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Oyarzabal, el goleador que no piensa en sus goles: «Si sirven para ayudar al equipo, estaré inmensamente feliz»

by Dirección
6 de julio de 2026
in Deportes
Oyarzabal, sereno entre la celebración de sus compañeros de la selección española durante un partido del Mundial 2026

Mikel Oyarzabal, tranquilo y concentrado mientras España celebra en el Mundial 2026: el goleador que antepone el equipo a sus propios registros.

Dallas acoge estos días a la selección española más afilada de los últimos años, y Mikel Oyarzabal es su punta de lanza. El delantero de la Real Sociedad llega a los octavos de final del Mundial 2026 con 29 goles internacionales y una racha de goles más asistencias desde marzo de 2025 sin precedentes en la historia de la selección.

Y, sin embargo, se sienta a hablar con una calma que desconcierta.

El goleador más sereno del Mundial

El contexto no tiene nada de ordinario. Oyarzabal llega al cruce ante Portugal como máximo goleador de España en el torneo, con 29 tantos acumulados y una racha de participaciones en gol desde marzo de 2025 que no encuentra parangón en el combinado nacional. Sus entrenadores y compañeros llevan años tratándolo como una referencia. Ahora el resto del mundo empieza a verlo igual.

Él no altera el gesto.

En ruedas de prensa y entrevistas, su actitud choca con la euforia del entorno. Responde con mesura, sin aspavientos, sin dejarse arrastrar por las cifras. Reconoce que fuera de su círculo cercano no se encuentra del todo cómodo: «No es nuestra zona de confort», admite. Pero eso, asegura, no afecta ni a su rendimiento ni a su manera de estar. Tan tranquilo como el primer día del torneo.

El colectivo por encima de todo

Si escuchas a Oyarzabal durante unos minutos, dos palabras reaparecen de forma constante: equipo y colectivo. No es un recurso retórico. Es, según él, el eje desde el que entiende el fútbol.

«Si sirven para ayudar al equipo, estaré inmensamente feliz; si no sirve para ello, de poco sirve», dice sobre sus cifras individuales. La lógica es sencilla: en un deporte colectivo, el logro personal solo adquiere sentido si beneficia al grupo. Si hubiera elegido una disciplina individual, razona, tendría más sentido mirar sus propios números. Pero no es el caso.

Esta filosofía no es una pose. Es lo que le permite mantenerse estable desde el primer partido: sin pico de euforia porque no hay obsesión con lo individual. El termómetro que consulta es otro.

La adrenalina del fútbol y lo que lo hace único

Oyarzabal no juega al fútbol por la fama ni por los récords. Lo que le engancha, dice, es la competición pura. «Me gusta mucho competir. Muy pocas cosas le dan al cuerpo lo que le da la competición de primerísimo nivel.»

Pero hay algo más allá de los resultados. Describe el fútbol como un deporte capaz de despertar pasiones que ningún otro genera: las celebraciones, las tristezas, la gente en las gradas. «Todo eso lo hace único», afirma. El juego también le ha dado experiencias vitales que de otro modo nunca habría tenido. «Probablemente si no estuviera jugando al fútbol, no hubiera venido a Dallas ni a Los Ángeles en mi vida.» Y junto a los viajes, lo que más valora son las relaciones forjadas en los vestuarios: las amistades del fútbol, dice, suelen ser para toda la vida.

La Real Sociedad como ancla vital

Cuando le preguntan qué tiene la Real Sociedad que no pueda encontrar en otro club, Oyarzabal no duda. «Tengo a mi familia viviendo a diez minutos de mi casa, a mis suegros a media hora, a mis amigos cerca. Si necesito cualquier cosa, me echan un capote en dos minutos.»

No es nostalgia. Es una vida construida en torno a vínculos que no podría reproducir en otro lugar. Reconoce que «nunca se sabe lo que puede pasar», pero su arraigo en San Sebastián va mucho más allá del fútbol. Hay un detalle pequeño que lo resume con precisión: la ‘M’ que dibuja con los dedos cada vez que marca un gol es por su hijo Martín. Ese mundo personal, discreto y protegido, alimenta su serenidad dentro del campo.

Un Mundial cada vez más igualado, y España con los pies en el suelo

Oyarzabal no se fía de los titulares. Tras el sólido partido ante Austria, advierte contra el exceso de optimismo: «Que no nos pille el toro.» La ilusión está bien, pero hay que tener los pies en el suelo.

Su argumento tiene base. Cabo Verde no perdió en noventa minutos contra ninguno de sus cuatro rivales en el torneo, y Argentina necesitó la prórroga para eliminarlos. «Nadie regala nada», repite. El fútbol se iguala cada vez más: todos analizan a todos, todos preparan a todos. Ante Portugal, su propuesta es centrarse en el propio juego y dar continuidad a las buenas sensaciones del último partido. Sin fórmulas mágicas.

Quizás ahí está la lectura más relevante que ofrece Oyarzabal, más allá de los goles. En un deporte —y en una época— que premia el ruido y la euforia, él propone otra cosa: constancia, colectivo y calma. Que los números hablen solos, si es que tienen algo que decir.

Tags: colectivodeportefútbolgoleadorMundial 2026OyarzabalReal Sociedad
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