productos pueden verse en desventaja frente a quienes no aplican el mismo rigor.
A esto se suma la demanda de un marco regulatorio estable. Aedive pide eliminar interpretaciones divergentes, duplicidades y requisitos adicionales que operan como barreras. También reclama simplificar los programas de ayudas: menos carga documental, convocatorias más homogéneas y plazos más cortos para que los fondos públicos lleguen con agilidad real.
Innovación como motor: recarga inteligente, bidireccional y conectada
El último pilar del decálogo es la innovación. Aedive propone reforzar la inversión en I+D+i en áreas como la recarga inteligente y bidireccional, la interoperabilidad, la integración con la red eléctrica, la digitalización y el mantenimiento predictivo. No como aspiración genérica, sino respaldada por mecanismos de financiación estables.
Para que eso funcione, la asociación apuesta por una colaboración más estrecha entre empresas, universidades, centros tecnológicos, operadores energéticos y administraciones. La innovación en este sector no se produce en silos: exige que distintos actores trabajen sobre los mismos problemas al mismo tiempo.
Lo que viene ahora es la respuesta del Gobierno. El decálogo está sobre la mesa. La pregunta es si las medidas que propone Aedive encontrarán reflejo en políticas concretas, en presupuestos reales y en plazos que el sector pueda planificar. De eso dependerá, en buena medida, si España pasa de tener capacidad industrial a ejercer un liderazgo efectivo en la recarga eléctrica europea.
