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Después de la DANA, la Comunitat Valenciana diseña un plan para que sus redes energéticas resistan lo que viene

by Dirección
19 de junio de 2026
in Actualidad
Operarios restauran tendido eléctrico tras las inundaciones de la DANA en Valencia, con subestación dañada en primer plano

Trabajadores de infraestructuras eléctricas intervienen en una zona inundada de Valencia tras el paso de la DANA, mientras la Comunitat diseña un plan de resiliencia energética.

En octubre de 2024, la DANA dejó a más de 173.000 hogares valencianos sin electricidad y dañó más de 500 centros de transformación en cuestión de horas. La respuesta fue notable: el 99% del suministro se restableció en menos de 72 horas.

Pero resistir un golpe no es lo mismo que estar preparado para el siguiente. Y la pregunta que empieza a circular entre técnicos y administraciones es incómoda: ¿qué ocurriría si el próximo evento llegara antes de que se completen las mejoras, o con una intensidad mayor?

Una catástrofe que puso a prueba toda la red

La DANA de octubre de 2024 no fue solo una emergencia humanitaria. Fue también un examen severo para las infraestructuras energéticas de la Comunitat Valenciana: más de 173.000 hogares se quedaron sin electricidad y más de 500 centros de transformación resultaron dañados en pocas horas.

La respuesta operativa fue, en muchos sentidos, destacable. Gracias a la colaboración público-privada, el suministro eléctrico se restableció al 99% en menos de 72 horas. El gas mostró aún mayor solidez: aunque se cortó de forma preventiva a 24.000 clientes, el servicio se recuperó por completo en tres semanas.

Restablecer la red, sin embargo, no significó que todos los hogares recuperaran la luz. El problema también estaba dentro de las viviendas: los cuadros eléctricos inundados en plantas bajas obligaron a activar contratos de emergencia para su reparación, con una inversión que rozó los dos millones de euros.

Resistencia no es resiliencia: la diferencia que importa

Un informe elaborado por el Instituto Universitario de Investigación de Ingeniería Energética de la Universitat Politècnica de València (UPV) y la Fundación Naturgy establece una distinción que parece técnica pero tiene consecuencias muy prácticas: resistir un evento no es lo mismo que ser resiliente ante él. La infraestructura resiliente no es la que nunca falla, sino la que se anticipa, se adapta y se recupera con rapidez cuando ocurre lo peor.

Las redes en superficie —especialmente las eléctricas y las estaciones de servicio— son las más expuestas a inundaciones y vientos extremos. La red de gas subterránea, en cambio, demostró durante la DANA una solidez considerablemente mayor.

El informe también advierte sobre el llamado «efecto dominó». Cuando las redes de energía, agua, transporte y comunicaciones están interconectadas, el fallo de una arrastra a las demás, y los costes indirectos resultantes superan con frecuencia a los costes directos de reparación.

Un modelo en cuatro fases para afrontar el próximo evento

Para estructurar la respuesta, el estudio propone un ciclo de resiliencia dividido en cuatro fases: prevención, preparación, respuesta y recuperación. Cada etapa incluye medidas concretas, no recomendaciones genéricas.

La prevención exige invertir en tecnologías adaptadas al clima y desarrollar marcos regulatorios estables que den certidumbre a largo plazo. Sin esa base normativa, la inversión privada no llega. La preparación, por su parte, implica planes de contingencia que contemplen la interdependencia entre infraestructuras, junto a sistemas de alerta temprana capaces de anticipar cascadas de fallos.

Para la recuperación, los expertos señalan una medida técnica prioritaria: aumentar el mallado de la red eléctrica. Una red más interconectada puede redirigir el suministro cuando parte de la infraestructura queda dañada, reduciendo el tiempo sin luz para los ciudadanos.

Digitalización y gemelos digitales: la tecnología como escudo

El informe identifica la innovación tecnológica como uno de los pilares del nuevo modelo, con prioridades que van desde las redes inteligentes y la monitorización avanzada hasta el análisis predictivo y los gemelos digitales que permitan simular escenarios antes de que se produzcan.

La Generalitat Valenciana ya trabaja en esa dirección. Raúl Mérida, comisionado para la Recuperación, mencionó durante la presentación del estudio el impulso a un gemelo digital del territorio que mejore la toma de decisiones ante riesgos climáticos. El informe apunta también al soterramiento selectivo de líneas y al refuerzo estructural de instalaciones en zonas inundables. No todo puede soterrase, pero sí los tramos más vulnerables.

Ignacio Garcia Bosch, de i-DE Redes Eléctricas Inteligentes del Grupo Iberdrola, señaló que la digitalización de las redes fue clave para la rápida reposición del suministro tras la DANA. La lección, según él, es aprender de lo ocurrido para estar más protegidos.

Bonos catástrofe y colaboración público-privada: quién paga la resiliencia

Ninguna de estas medidas es gratuita. El informe propone combinar fondos públicos, inversión privada, contratos a largo plazo y fondos de inversión público-privados para financiar el plan. Para atraer capital privado, el documento identifica dos condiciones imprescindibles: marcos regulatorios claros y una comunicación eficaz de los beneficios a medio plazo. Sin esas garantías, el dinero privado no fluye hacia infraestructuras de resiliencia.

Entre los mecanismos financieros específicos, el estudio destaca los bonos de catástrofe, los seguros y reaseguros, y los fondos de contingencia —instrumentos ya utilizados en otros países ante riesgos climáticos crecientes.

Los expertos advierten, no obstante, de un límite real: la red infinitamente segura es infinitamente cara. Fortalecer la resiliencia exige priorizar, asumir riesgos calculados y tomar decisiones difíciles sobre dónde invertir primero. Lo que no es una opción es no invertir. Los eventos extremos no esperan a que los presupuestos estén listos, y la frecuencia con la que se producen indica que el margen de tiempo para actuar es más estrecho de lo que parece.

Tags: cambio climáticoComunitat ValencianaDANAinfraestructuraredes energéticasresilienciatecnología
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