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250 años celebrando una independencia cuya deuda con España jamás fue pagada ni reconocida

by Paula Gutiérrez
16 de julio de 2026
in Historia
Mapa colonial español y brújula militar frente a celebración del 4 de julio, evocando la deuda histórica con España

Artefactos coloniales españoles contrastan con una celebración del Día de la Independencia, evocando la historia olvidada de España en la fundación de América.

Cada 4 de julio, Estados Unidos repite su historia fundacional: George Washington, Lafayette, la alianza francesa. El relato es tan familiar que nadie lo cuestiona.

Pero mientras el país celebra 250 años de independencia, hay un protagonista que no aparece en los discursos ni en los libros de texto. Uno que financió, armó y sostuvo militarmente a las Trece Colonias durante casi una década. ¿Qué ocurre cuando la historia que una nación cuenta sobre sí misma borra a quien más arriesgó?

El aliado que no aparece en los libros de texto

La narrativa oficial de la independencia estadounidense tiene protagonistas fijos: Washington, Lafayette, la alianza francesa. España brilla por su ausencia. No aparece en los discursos del 4 de julio ni en los manuales que generaciones de estudiantes han leído a ambos lados del Atlántico.

Sin embargo, desde 1775 la Monarquía Hispánica colaboró primero en secreto y luego abiertamente con las Trece Colonias, financiándolas, armándolas y sosteniéndolas militarmente durante casi una década. El divulgador José Luis Hernández Garvi lo resume sin rodeos: «Sin la contribución española a la causa de la independencia, esta, de haberse producido, hubiera tenido lugar mucho más tarde.» El 250 aniversario de la Declaración de Independencia convierte 2026 en el momento más oportuno para revisar este olvido. La pregunta no es menor: ¿cómo pudo borrarse de la historia un papel tan decisivo?

Bernardo de Gálvez: el gobernador que armó a 30.000 rebeldes

La respuesta empieza en Luisiana. Bernardo de Gálvez, gobernador de la Luisiana Oriental, fue el artífice de la ayuda española clandestina desde el inicio del conflicto. Cuando las Trece Colonias se sublevaron contra Londres, actuó sin titubear.

En secreto pertrechó a 30.000 rebeldes con uniformes, cañones y munición, además de material médico, más de 200 piezas de artillería y víveres. El investigador Antonio Sánchez de Mora documenta que el gobernador «habilitó el préstamo de dinero y facilitó el tránsito de víveres y municiones» por todo el territorio bajo su mando. Gálvez también cultivó contactos con comunidades indígenas de la región para frenar la expansión británica. Su estrategia era nítida: debilitar a la Pérfida Albión sin provocar un conflicto abierto antes de estar preparado.

La relación entre Gálvez y los rebeldes llegó a ser tan estrecha que el Congreso estadounidense propuso realizarle un retrato oficial. El gobernador andaluz respondió con entusiasmo: «Repito a vuestra merced las más atentas gracias», escribió en una carta fechada el 19 de diciembre de 1779.

La Armada española: la guerra de convoyes que nadie recuerda

En 1779, España declaró oficialmente la guerra a Gran Bretaña. Esa decisión obligó a Londres a repartir sus fuerzas entre el Canal de la Mancha, el Mediterráneo y el Golfo de México. El equilibrio militar cambió de forma sustancial.

El catedrático de Historia Rafael Torres sostiene que la flota de Carlos III libró una guerra de convoyes contra la Royal Navy para transportar hombres y pertrechos al otro lado del Atlántico. Su argumento es directo: «Sería como intentar comprender la Segunda Guerra Mundial sin la llegada de los convoyes desde el otro lado del Atlántico.» España llegó incluso a amenazar con un desembarco en las islas británicas. La presión funcionó: Londres no pudo concentrar sus recursos donde más los necesitaba.

El coste fue enorme. Entre 1779 y 1783, 33 buques de guerra españoles fueron destruidos, y una epidemia en el Canal de la Mancha segó cerca de 15.000 vidas en los primeros meses de campaña. Esas cifras rara vez aparecen en los libros de historia.

Una deuda de 364.000 millones de dólares que nadie ha reclamado

El abogado José María Lancho investiga desde 2003 la dimensión financiera de esta historia. Sus conclusiones son precisas: España financió aproximadamente el 30% de los recursos externos que necesitaron las Trece Colonias. Los registros documentan 3.465.972 pesos fuertes. Esa ayuda nunca fue devuelta.

Lo que agrava el asunto es que la omisión fue deliberada. Los ministros americanos en París comunicaron al Congreso una cifra falsa: apenas 150.000 pesos, cuando solo John Jay, ministro plenipotenciario para España, había gestionado más de un millón. Los documentos de la época, según Lancho, recomendaban no pagar porque «la prueba documental era difícil de reconstruir.»

Aplicando equivalencia de capacidad adquisitiva, la deuda ascendería hoy a 364.000 millones de dólares —más que cualquier oferta histórica de Estados Unidos por Groenlandia—. Y según Lancho, el derecho internacional público tal como lo ha entendido históricamente EE.UU. no reconoce la prescripción extintiva de las deudas entre estados.

Los otros héroes españoles que la historia borró

Gálvez no actuó solo. Detrás de él hay una red de figuras que la historia oficial ignoró por completo.

Diego de Gardoqui, comerciante bilbaíno, envió las primeras armas a los norteamericanos en 1775, antes incluso de que estallara el conflicto abierto. Su buena relación con los rebeldes le valió ser nombrado interlocutor oficial para gestionar toda la ayuda posterior; su estatua en Filadelfia fue restaurada en 2019 gracias al proyecto Desvelando Memorias de Iberdrola. Juan de Miralles facilitó la entrega de pertrechos gracias a su relación personal con George Washington, y Francisco de Saavedra, enviado especial del monarca a La Habana, coordinó las operaciones españolas en América junto a Gálvez. Entre ambos aportaron 1,5 millones de pesos de plata para que las Trece Colonias vencieran en la batalla de Yorktown en 1781. Sin ese dinero, el desenlace podría haber sido otro.

El proyecto Desvelando Memorias ha levantado decenas de memoriales en varios estados de EE.UU.: placas, monumentos, paneles informativos. Gestos concretos frente a un olvido de 250 años.


Quizás la pregunta más incómoda no es si Estados Unidos le debe algo a España. Es por qué una deuda tan documentada, tan cuantificable, lleva dos siglos y medio sin siquiera nombrarse. Las naciones construyen sus identidades eligiendo qué recuerdan y qué prefieren ignorar. El 250 aniversario de la independencia americana es una oportunidad para mirar lo que quedó debajo de la alfombra. Lo que se haga con esa mirada ya es otra cuestión.

Tags: Bernardo de Gálvezdeuda históricaEspañaEstados UnidosHistoriaindependenciamemoria histórica
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