El estadio Romano José Fouto ha visto pasar el fútbol de Primera División. Este sábado recibe algo distinto: un grupo de chavales del Deportivo que, formados en Abegondo, debutan en Primera RFEF por primera vez en la historia del filial blanquiazul.
Han sido siete temporadas de espera para que el escudo herculino regrese a la categoría de bronce. Y lo hace con una generación que no conocía esta división.
Un regreso cargado de historia
El Romano José Fouto no es un estadio cualquiera. Sus gradas han albergado fútbol de Primera División, y este sábado reciben al Fabril en su debut absoluto en Primera RFEF, la tercera categoría del fútbol español. El filial blanquiazul nunca había competido en esta división desde su creación hace un lustro. Siete años después de la última presencia del escudo herculino a este nivel, el regreso llega con un peso simbólico difícil de ignorar.
El paralelismo con el primer equipo resulta inevitable. El Deportivo vuelve a la élite tras ocho temporadas fuera mientras su filial regresa a la tercera categoría nacional casi de forma simultánea. Dos regresos, una misma identidad. El club coruñés recupera espacios que le eran propios.
Una pretemporada condicionada por el primer equipo
Preparar un filial nunca es tarea sencilla. Hacerlo cuando el primer equipo acaba de ascender a Primera División añade una dificultad estructural difícil de sortear. Manuel Pablo comenzó la pretemporada sin jugadores clave como Samu, Kevin, Adrián Guerrero, Xabi Campos o Noé Carrillo, todos integrados en la dinámica del equipo principal. El vestuario del Fabril tardó en tomar forma.
La confección de la plantilla también acusó las salidas tardías de Mario Nájera y Papa Samsou, y las cesiones de Pablo Parada, Malick Ndiaye y Hugo Torres. Cada movimiento llegó con cuentagotas, ajustando piezas hasta el último momento.
El golpe más duro llegó desde dentro. Jairo Noriega, uno de los regresos más esperados tras su cesión, sufrió una rotura de ligamento cruzado anterior durante la pretemporada y se perderá toda la temporada. Una baja sensible que recuerda, una vez más, que el fútbol no entiende de calendarios ni de expectativas.
El plantel: cantera y refuerzos de fuera de A Coruña
El núcleo del equipo lo forman jugadores que conocen lo que es ganar. La temporada pasada, el Fabril dominó su grupo de Segunda RFEF y se proclamó el mejor conjunto de toda la cuarta categoría. Ese bloque regresa reforzado con futbolistas recuperados tras sus cesiones: Álvaro Mardones, Rubén López, Martín Ochoa y Luisao Macías vuelven a vestir el blanquiazul.
El proyecto también apuesta por su propia cantera. Lucas Castro, Iker Gil y Xabi Campos representan lo más destacado de Abegondo, jóvenes con una proyección real hacia el primer equipo. Esa es, en última instancia, la razón de ser del Fabril.
Los resultados de pretemporada dejaron claro que hacían falta refuerzos externos. Llegaron el centrocampista Koke San José desde el Rayo Majadahonda, el extremo Justino Barbosa desde la UD Ourense, el mediocentro Yayo González de la Cultural Leonesa y el lateral izquierdo Manu Serrano del Real Madrid Castilla. Cuatro incorporaciones que amplían las opciones del equipo sin alterar su vocación formativa.
El reto: madurar a marchas forzadas ante un Mérida consolidado
Manuel Pablo lo expresó con claridad este jueves en Abegondo: «Tenemos que hacer un ejercicio mental para saber competir, estar tranquilos, ajustarnos y sobre todo, dentro de la idea que traemos, ser competitivos». No es una frase de protocolo. Es una advertencia concreta sobre las exigencias de esta categoría.
El primer rival del Fabril lo ilustra bien. La AD Mérida acumula cuatro temporadas consecutivas en Primera RFEF y solo se perdió la primera edición de la categoría. Es un equipo asentado, con aspiraciones de play off de ascenso, que conoce cada exigencia de esta división. En sus filas figuran el exdeportivista Carlos Doncel y el exfabrilista Fito, dos nombres que cargan de contexto un enfrentamiento con historia antes incluso de disputarse.
El objetivo del Fabril es claro y honesto: la permanencia. Detrás de esa meta, sin embargo, existe una vocación formativa que no está en discusión. Cada partido es una oportunidad para que un jugador de Abegondo dé un paso hacia el primer equipo.
Lo que viene ahora merece seguimiento. Un grupo joven, forjado en la cantera, enfrentándose semana a semana a equipos con rodaje en la categoría de bronce. Cada partido será un examen de madurez, y cada jugador que cruce la puerta hacia el Deportivo será la mejor prueba de que el proyecto tiene sentido.
