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Detectan submarinos, diseñan sistemas de combate y eliminan minas: las ingenieras que conquistaron el fondo del mar

by Dirección
25 de junio de 2026
in Actualidad
Ingeniera naval en puerto marítimo sosteniendo tablet con datos de sonar al atardecer, con buque de investigación al fondo

Una ingeniera naval analiza datos de sonar en un puerto moderno. Mujeres pioneras que están transformando la defensa submarina y la acústica naval.

Elena Fernández tiene cara de recién licenciada, pero lleva doce años coordinando proyectos que pocos ingenieros —hombres o mujeres— han visto de cerca. Desde Cartagena, dirige un demostrador europeo con 22 entidades de 11 países para tender una barrera de sensores magnéticos en el fondo de un puerto. También lidera un programa internacional de rastras inteligentes para eliminar minas submarinas de forma remota, manteniendo a las personas fuera del área de riesgo.

No es una excepción. En SAES, la empresa pública española de acústica y electrónica submarina, una generación de ingenieras ha irrumpido en uno de los sectores más exclusivos —y más masculinizados— de Europa.

Un sector donde las mujeres escasean por partida doble

Los números ayudan a entender lo que significa esa irrupción. En España, solo una de cada cinco personas que ejercen la ingeniería es mujer. La cifra cae todavía más en las ramas de las que se nutre SAES: alrededor del 12 % en Telecomunicaciones y el 16 % en Informática, según el Observatorio de la Ingeniería de España. Son, precisamente, las titulaciones con menos alumnas del país.

En la Región de Murcia, las mujeres representan apenas el 24 % del alumnado de ingeniería y arquitectura. Por la Universidad Politécnica de Cartagena pasan cada año alrededor de 150 egresadas.

Dentro de SAES, las mujeres son el 21 % de la plantilla. Un 17 % ocupa perfiles técnicos: no solo ingenieras, también físicas y matemáticas, porque la acústica submarina se trabaja desde varias disciplinas a la vez. En un sector que parte de las ramas más masculinizadas de la universidad, sostener esas cifras no es un dato neutro.

Algoritmos que detectan submarinos y pantallas que navegan en otros continentes

Ninguna de ellas buscó de entrada la tecnología submarina. La encontró al llegar a SAES. Milena Rocabado, ingeniera informática por la Universidad de Murcia, entró por una oferta que pedía dominio de C++ y acabó desarrollando algoritmos para detectar e identificar submarinos en el proyecto nacional ACINT, de inteligencia acústica. Su motivación es directa: «Si el algoritmo falla, no se detecta el submarino, y ahí hay vidas en juego».

Lucía Francoso procesa las señales de sonoboyas para programas como las fragatas F-110 y el avión de patrulla marítima C295. Estudió telecomunicaciones y reconoce la ironía: trabaja en la parte que menos le gustaba en la carrera —el tratamiento de señal— y con los años le ha encontrado todo el sentido. Hay además un círculo que se cierra de manera casi novelesca: estudió en el instituto Isaac Peral, el ingeniero cartagenero que botó el primer submarino eléctrico, y hoy trabaja en tecnología heredera de aquella historia naval.

María Núñez diseñó las interfaces del Programa de la Corbeta de Patrulla Europea y trabaja ahora en un sistema de vigilancia acústica para la Armada. Le fascina una idea muy concreta: «Pensar que en países de otros continentes pueden estar usando las pantallas que yo diseño, es una pasada».

Dirigir las pruebas del sistema de combate de un submarino

En la sede de San Fernando, María Elena González coordina y dirige las pruebas del sistema de combate de los submarinos S-80, junto a Navantia y la Armada española. Estudió ingeniería eléctrica y aún se sorprende de su propio recorrido: «Jamás imaginé que acabaría dirigiendo las pruebas del sistema de combate de un submarino».

La escala de esos proyectos aparece una y otra vez en sus relatos. «Somos muy pocas personas en el mundo las que sabemos hacer estas cosas», resume González. Elena Fernández lo explica desde su propia elección: «Hay capacidades que, al menos en España, solo se desarrollan aquí». Esa exclusividad no es solo un argumento de marketing: es la realidad de un sector donde el conocimiento acumulado tarda décadas en construirse y no se improvisa.

El entorno que marca la diferencia: conciliación, datos e igualdad

Elena Gutiérrez y Almudena Hernández trabajan en el área de Calidad y llegaron a SAES desde la empresa privada. La comparación habla por sí sola. Gutiérrez, que fue madre durante su etapa en la empresa, lo nota en lo cotidiano: «Cuando volví de la baja pedí teletrabajo y reducción de jornada, y no me pusieron ni una sola pega. Fuera, la conciliación siempre parece un problema; aquí no».

Detrás de esa experiencia hay una política con recorrido: jornada intensiva, modelo híbrido y un Plan de Igualdad con más de treinta medidas. SAES cuenta con el Distintivo de Igualdad de la Región de Murcia —que en noviembre de 2025 solo tenían 29 empresas de la comunidad— y firmó la Carta de la Diversidad europea en junio de 2026. Para el presidente de la compañía, José Javier Mármol Peñalver, la cuestión va más allá del compromiso interno: «Creo firmemente que contar con el talento femenino es una palanca de innovación y una forma de responder mejor a los retos que tenemos delante».

Por qué hay tan pocas y qué empieza a moverse

Preguntadas por la escasez de mujeres en sus carreras, casi todas apuntan a lo mismo: el filtro ocurre mucho antes de la universidad. María Núñez lo resume desde su propia historia: «Quise estudiar informática, entre otras cosas, porque vi a mujeres informáticas en series y películas y pensé: yo quiero ser como ellas». La representación, insiste, importa tanto como la vocación.

Esa es precisamente la apuesta de SAES de cara al futuro. Desde 2021 colabora con la UPCT en la iniciativa +Científicas, donde sus ingenieras actúan como mentoras ante estudiantes de secundaria. En la última edición, dos compañeras recibieron en las instalaciones de Cartagena a treinta alumnos de un instituto de la región.

El cambio será lento, pero está en marcha. María Núñez pide no quedarse en lo ya conseguido: «Aquí hay mujeres, y me llena de orgullo que haya jefas de línea. Pero quiero ver a muchas más metiéndose en nuestro gremio». Mientras tanto, entre Cartagena y San Fernando, varias ingenieras de menos de treinta y cinco años siguen poniendo a prueba sistemas que, tarde o temprano, irán a bordo de submarinos, buques y aeronaves para vigilar lo que ocurre bajo el mar. La pregunta ya no es si hay mujeres capaces de hacer ese trabajo. La pregunta es cuántas más podrían estarlo si el camino hasta aquí fuera menos invisible.

Tags: igualdad de géneroingenieríamujeres en STEMproyectos tecnológicosSAEStecnología submarina
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