Hay hombres que eligen un solo camino y lo recorren hasta el final. Pike Cavalero eligió dos: el de la disciplina militar y el del rock’n’roll más visceral. Lleva décadas compaginando ambos sin soltar ninguno, aunque el equilibrio nunca ha sido cómodo ni gratuito.
Entre uniformes y escenarios, entre la obediencia y el instinto, Cavalero ha construido una carrera musical que él mismo describe como una apuesta perdida de antemano. Lo que aún está por contar es cuánto ha costado no abandonar.
Dos mundos, una sola voz
Pike Cavalero no llegó a la música desde el principio. Cuando dio sus primeros pasos sobre un escenario, ya era militar de carrera. Esa doble condición —la disciplina del uniforme y el instinto ante el micrófono— le generó lo que él mismo identifica como un galopante síndrome del impostor. Ha entrado en fase de remisión con el tiempo, aunque reconoce que aún asoma los dientes en determinados momentos.
Lo difícil era ignorar el talento. Su rango vocal alcanza casi tres octavas: trabaja el registro de pecho profundo, la distorsión vocal y técnicas heredadas de la música negra como el crooning. Fueron mentores como Antonio Quesada y Mariano «Conde» Chacón quienes apostaron por él desde el principio, reuniendo a Gentle Bandoleros —su primera banda— junto a Rafa Hernández a la guitarra y Javi Carrasco al contrabajo.
Una carretera larga y con muchas bandas
La historia de Pike Cavalero es también la historia de muchos proyectos. Además de Gentle Bandoleros, pasó por The Blackland Farmers —junto a Chipo Martínez y Diego Cruz— y por dos tríos distintos: True Blue, con LB Arnold, y Tru-Desert, con Mario Cobo y Pepe Lee. Cada formación dejó su huella.
En el camino compartió escenarios con figuras del rock’n’roll patrio: Mario Cobo, Francis Beard, Pepe Lee, Al Dual, José Miguel Jarque. Esa red de complicidades ha resultado tan determinante como cualquier disco publicado.
El recuento fonográfico suma cinco álbumes entre 2011 y 2020: Just a Matter of Manners, Torro, Sin miedo a volar y Three Chords and the Truth. La relación con Sleazy Records llegó de forma casi accidental —una tirada de cien CDs numerados del EP Weekender, vendidos a cinco euros, se agotó de inmediato en el Rockin’ Race Jamboree— y desde ahí todo se aceleró.
El encuentro que cambió el sonido
A veces un momento casual reorienta una trayectoria entera. Una noche, mientras pinchaba en el antiguo Bombo Club de Almería, se acercó Carmen, pareja del guitarrista El Niño Delta. Quería entender los entresijos del rockabilly y el rock’n’roll vintage. De esa conversación nació una amistad que acabaría cambiando el sonido de Pike.
Carmen quiso regalarle a su pareja una grabación en el estudio LEI Music. Así surgió We Are Flamingos, la carta de presentación de El Niño Delta. Ver a ese guitarrista en acción —»otro ahijado del punk con el groove del rock and roll impreso en la sangre», recuerda Cavalero— le abrió una dirección que antes no existía en su propuesta.
Durante la grabación de los dos primeros discos del guitarrista, Pike detectó un cruce entre el rock’n’roll, el rhythm and blues y el early garage. Solo faltaba una pieza: la incorporación de Ginés Soto al saxofón. «Es una auténtica bestia al saxofón», dice sin dudar.
Rockin’ Bomb #3: autobiografía en seis canciones
El nuevo EP lleva por título Rockin’ Bomb #3 y consta de seis canciones. El propio Cavalero lo describe como «francamente autobiográfico» —un balance de dónde viene, qué ha construido y a qué precio.
Producir música hoy no es sencillo. El encarecimiento de materiales por la guerra, el Brexit y los aranceles complica cada referencia. «Son tiempos difíciles para el rock’n’roll», admite. Aun así el disco existe, en parte gracias a Guille y Vivi «Sleazy», del sello Sleazy Records, a quienes Cavalero reconoce una deuda sin ambages: «Les debo todo lo que soy; siempre han apostado por mí».
La metáfora que usa para describir el proceso es reveladora: han echado todo el carbón a la caldera, engrasado los engranajes y pasado por alto lubricar los frenos, para que la máquina no deje de rodar. No frenar. Seguir. Esa parece ser la única estrategia que Pike Cavalero ha conocido siempre.
Y quizás ahí resida la pregunta que su trayectoria deja abierta: ¿cuántas personas abandonan antes de llegar a su quinto disco, a su tercer EP, al próximo escenario? Pike Cavalero no ha abandonado. En un género que devora a sus apuestas, eso ya es una forma de ganar.
