Cada verano, las carreteras de Galicia se llenan de conductores que se desplazan entre provincias, hacia la costa o de vuelta a casa. Y cada verano, la DGT refuerza su presencia en esos mismos tramos.
Este año, la red de control de velocidad en la comunidad alcanza los 219 cinemómetros repartidos entre A Coruña, Lugo, Pontevedra y Ourense. Autovías, nacionales y carreteras secundarias quedan dentro de su alcance, aunque no todas las provincias ni todos los tipos de vía tienen el mismo peso en ese despliegue.
Una red de vigilancia que no para de crecer
La presencia de radares en las carreteras gallegas no es nueva, pero su escala actual representa un salto significativo. La DGT ha consolidado una red de 219 cinemómetros que sitúa a Galicia entre las comunidades con mayor densidad de control de velocidad del país.
El objetivo declarado por Pere Navarro y su equipo es preciso: identificar y sancionar a los conductores que superan los límites establecidos. La estrategia no se limita a la recaudación de multas, sino que busca modificar el comportamiento al volante en una temporada con mayor exposición al riesgo.
El verano concentra más tráfico, más desplazamientos y, históricamente, más accidentes. Galicia se suma así a la tendencia nacional de intensificar los controles cuando las carreteras están más saturadas.
Tres tipos de radar, una misma misión
No todos los cinemómetros funcionan de la misma manera. De los 219 desplegados en Galicia, 139 son radares móviles, el tipo más numeroso. Su principal ventaja es la versatilidad: pueden operar en distintos puntos dentro de un tramo definido, lo que hace imposible anticipar su posición exacta.
Los 66 radares fijos vigilan ubicaciones concretas de forma permanente. Su posición no cambia, pero el efecto disuasorio resulta constante en los puntos donde históricamente se acumulan más infracciones.
Los 14 radares de tramo son los más sofisticados del sistema. Miden la velocidad media entre dos puntos, eliminando la táctica habitual de frenar antes del dispositivo y acelerar después. Juntos, los tres tipos generan una cobertura difícil de eludir para quien supera los límites.
A Coruña y Lugo, las provincias con mayor densidad de control
A Coruña encabeza el ranking con 62 cinemómetros. Su red incluye radares en autovías como la A-6 y la AP-9, pero también en carreteras autonómicas como la AC-552 o la AC-862, lo que refleja la complejidad del tráfico en esta provincia.
Lugo le sigue con 56 radares. La N-VI concentra una presencia especialmente intensa de dispositivos móviles, con tramos que se extienden durante decenas de kilómetros en ambos sentidos. La A-8 también acumula una vigilancia notable, y en ella destacan varios radares de tramo de gran longitud. Uno supera los cinco kilómetros de control continuo, obligando al conductor a mantener una velocidad constante durante un recorrido prolongado, sin margen para recuperar tiempo perdido.
La concentración de radares en estas dos provincias responde a su mayor volumen de tráfico y a tramos con historial de siniestralidad elevada.
Pontevedra y Ourense: cobertura extensa en carreteras secundarias
Pontevedra suma 54 radares, con una presencia destacada en la N-550, una de las vías con más dispositivos de toda Galicia. La AP-9 también concentra varios cinemómetros, incluidos dos radares de tramo de más de tres y cinco kilómetros respectivamente. Más allá de los grandes ejes, la provincia cuenta con una red extensa de radares móviles en carreteras locales como la PO-552, la PO-400 o la PO-308, ampliando el control mucho más allá de las autopistas y nacionales principales.
Ourense cierra el ranking provincial con 47 cinemómetros. La N-525 y la N-120 concentran buena parte de los dispositivos, con tramos móviles que se suceden a lo largo de decenas de kilómetros. Destacan también dos radares de tramo: uno en la N-525 en el PK 245.985, con 3,6 kilómetros de longitud, y otro en la OU-536 en el PK 28.04, que cubre 2,2 kilómetros. Las carreteras secundarias también están vigiladas, con radares móviles en vías como la OU-531, la OU-533 o la OU-540.
Qué significa esto para el conductor que viaja por Galicia este verano
Con 219 radares activos, prácticamente ninguna carretera principal de Galicia queda fuera del alcance de algún tipo de control. Los grandes ejes están cubiertos, pero también muchas vías secundarias que en otros veranos quedaban al margen.
Los radares móviles son el factor más impredecible. Pueden aparecer en cualquier punto dentro de su rango de actuación, que en algunos casos supera los 60 kilómetros, y memorizarlos no es una estrategia viable.
Las multas por exceso de velocidad oscilan entre 100 y 600 euros y pueden llevar aparejada la pérdida de puntos del carné según la gravedad de la infracción. Respetar los límites es la única forma de evitarlas con certeza. La DGT publica la lista completa de ubicaciones de sus cinemómetros; consultarla antes de salir permite conocer qué tramos tienen control fijo o de tramo, aunque no elimina la incertidumbre de los dispositivos móviles. En Galicia este verano, la vigilancia está en todas partes.
