En cadena nacional, Javier Milei anunció esta semana lo que describió como las reformas estructurales más importantes del Banco Central en 91 años. La propuesta reduciría drásticamente las funciones de la institución y crearía un mecanismo de bloqueo automático del gasto público inspirado en el shutdown estadounidense.
El anuncio llega en un momento de creciente tensión. Las encuestas registran el nivel de pesimismo ciudadano más alto desde que Milei asumió el poder. Y desde dentro de su propio gobierno ya se escuchan voces críticas sobre el rumbo de la presidencia.
Una reforma que cambia las reglas del juego monetario
Milei describió su propuesta como las reformas estructurales más importantes del Banco Central en 91 años. El objetivo central es eliminar la posibilidad de que el BCRA emita dinero para financiar el gasto público. Con eso, el presidente busca blindar su programa económico frente a futuras administraciones que pudieran revertir su política de ajuste.
La reforma implica modificar la Carta Orgánica del Banco Central. Ese documento incluye hoy, entre las funciones del organismo, la promoción del empleo y el desarrollo económico con equidad social. Milei quiere suprimir esos mandatos y reducir la institución a funciones estrictamente monetarias, sin los compromisos sociales que la Carta contempla desde hace décadas.
El proyecto deberá pasar por el Congreso, donde el oficialismo no tiene mayoría garantizada en ninguna de las dos cámaras. Eso convierte la aprobación en un proceso incierto y potencialmente largo.
El ‘grillete fiscal’ y la inspiración en el ‘shutdown’ estadounidense
Junto a la reforma del BCRA, Milei propuso crear lo que llamó un «grillete fiscal». El mecanismo paralizaría el gasto público si el Congreso no aprueba el presupuesto a tiempo, siguiendo el modelo del cierre administrativo federal de Estados Unidos. Durante esa pausa, se suspenderían los programas no esenciales y miles de empleados estatales dejarían de cobrar su salario.
El presidente encuadró la emisión monetaria como una «estafa»: un impuesto inflacionario que permite aumentar los ingresos del Estado sin autorización del Congreso. Para sostener ese argumento, citó cifras de inflación acumulada desde la creación del BCRA que generaron estupor entre economistas por su dificultad de verificación.
La más llamativa fue una tasa acumulada de más de doce trillones por ciento desde 1935. Ese tipo de dato, aunque técnicamente calculable con metodologías específicas, es prácticamente inverificable. Varios especialistas lo recibieron con escepticismo.
Las advertencias de los expertos: ¿qué perdería el Banco Central?
Las críticas técnicas no tardaron en aparecer. Mercedes Marcó del Pont, exdirectora del BCRA, advirtió que con los cambios propuestos el banco ya no podría regular a los bancos comerciales ni a las billeteras virtuales que cobran tasas muy elevadas. Esa capacidad regulatoria desaparecería junto con los mandatos sociales de la Carta Orgánica.
El impacto más profundo sería otro: la pérdida de la política monetaria como herramienta de respuesta ante crisis. Si Argentina enfrentara una turbulencia financiera interna o un choque externo, el banco central reformado no podría actuar con los instrumentos tradicionales de estabilización. Lo que le quedaría sería mínimo: regular la base monetaria y comprar dólares para pagar a los acreedores externos. Para muchos economistas, eso equivale a una institución sin capacidad real de respuesta ante emergencias.
El pesimismo ciudadano llega a su punto más alto en la era Milei
El anuncio llega en un momento de deterioro claro del estado de ánimo social. El Índice de Optimismo Ciudadano elaborado por Poliarquía registra su peor nivel desde que Milei asumió en diciembre de 2023. Un 58% de los encuestados afirma no tener expectativas sobre el futuro inmediato.
Los datos de otras consultoras apuntan en la misma dirección: seis de cada diez personas dicen no llegar a fin de mes, un 67% considera que el sacrificio económico ya no vale la pena y solo un 16% califica la situación actual como buena. La inflación acumulada desde que Milei gobierna supera el 319%, según datos oficiales. Ese número pesa sobre la percepción cotidiana de millones de familias, independientemente de los avances macroeconómicos que el gobierno señala como logros.
Fisuras dentro del propio gobierno
Las tensiones no son solo externas. La vicepresidenta Victoria Villarruel tomó distancia pública del presidente con palabras poco habituales en un gobierno. Afirmó tener «genuina preocupación» por el estado de Milei, criticó lo que llamó «insensateces e inventos» y cuestionó las «persecuciones imaginarias» que el presidente replica dentro y fuera del país.
El detonante inmediato fue un decreto que permite prohibir el ingreso y expulsar a extranjeros sospechados de participar en campañas anti-argentinas. La medida generó rechazo dentro y fuera del oficialismo.
El consultor Hugo Haime resumió el clima con precisión: la población estaba entre deprimida y enojada. El Mundial de fútbol ofreció un alivio temporal. Terminado el torneo, la realidad volvió con fuerza.
Lo que viene es una doble prueba para Milei: conseguir los votos en el Congreso para su reforma del BCRA y recuperar una confianza ciudadana que los datos muestran en caída sostenida. Ambos desafíos definirán si el programa económico más radical de Argentina en décadas logra consolidarse o empieza a perder el respaldo que necesita para avanzar.
