Hace 460 millones de años, la Tierra era un planeta casi irreconocible: sin árboles, sin reptiles, sin ningún vertebrado pisando tierra firme. Los continentes eran paisajes desnudos donde la vida apenas comenzaba a aventurarse fuera del agua.
Y sin embargo, algo ya se movía sobre ese suelo.
Un nuevo estudio internacional sitúa a los milpiés entre los primeros animales en colonizar la tierra firme, mucho antes de lo que cualquier investigación previa había sugerido. El hallazgo involucra especímenes localizados en Canarias y México, y modifica una parte fundamental de la cronología de la vida terrestre.
El hallazgo que reescribe la cronología de la vida terrestre
Publicado en la revista Current Biology, el estudio logró algo que durante más de un siglo parecía inalcanzable: reconstruir por primera vez el árbol evolutivo completo de todos los órdenes vivos de milpiés. Hasta ahora, faltaban piezas clave que impedían cerrar ese rompecabezas.
Los análisis sitúan el origen del grupo hace aproximadamente 460 millones de años, unos 35 millones antes de los fósiles de milpiés más antiguos conocidos. Esa diferencia no es un detalle menor. Modifica directamente las estimaciones sobre cuándo comenzaron los animales a colonizar los ambientes terrestres.
La cifra adquiere otra dimensión al compararla con los vertebrados, que aparecieron en tierra firme bastante después. Los milpiés les llevaban más de 80 millones de años de ventaja.
Una búsqueda casi imposible: diez personas, una semana, un solo ejemplar
Para completar ese árbol evolutivo, los investigadores necesitaban dos grupos de milpiés extraordinariamente raros: Siphoniulida y Siphonocryptida. Nunca habían sido analizados con técnicas genéticas modernas, y el motivo era simple: encontrar ejemplares vivos resultaba casi imposible.
Los equipos viajaron hasta Los Tuxtlas, en México, y hasta las Islas Canarias, donde viven poblaciones de estas especies esquivas. Pasan gran parte de su existencia bajo tierra o en suelos de difícil acceso, lo que convierte cualquier avistamiento en un acontecimiento poco frecuente.
En uno de los casos, diez personas tardaron más de una semana en localizar un único ejemplar adulto. El animal medía apenas un centímetro. Esa sola muestra fue el paso que permitió cerrar definitivamente el rompecabezas evolutivo del grupo.
Genómica, fósiles y terabytes de datos: cómo se reconstruyó su historia
Una vez obtenidas las muestras, comenzó la fase más exigente. Los científicos secuenciaron el ADN de 82 especies distintas de milpiés y compararon cientos de genes entre ellas. Para anclar esa historia genética en el tiempo, incorporaron datos de 29 fósiles, registros físicos que permitieron calibrar las fechas evolutivas y conectarlas con momentos concretos del pasado geológico.
El volumen de información fue considerable: la investigación generó terabytes de datos genéticos procesados mediante sistemas avanzados de computación científica. El resultado situó por fin a los grupos antes desconocidos en su lugar dentro del árbol evolutivo.
Los primeros ingenieros del suelo en un planeta sin bosques
Hace 460 millones de años no había árboles, flores, hierbas ni ningún vertebrado en tierra firme. Los continentes eran paisajes casi desnudos, con formas vegetales simples y suelos sin la complejidad biológica que tienen hoy.
En ese entorno, los milpiés habrían procesado materia orgánica en descomposición y reciclado nutrientes, transformando lentamente esos suelos y creando condiciones más favorables para la expansión posterior de plantas y otros organismos. El estudio refuerza una idea que gana respaldo entre los especialistas: los artrópodos fueron pioneros en la conquista de la tierra firme. Mucho antes de que cualquier vertebrado abandonara el agua, varios grupos de invertebrados ya vivían y operaban sobre los continentes.
Armas químicas de 260 millones de años y un grupo que aún guarda secretos
La reconstrucción evolutiva también permitió rastrear el origen de las defensas químicas de los milpiés. Según el estudio, estas podrían haber aparecido hace unos 260 millones de años, antes de que surgieran muchos grupos animales modernos, lo que supuso una ventaja decisiva para su supervivencia.
Esas sustancias tóxicas o irritantes les permitieron mantenerse en ecosistemas cada vez más competitivos y superar múltiples extinciones masivas. Hoy, más de 14.000 especies descritas siguen cumpliendo esa misma función de recicladores de materia vegetal en suelos de todo el mundo. Los expertos estiman que podrían existir decenas de miles más en regiones tropicales y subterráneas aún poco exploradas, aunque permanecen casi invisibles para el público general.
Quizás eso sea lo más revelador de este descubrimiento. Los organismos que prepararon el terreno para toda la vida terrestre posterior llevan cientos de millones de años trabajando en silencio, bajo nuestros pies, sin que apenas lo notemos. Vale la pena preguntarse cuántas otras historias fundamentales siguen esperando, igual de ocultas, a que alguien se tome el tiempo de buscarlas.
