Durante años, Cataluña ha acumulado un déficit inversor en infraestructuras que el sector constructor lleva tiempo reclamando que se corrija. Ahora, el Govern da un golpe de acelerador: el president Salvador Illa ha anunciado un plan de licitación de 1.429 millones de euros para 2026, un 17% más que el año anterior.
El anuncio llegó acompañado de un paquete inmediato de ocho obras por 502,7 millones, lanzadas ese mismo día. Qué hay detrás de cada proyecto, y si el impulso llegará a tiempo y en las condiciones que el sector exige, es lo que está por ver.
Un plan de 1.429 millones para cerrar el año
La inversión no llega de golpe. La Generalitat la ha estructurado en tres tramos: 419 millones ya licitados durante el primer semestre, los 502,7 millones del paquete lanzado el pasado viernes, y otros 510 millones previstos antes de que acabe diciembre de 2026.
Salvador Illa presentó el anuncio en una rueda de prensa de balance del curso político. Su mensaje fue directo: «Ponemos en marcha todas las infraestructuras y servicios que Catalunya necesita.» Detrás de la frase hay un compromiso concreto y medible: un 17% más de inversión licitada respecto al año anterior.
La variante de Les Presses y Olot, la obra estrella del paquete
Del paquete inmediato de ocho proyectos, uno concentra la mayor parte del presupuesto. La variante de Les Presses y Olot, en La Garrotxa, suma 447 millones de euros y contempla 11 kilómetros de nueva carretera, con el objetivo de completar el eje Vic-Olot, una conexión estratégica para una comarca con una orografía especialmente exigente.
Las siguientes obras en volumen son de escala muy distinta. El corredor de autobús rápido entre Blanes y Lloret, en La Selva, tiene un presupuesto de 25 millones; las mejoras de seguridad viaria en la C-37, entre Manlleu y Torelló, alcanzan los 13,5 millones. El contraste ilustra el peso singular que tiene la variante garrotxina dentro del conjunto.
Movilidad, sanidad y justicia: los destinos del segundo semestre
Los 510 millones previstos para el tramo final del año se reparten entre varios ámbitos. La movilidad se lleva la parte más grande, con 135 millones, seguida de los equipamientos sanitarios con 88 millones y los de justicia con 85 millones. El resto se distribuirá entre otros proyectos aún por detallar.
Esta diversificación tiene relevancia propia: el impulso inversor no se limita a la obra viaria, sino que alcanza servicios básicos con demanda acumulada. El reto es de calendario. Todas las licitaciones deben cerrarse antes de diciembre de 2026, lo que exige un ritmo sostenido durante los próximos meses.
El sector constructor: entre el aplauso y la advertencia
La Cambra de Contractistes d’Obres de Catalunya (Ccoc) recibió el anuncio con cautela positiva. Según la entidad, el plan representa «un paso importante para empezar a recuperar el déficit inversor acumulado en infraestructura que arrastra Catalunya.» No es un elogio incondicional, sino un reconocimiento de punto de partida.
Su presidente, Lluís Moreno, añadió dos condiciones: que el esfuerzo se consolide más allá de este ejercicio, y que el resto de administraciones aporten también más recursos. El sector lleva meses en alerta por el alza de costes de materiales y mano de obra, y por los concursos de obra pública que quedan desiertos por falta de ofertas. Que haya presupuesto no garantiza que haya empresas dispuestas a ejecutarlo en las condiciones actuales.
Una economía catalana que crece, pero con retos pendientes
El contexto macroeconómico acompaña, aunque no despeja todas las dudas. Según el Idescat, el PIB catalán creció un 0,7% en el segundo trimestre de 2026 respecto al primero, la misma cifra que el conjunto de España y dos décimas por encima de la media de la Unión Europea.
En términos interanuales, el crecimiento alcanzó el 3%, por encima del 2,7% registrado en el conjunto del Estado. La construcción y los servicios lideraron el avance, con una subida del 3,7% en ambos casos. Son datos que refuerzan la apuesta inversora del Govern, aunque la guerra en Irán mantiene abierta la incertidumbre sobre los precios de la energía y los materiales, lo que podría tensar aún más un mercado constructor ya bajo presión.
Lo que viene ahora
Los próximos meses serán la prueba real del plan. El Govern tiene el calendario marcado y los importes comprometidos. Lo que queda por ver es si las licitaciones encuentran suficientes ofertas competitivas, si los costes permiten ejecutar las obras dentro de los presupuestos previstos y si el ritmo aguanta hasta diciembre.
La variante de Les Presses y Olot, por su tamaño y complejidad, será el proyecto más observado. Su evolución dirá mucho sobre la capacidad real del sector para absorber este nuevo impulso. El déficit acumulado es antiguo. La voluntad política, por ahora, parece clara. La ejecución, como siempre, es lo que cuenta.
