Cada día, clientes entran en la mercería de Paco López Mengual con una necesidad concreta: un botón, un carrete de hilo, una cremallera. Pero sobre el mostrador también dejan otra cosa: historias. Confidencias sueltas, anécdotas de barrio, voces que se acumulan sin que nadie las reclame.
Lo que ocurre después, en ese local de Molina de Segura, es menos evidente.
Un balcón al mundo entre hilos y agujas
La mercería no es solo el lugar donde Paco López Mengual trabaja. Es, en sus propias palabras, «el balcón desde donde me asomo al mundo». Cada cliente que entra con una necesidad concreta —un botón, un hilo del color exacto— trae también algo más difícil de catalogar: un fragmento de vida. Paco escucha. Y esa escucha sostenida durante décadas se ha convertido en la materia prima de su literatura.
No todas las historias que cruzan el mostrador acaban en un libro. Muchas se quedan ahí, flotando. Pero otras germinan: se convierten en relatos, en novelas, en artículos de prensa. Hay un paralelismo que Paco no necesita forzar: el oficio del mercero y el del escritor comparten una misma disposición hacia lo humano, una atención casi instintiva a los detalles pequeños que otros dejan pasar.
La voz antes que la página: una infancia de historias orales
Paco López Mengual reconoce que su relación con la literatura no empezó con los libros. Empezó con la voz. Su madre le contaba historias para que comiera, y él se dejaba llevar entre cucharada y cucharada. Esa oralidad doméstica fue su primera escuela narrativa, mucho antes de que supiera lo que era una novela.
A esas historias maternas se sumaron las de los mayores del barrio. Recuerda con nitidez acabar escuchando al abuelo de un amigo, sentado en un rincón, contando episodios de la guerra. Aquellas voces —fragmentadas, imperfectas, cargadas de vida— sembraron en él una fascinación por los relatos que no ha abandonado.
Su formación lectora fue humilde. En casa había pocos libros, como en tantos hogares de su generación. La situación cambió con la llegada del Círculo de Lectores: aquellos volúmenes comprados para adornar el mueble del salón terminaron siendo leídos de verdad. Uno de los primeros que lo marcó fue Corazón, de De Amicis. La historia de Marco fue, según él mismo, su primera lectura verdaderamente «seria».
Empezar a escribir a los cuarenta: una carrera sin canon
Existe una imagen del escritor que empieza joven, casi predestinado. Paco López Mengual no responde a ese retrato. Empezó a escribir pasados los cuarenta años y desde entonces ha publicado más de veinte libros, desmontando cualquier idea de que la literatura exige un inicio precoz.
Su método creativo no sigue un esquema fijo. Una anécdota escuchada en un bar, una noticia, un comentario al vuelo pueden ser el «pistoletazo» que desencadena todo. A partir de ahí, la historia crece dentro de él hasta que exige ser escrita. Los tiempos varían de forma considerable: Espinosa Pardo le llevó doce años; su obra juvenil sobre el infante don Juan Manuel, apenas unos meses.
Escribir, dice, le dio «una nueva dimensión» a su vida. No lo plantea como metáfora. Lo dice como quien describe algo concreto, un antes y un después sin ambigüedad. La escritura no sustituyó a la mercería ni a la familia ni al barrio; se añadió a todo eso y lo amplió desde dentro.
Murcia también tiene sus leyendas: el divulgador de lo local
Una de las convicciones más firmes de Paco López Mengual es que la Región de Murcia tiene historias y leyendas a la altura de cualquier otro lugar. «Tenemos historias a la misma altura que las que te pueden contar cuando vas a Toledo o a Bilbao», afirma. El problema, según él, no es la falta de relatos sino la falta de quienes los cuenten con orgullo.
Esa convicción lo ha llevado a organizar paseos narrados por Murcia y Molina de Segura. El más llamativo es el recorrido nocturno por el cementerio, con enterradores portando faroles y actores que encarnan a personajes locales. No es folclore decorativo: es una forma de devolver la historia a quienes la habitan. Su presencia en radio, prensa y televisión prolonga ese trabajo de divulgación, siempre desde un costumbrismo atento a lo humano, sin grandilocuencia. Lo local, para Paco, no es un límite. Es un punto de partida.
La Fea Burguesía: editar por amor, no por negocio
La editorial La Fea Burguesía nació de una necesidad que Paco identificó en el entorno cultural murciano: había un boom literario, pero faltaban estructuras que lo sostuvieran. Cofundó el proyecto para dar visibilidad a ese movimiento, combinando autores consolidados con rescates de clásicos regionales y nuevas voces emergentes.
Él mismo la define como una iniciativa «más romántica que empresarial». No lo dice con resignación, sino con claridad sobre sus prioridades. La editorial no existe para maximizar beneficios; existe para que ciertos libros —y ciertos autores— tengan un lugar en el mundo.
El proyecto ha contribuido a consolidar una escena cultural local que sigue creciendo. Y en ese crecimiento, la figura de Paco López Mengual aparece una y otra vez: como autor, como editor, como divulgador, como escuchador profesional detrás de un mostrador lleno de hilos.
Quizás lo más significativo de la trayectoria de Paco López Mengual no sea la cantidad de libros publicados ni los paseos nocturnos por el cementerio. Es la pregunta que su historia deja flotando: ¿cuántas personas a nuestro alrededor acumulan décadas de escucha, de atención, de memoria viva, sin que nadie les haya dicho que eso también es literatura? La mercería de Molina de Segura lleva décadas demostrando que el material de la escritura no siempre está en las bibliotecas. A veces está en el mostrador de al lado.
