En las consultas de cirugía estética, los pacientes ya no llegan con recortes de revistas ni fotos de famosos. Ahora muestran su propia cara pasada por un filtro de TikTok. Mientras tanto, un futbolista prescribe métodos con el sol en prime time y tres anuncios de Ozempic se cuelan en el descanso de la Super Bowl sin un solo paciente obeso en pantalla.
En ese escenario, Faustino Alonso pasa consulta en un centro de salud de La Laguna y ha decidido no quedarse callado.
Un médico que creció entre quirófanos
Faustino Alonso nació en Tenerife en 1991 con una discapacidad que lo llevó al quirófano una y otra vez desde pequeño. El miedo nunca desapareció del todo. «Yo siempre entraba al quirófano temblando», reconoce. Pero ese miedo fue transformándose en algo distinto: admiración. Los médicos eran quienes le permitían caminar, y esa deuda emocional forjó una vocación sin fisuras.
Esa experiencia temprana también le dio algo difícil de aprender en una facultad: empatía real. Sabe lo que es temer la figura del médico, como hacen los niños, y sabe lo que es temer lo que el médico va a decir, como hacen los adultos. Entiende los dos miedos desde dentro.
La discapacidad, lejos de cerrarlo, lo hizo más curioso. Cuando tienes que buscar soluciones constantemente —este médico, esta terapia, este deporte—, acabas desarrollando una creatividad ante los problemas que otros no necesitan cultivar. De ahí, quizás, su perfil de polímata: médico, deportista, fundador de una ONG, divulgador en redes.
Campeón de natación donde nadie esperaba verle
Que alguien que no puede estar hora y media de pie se convierta en campeón de España de natación paralímpica tiene algo de paradoja. Alonso lo sabe y lo dice sin dramatismo. El deporte, señala, le salvó la vida. De esa deuda nació Atletas sin Fronteras, una ONG para acercar el deporte a personas con discapacidad de forma natural, sin paternalismos.
En sus redes hace algo que no todo el mundo se atreve: reírse de su propia discapacidad. Lo defiende como mecanismo de superación genuino. «Si eres capaz de verlo como algo gracioso, es que lo tienes superado», argumenta. También es un activista firme del término «discapacidad» frente a eufemismos como «diversidad funcional» o «capacidad diferente», que considera igual de dañinos que los insultos. La condescendencia, advierte, puede ser tan perjudicial como la crueldad.
El problema: cuando el scroll dicta qué es verdad
Las redes sociales han puesto todo el conocimiento humano en la palma de la mano. Y aun así, o quizás por eso, ha triunfado la desinformación. Alonso lo resume con una sola idea: nunca habíamos tenido tanto acceso a información y, sin embargo, los bulos campan a sus anchas.
El caso del futbolista Marcos Llorente ilustra bien el problema: divulgó un método con el sol en horario de máxima audiencia y sus argumentos llegaron más lejos que los de cualquier profesional sanitario. Para Alonso, la respuesta no es la censura sino el debate y la presencia activa de médicos en esas mismas plataformas. Cita como modelo a Javier Santaolalla, físico que debatió públicamente con un terraplanista: gracias a ese enfrentamiento, miles de jóvenes descubrieron a un divulgador riguroso. El método funciona.
Ozempic, filtros de TikTok y la nueva perfección
El Ozempic es un fármaco útil. Alonso lo prescribe, pero solo a pacientes con obesidad que demuestran que lo van a acompañar de un cambio real de hábitos. El problema es otro: tres anuncios del medicamento en el descanso de la Super Bowl, ningún paciente obeso en pantalla. Las farmacéuticas curan enfermedades, pero también buscan el mayor número posible de consumidores.
La obsesión con el cuerpo perfecto no se detiene ahí. En los gimnasios, Alonso observa con preocupación a chicos de dieciocho años inyectándose testosterona. En las consultas de cirugía estética, los pacientes ya no llevan fotos de famosos: llevan su propia cara filtrada por TikTok, y esa imagen procesada se ha convertido en el nuevo canon de perfección. Su diagnóstico es claro: este problema no se resuelve con restricciones, sino con educación pública y espíritu crítico desde la infancia.
El antídoto que receta Doctor Faus
Cuando Alonso habla de soluciones, lo hace con la precisión de quien sabe que los titulares virales no duran. El mundo, dice, está lleno de «crisis McDonald’s»: se monetizan, generan alarma y desaparecen. El hantavirus fue una. Habrá más. Ante cada una, propone intervenir de forma aséptica, apolítica y responsable.
Su presencia en Instagram y TikTok responde a esa lógica. Si los bulos prosperan en esas plataformas, la ciencia tiene que estar allí también. No se puede ceder el terreno.
El antídoto final que receta es casi desarmante en su sencillez: apagar más el móvil, salir más, y dejar de percibir toda discrepancia como un ataque a la propia identidad. La pregunta que deja en el aire es la más difícil de responder. Si un médico con discapacidad, campeón de natación y fundador de una ONG ha encontrado tiempo para todo eso, ¿qué excusa tienes tú para no desarrollar un mínimo de espíritu crítico?
