Las gradas del Estadio de Miami temblaban con miles de argentinos que habían cruzado medio mundo para ver ganar al campeón. Pero el marcador se igualó una vez. Luego, otra vez. Y el reloj seguía corriendo.
Cabo Verde no era un rival que nadie esperaba temer. Sin embargo, ahí estaba: firme, organizado, capaz de neutralizar cada ventaja que Argentina conseguía. La sombra de los penales se fue alargando con cada minuto que pasaba.
Un partido que nadie imaginaba tan difícil
Argentina salió al césped de Miami con la convicción del campeón. La posesión, la presión, el ritmo: todo debía ser suyo. Cabo Verde, en cambio, tenía otro plan. Los africanos se replegaron desde el primer minuto, esperando el error y buscando el contragolpe. No vinieron a jugar bonito. Vinieron a sobrevivir y, si la ocasión lo permitía, a hacer historia.
El portero Vozinha fue la primera figura del encuentro, frustrando una y otra vez las llegadas argentinas y manteniendo el marcador en cero cuando la lógica pedía que ya hubiera gol.
Scaloni lo reconoció sin rodeos al final: fue un «partido durísimo». El miedo a perder, dijo, estuvo presente. No como abstracción, sino como posibilidad real que rondó tanto al banquillo como a los jugadores sobre el campo.
Messi abre el marcador, pero Cabo Verde no se rinde
El gol llegó con la firma inconfundible de Messi. Lisandro Martínez lo habilitó con precisión y La Pulga no perdonó. Era el tanto que debía abrir el partido. Ocurrió lo contrario.
«Hicimos lo más difícil que era el gol, creímos que a partir de eso íbamos a encontrar nuestro juego, pero fue todo lo contrario», admitió el propio Messi. Argentina perdió la pelota, retrocedió y dejó de presionar con coordinación. El espacio que Cabo Verde necesitaba apareció desde los laterales argentinos, una zona que se repitió como fuente constante de problemas durante todo el encuentro.
Deroy Duarte aprovechó esos errores y empató. Lisandro Martínez respondió con el segundo gol argentino, esta vez como rematador. Pero Cabo Verde volvió a igualar: otra vez Duarte. Dos veces el favorito estuvo arriba, dos veces el rival lo borró del marcador.
El fantasma de los penales y el gol de la salvación
Con el 2-2 en el marcador y el reloj avanzando hacia la prórroga, las gradas enmudecieron. Los penales habían dejado de ser una posibilidad remota. En este Mundial, Alemania —uno de los candidatos— ya había caído eliminada desde los doce pasos, y nadie estaba a salvo.
Vozinha, además, había demostrado reflejos y una presencia notable bajo los palos. Si la definición llegaba a penales, Cabo Verde tendría a su propio héroe en el arco.
Cristian «Cuti» Romero evitó que todo eso importara. Un cabezazo suyo en el tiempo extra puso el 3-2 definitivo. Hasta el pitido final, no obstante, el peor presagio siguió latente. Solo cuando el árbitro cerró el partido pudo Argentina respirar.
Las voces del vestuario: autocrítica y orgullo
En el vestuario convivieron dos emociones distintas: el alivio por pasar de ronda y la conciencia de que algo no había funcionado como debía.
Messi fue directo. «Quedamos un poco descoordinados, y por eso nos hacían correr porque no podíamos presionarlo bien», dijo el capitán. Señaló que los errores «fueron muchos» y que es necesario corregirlos antes del siguiente partido, aunque reconoció que hay aspectos positivos más allá del resultado.
Lisandro Martínez eligió destacar lo que el grupo tiene de especial. «Este equipo no se da nunca por vencido y hay una energía hermosa en este grupo. Creo que estamos preparados para todo», afirmó el central del Manchester City. Scaloni cerró con una frase que resume la identidad de este equipo: «Argentina compite y va a competir hasta el final.»
El próximo desafío: Egipto en Atlanta
El martes, Argentina se medirá ante Egipto en Atlanta. El rival no es menor: eliminó a Australia en penales y llega con confianza, con Mohamed Salah como referente indiscutido en sus filas.
La pregunta que queda abierta es incómoda pero necesaria. ¿Fue el rendimiento ante Cabo Verde una anomalía puntual o una señal de algo más profundo? La descoordinación defensiva y la pérdida del control tras el primer gol son aspectos que el cuerpo técnico deberá trabajar en las horas disponibles.
Messi comparte el podio de goleadores del torneo junto a Mbappé, Kane y Haaland. Su nivel individual no está en duda. Lo que Argentina debe demostrar ante Egipto es que puede sostener un partido completo sin depender de la épica del último minuto. El sufrimiento de Miami fue una advertencia. Ahora toca responder con claridad.
