Las exportaciones españolas sumaron 201.133 millones de euros en el primer semestre de 2026, la segunda cifra más alta jamás registrada para ese periodo. El dato llama la atención por el momento en que se produce: con los aranceles de Trump penalizando las ventas europeas, el estrecho de Ormuz bloqueado desde hace meses y los costes energéticos bajo presión.
¿Cómo mantiene el sector exterior español esa resistencia? La respuesta no es sencilla.
Una cifra que desafía el contexto global
Los 201.133 millones de euros exportados en el primer semestre de 2026 no son un número menor. Representan un crecimiento del 2% respecto al mismo periodo de 2025 y sitúan al sector exterior español como el segundo mejor resultado histórico para ese intervalo, solo por detrás de los 201.456 millones del primer semestre de 2023. La distancia con el récord absoluto es mínima: apenas 323 millones de euros.
Junio fue especialmente destacado. Las exportaciones alcanzaron los 35.545 millones, un 5,3% más que en junio de 2025, marcando un récord mensual. Ese impulso final resultó clave para sostener el balance semestral.
Todo esto ocurre mientras los aranceles del 15% impuestos por la Administración Trump a los productos europeos siguen vigentes desde agosto de 2025, y mientras el bloqueo del estrecho de Ormuz mantiene en tensión los precios energéticos y altera las rutas comerciales globales. Visto así, el dato es difícil de explicar a primera vista.
Los motores que sostienen el tirón exportador
La explicación parcial llega al desglosar los sectores que han crecido. Las materias primas lideraron el avance con una subida del 21,8%, seguidas de los productos energéticos —principalmente petróleo refinado, que España exporta en volúmenes significativos pese a importar la mayor parte del crudo que consume—, con un alza del 22,2%. Los bienes de equipo, el principal capítulo exportador español, también aportaron: sus ventas aumentaron un 4,2%.
Esos motores compensaron las caídas registradas en otros sectores relevantes. El sector alimentario, segundo en peso dentro del sector exterior, retrocedió un 1,4%. Los productos químicos, el tercero, cayeron un 6,9%. Son señales de que la resistencia exportadora no es uniforme ni está libre de tensiones internas.
Europa como salvavidas: Francia, Alemania e Italia tiran de la demanda
El 62,8% de las exportaciones españolas tuvo como destino la Unión Europea: 126.232 millones de euros, un 3,7% más que en el primer semestre de 2025. El mercado comunitario actúa, una vez más, como red de seguridad del sector exterior nacional.
Francia lideró como principal cliente, con compras por 29.611 millones (+2,7%). Alemania absorbió 21.379 millones (+5,6%), e Italia alcanzó los 17.655 millones con un crecimiento del 9,7%. El contexto macroeconómico europeo ayudó: el PIB de la UE creció un 0,5% en el segundo trimestre, frente al 0,1% del primero. Esa recuperación compensó la debilidad de otros mercados internacionales. Sin ese empuje, el balance semestral habría sido muy distinto.
La otra cara de la moneda: un déficit comercial que se dispara
Las exportaciones crecen, pero las importaciones también, y a un ritmo mayor. El déficit comercial del primer semestre de 2026 alcanzó los 32.780 millones de euros, un 30,5% más que en el mismo periodo de 2025. Es el reverso incómodo de un sector exterior que, en apariencia, funciona bien.
El principal responsable es la factura energética. Las importaciones de energía crecieron un 13,1% hasta junio, rozando los 31.675 millones, y el saldo energético negativo asciende a 17.558 millones de euros. Una cifra que refleja la dependencia estructural de España del exterior en este ámbito. El paralelismo con 2022 es inevitable: aquel año, en plena crisis inflacionaria poscovid, el déficit semestral llegó a los 35.301 millones. El actual no lo supera, pero se aproxima.
EEUU y China: dos frentes abiertos sin solución a la vista
El comercio con Estados Unidos sigue resentido. Entre enero y junio, las exportaciones españolas al mercado estadounidense cayeron un 1,3%, hasta los 8.639 millones. Los aranceles del 15% pesan, aunque hay señales de cierta recuperación: en junio las ventas repuntaron un 4,4%, encadenando cuatro meses consecutivos al alza. El déficit bilateral con EEUU se redujo levemente, un 5,4%, hasta los 6.697 millones, en parte porque las importaciones desde ese país también bajaron un 3,2%. No es una mejora estructural, pero sí un alivio transitorio.
Con China, el panorama es más preocupante. Las exportaciones españolas apenas crecieron un 1,3%, totalizando 4.000 millones, mientras las importaciones desde el gigante asiático se dispararon un 10,1%, superando los 26.600 millones. El déficit con China alcanza los 22.599 millones, un 11,8% más. La estrategia de acercamiento del Gobierno no ha reducido ese desequilibrio, al menos por ahora.
Que España ronde su récord histórico de exportaciones en este entorno es, sin duda, una buena noticia. Pero los números también invitan a preguntarse qué tipo de crecimiento exterior se está construyendo: uno sostenido sobre bases diversas y resilientes, o uno que depende en exceso de la energía refinada, del mercado europeo y de una demanda exterior que puede enfriarse con rapidez si el contexto global empeora.
