Manuel López Martínez lleva décadas tirando del hilo de un trazo que empezó en los márgenes del cuaderno escolar
Había un niño que no podía seguir la clase. Mientras los demás resolvían ecuaciones, a él el lápiz se le escapaba por el papel, sin rumbo ni propósito aparente. Otros lo habrían llamado distracción. Manuel López Martínez lo llama, con el tiempo, el origen de todo. En ese garabato escolar —ese gesto que nadie tomaba en serio— había algo que ...
