El pasado noviembre, María Senovilla viajaba en un convoy de evacuación humanitaria junto a otro periodista. El vehículo iba correctamente identificado. Aun así, fue atacado.
No era la primera vez que esta fotoperiodista segoviana se encontraba en el centro del peligro. Lleva cuatro años cubriendo la guerra de Ucrania desde primera línea —desde enero de 2023, vive a solo 12 kilómetros del frente en el Donbás— y sigue sin plantearse marcharse. Lo que sí ha cambiado, advierte, es la naturaleza del riesgo.
Un convoy atacado, una periodista en el punto de mira
El ataque de noviembre no fue un daño colateral ni un error de cálculo. El vehículo iba marcado, era visible, y aun así fue el objetivo. Para Senovilla, ese incidente ilustra algo que ha observado cambiar de forma progresiva: los periodistas han dejado de ser figuras neutrales toleradas en el campo de batalla para convertirse en blancos deliberados.
Ese cambio tiene consecuencias muy concretas. Muchos reporteros han dejado de llevar el chaleco identificativo de prensa por miedo a que, lejos de protegerlos, los señale. La identificación, que durante décadas funcionó como escudo simbólico, puede ser hoy una diana.
Aun así, Senovilla no se plantea marcharse.
Cuatro años en primera línea: cómo ha cambiado la guerra
Llegó a Ucrania siete días después del inicio de la invasión, a finales de febrero de 2022. Desde enero de 2023 vive en el último reducto ucraniano del Donbás, a 12 kilómetros del frente. No trabaja desde una capital ni desde un hotel a distancia prudencial: trabaja desde dentro.
Desde esa posición ha podido observar cómo la estrategia rusa mutó por completo. La invasión inicial, con grandes columnas de tanques avanzando hacia las ciudades, dio paso a otra lógica: la destrucción sistemática por bombardeo. Ya no se trata de ocupar, sino de arrasar para luego controlar los escombros.
En ese nuevo escenario, los drones se han convertido en el arma dominante. Son precisos, baratos y difíciles de anticipar, y permiten atacar objetivos muy concretos: un convoy humanitario, una posición de evacuación, un periodista. La guerra se ha vuelto más selectiva en sus objetivos y más brutal en sus consecuencias para quienes no son combatientes.
Periodistas como objetivos: el silencio que Rusia quiere imponer
La lógica detrás de atacar a la prensa no resulta irracional desde el punto de vista de quien quiere actuar sin testigos. Sin periodistas no hay imágenes, sin imágenes no hay presión internacional, y sin presión hay más margen para cometer atrocidades.
Senovilla lo formula de forma directa: «Si los periodistas no estuviéramos contando lo que pasa en la guerra, pasarían cosas aún peores.» No es una afirmación de protagonismo. Es una descripción funcional del papel que cumple el periodismo en un conflicto armado.
Acceder a las posiciones de combate es cada vez más difícil y más peligroso. El camino hasta el frente se ha convertido en parte del riesgo, no solo el frente en sí. Esa dificultad creciente tiene un efecto directo sobre la cobertura: menos visibilidad, menos presión sobre quienes toman decisiones.
Una guerra que ya no abre portadas pero no ha terminado
Esta semana, la guerra en Ucrania cumplió 1.568 días. Los mismos que duró la Primera Guerra Mundial. Senovilla lo señaló con una frase breve y precisa: ya no abre portadas.
La fatiga informativa es real. Otros conflictos, otras crisis y otras urgencias compiten por la atención de los medios y del público. Pero el conflicto no ha disminuido en intensidad. Un 20 por ciento del territorio ucraniano, con aproximadamente cinco millones de habitantes, sigue bajo ocupación rusa.
Senovilla describe Ucrania como la guerra con la que se ha sentido más comprometida en toda su trayectoria —y ha cubierto Afganistán y múltiples crisis en África. La razón es sencilla: ocurre en suelo europeo. La siente, dice, en primera persona. Sus fotografías lo reflejan: ancianos que se niegan a ser evacuados, ciudades convertidas en ruinas, familias que viven bajo tierra para sobrevivir a los bombardeos. El paisaje humano de la guerra no cambia aunque cambien las armas.
La exposición en Murcia: fotografías que obligan a mirar
Del 26 de junio al 19 de julio, la Avenida Alfonso X El Sabio de Murcia acogerá la exposición de Senovilla. Las imágenes muestran el frente, las ciudades destruidas y la vida cotidiana bajo los bombardeos, pero también incluyen fotografías de cómo era Ucrania antes de la guerra.
Ese contraste es deliberado. La muestra no busca solo documentar la destrucción, sino recordar qué es lo que está en juego. Mostrar por qué luchan los ucranianos exige mostrar lo que existía antes de que comenzara el bombardeo.
Senovilla llega a Murcia con dos reconocimientos recientes: el Premio Maga de Magas 2026 a la Mejor Reportera y el Premio Periodismo al Límite 2023. Los premios reconocen una trayectoria, pero su trabajo en Ucrania plantea una pregunta más incómoda: ¿cuánto tiempo puede el mundo sostener la mirada antes de apartar los ojos? Y sobre todo, ¿qué ocurre cuando lo hace?
