El estadio de Washington rugía con el himno de Estados Unidos cuando los jugadores saltaron al césped, pero los ojos del mundo del fútbol no estaban en el campo: estaban en una decisión tomada horas antes en los despachos de la FIFA. La organización había levantado, en circunstancias sin precedentes, la sanción que impedía jugar a Folarin Balogun.
Lo que convirtió la polémica en algo mayor fue la confesión del propio Donald Trump: había llamado a Gianni Infantino antes de que se tomara la decisión. Cualquier acción del árbitro sería observada con lupa. Bélgica había amenazado con impugnar el partido. Y Balogun salía de titular.
La decisión que sacudió al fútbol mundial
La FIFA levantó la sanción a Balogun sin ofrecer un precedente claro en la historia del torneo. El delantero del Mónaco había recibido una tarjeta roja directa ante Bosnia, lo que le impedía disputar los octavos de final. Nadie supo explicar la revisión de esa decisión con algo parecido a la transparencia.
Lo que transformó la medida en escándalo fue la propia confesión de Trump. El presidente admitió públicamente haber llamado a Gianni Infantino antes del anuncio, calificándolo de corrección de una «injusticia». Una interferencia política sin precedentes en la historia del fútbol organizado.
Bélgica respondió con varios comunicados oficiales y amenazó con impugnar el resultado si Balogun jugaba de inicio. Lo jugó. El árbitro Adham Mohammad Tumah afrontó el partido bajo una presión inédita: cada decisión suya quedaría inevitablemente teñida por el recuerdo de esa llamada telefónica.
Un arranque de infarto: Bélgica encendida desde el primer minuto
Los diablos rojos salieron al césped con una intensidad que pocos esperaban. La indignación institucional acumulada en las últimas 48 horas pareció convertirse en combustible sobre el terreno de juego. Estados Unidos, en cambio, no encontró su ritmo desde el primer minuto.
En el minuto 9, De Ketelaere aprovechó un error de Dest y la pasividad general de la zaga estadounidense para recoger un balón desviado y marcar a portería vacía. El gol resumió con exactitud el estado anímico de ambos equipos.
Estados Unidos reaccionó en el minuto 31 con un tanto de fortuna: Tillman lanzó una falta desde la frontal que Vanaken desvió en la barrera, cogiendo a contrapié a Courtois. El empate duró exactamente dos minutos. De Ketelaere respondió en el 33 con un remate de cabeza ante Ream, completando su doblete tras una asistencia picada de Trossard desde la banda.
Balogun, el protagonista que nunca llegó a serlo
Toda la polémica giraba en torno a él. Pero Folarin Balogun, el delantero cuya presencia había desatado la mayor controversia del Mundial 2026, fue uno de los jugadores menos influyentes sobre el césped. Ngoy lo controló con solvencia durante prácticamente todo el encuentro, ganándole casi todas las disputas.
Su primer disparo no llegó hasta el minuto 45, en el tiempo añadido del primer tiempo: un remate potente pero centrado que Ngoy bloqueó con el pie en el momento justo.
La ironía resulta difícil de ignorar. El jugador que motivó una llamada presidencial, una decisión sin precedentes de la FIFA y una amenaza de impugnación belga no cambió el partido en ningún momento. Pochettino lo retiró en el minuto 90+2 sin que hubiera podido torcer el rumbo del encuentro.
Los errores que sellaron la eliminación de Estados Unidos
Dos errores individuales convirtieron una derrota en goleada. En el minuto 57, el portero Freese salió a un balón largo de De Ketelaere, lo controló fuera del área y se durmió. Cuando quiso jugar hacia Ream, el delantero belga metió el pie, el balón cayó rebotado en Vanaken y este anotó a portería vacía. Un error inexplicable en unos octavos de final.
En el tiempo añadido, Richards perdió el balón en su propia área. Lukaku, recién entrado desde el banquillo, no perdonó y estableció el definitivo 1-4. Se lo dedicó al lesionado Onana, que había abandonado el campo en el minuto 20 con problemas en la rodilla y no estará ante España en cuartos.
La ausencia de De Bruyne, sin minutos en todo el partido, añade una incógnita táctica de cara al viernes en Los Ángeles.
El precedente que inquieta al fútbol: ¿qué queda después del partido?
Bélgica ganó. La amenaza de impugnación queda sin efecto. El debate de fondo, sin embargo, no se cierra con el pitido final.
Que el país organizador haya podido beneficiarse de una decisión reglamentaria sin precedentes, precedida de una llamada de su propio presidente al máximo responsable de la FIFA, plantea preguntas que el resultado deportivo no puede responder. ¿Qué ocurre la próxima vez que un país anfitrión solicite una excepción? ¿Quién garantiza que la presión política no vuelve a funcionar?
España observa lo ocurrido con atención táctica, pero también con ese contexto extradeportivo muy presente. Bélgica llega a cuartos sin De Bruyne confirmado y sin Onana, aunque con la moral intacta tras una victoria contundente.
La credibilidad de la FIFA como árbitro imparcial del fútbol mundial es, quizá, la mayor víctima de esta semana. Y esa herida no la cura ningún marcador.
