El FC Cartagena controló durante casi todo el partido, se adelantó en el marcador a los dos minutos y tuvo la victoria al alcance de la mano. Pero regresó de Pinatar Arena sin ella.
El empate ante el Brighton Sub-21 (1-1) en el tercer amistoso de pretemporada deja una imagen difícil de explicar: la de un equipo que hizo méritos más que suficientes para ganar y acabó pagando un precio que no merecía.
Un inicio prometedor: el gol de Benito Ramírez en el minuto 2
El partido apenas había comenzado cuando el Cartagena ya ganaba. Una combinación por la banda derecha entre Richarte y Marc Jurado terminó con un envío al segundo palo. Allí apareció Benito Ramírez para conectar un remate con el interior de su pierna izquierda, colocando el balón lejos del alcance del portero. Un gol limpio, bien construido, ejecutado con calma.
Ese tanto tempranero dio tranquilidad al equipo de Íñigo Vélez desde el primer minuto. El técnico vasco había apostado por un sistema 4-4-2, con Marcelo y Boston como referentes ofensivos. La propuesta funcionó de inmediato: el Cartagena salió con intensidad y encontró el camino hacia la portería inglesa antes de que el partido pudiera asentarse.
Control sin premio: ocasiones desperdiciadas en la primera mitad
Con el marcador a favor, el Cartagena no se conformó con defender. Richarte, uno de los futbolistas más activos de la tarde, volvió a aparecer con peligro poco después del gol, aunque su acción no encontró premio. La superioridad albinegra era evidente. No se traducía, sin embargo, en una ventaja más amplia.
El Brighton Sub-21 intentó responder con energía y movilidad, rasgos habituales en los equipos de la cantera inglesa. El Cartagena mantuvo el orden defensivo y evitó que su rival generase ocasiones claras. La amenaza visitante quedó neutralizada con relativa comodidad, y el partido llegó al descanso con el mínimo marcador a favor de los albinegros: una ventaja real, pero más estrecha de lo que el juego mostrado habría merecido.
La segunda mitad: cambios, larguero y ocasiones acumuladas
La reanudación trajo los movimientos habituales de la pretemporada. Toni Villa entró en el lugar de Marcelo e Íñigo Vélez reorganizó al equipo en un 4-2-3-1. El cambio de sistema no restó presencia ofensiva al conjunto cartagenerista, que regresó al césped con intención de sentenciar.
Clavería protagonizó el primer acercamiento del segundo periodo. Poco después llegó una de las mejores acciones de la tarde: Richarte recibió en posición de disparo y mandó el balón contra el larguero. El palo negó lo que parecía un gol cantado. Las ocasiones se acumulaban, pero la precisión no acompañaba. El Cartagena dominaba, generaba situaciones de peligro con cierta frecuencia y, aun así, no lograba traducir esa superioridad en el segundo gol.
El penalti fallado: el punto de inflexión del partido
La ocasión definitiva llegó tras un saque de esquina dirigido al segundo palo. Imanol Baz remató con la pierna izquierda y el balón golpeó en la mano de un defensor del Brighton. El árbitro señaló el punto de penalti sin dudarlo.
Javi Ajenjo asumió la responsabilidad del lanzamiento. El portero Michael Dike adivinó su intención y detuvo el disparo. El Brighton seguía vivo.
Es difícil sobreestimar el peso de ese momento. Un penalti transformado habría dejado el partido visto para sentencia. La parada de Dike, en cambio, mantuvo la tensión y devolvió al filial inglés una esperanza que parecía extinguida. En el fútbol, los errores en momentos clave raramente quedan sin consecuencias.
El empate en el 85 y el balance de una pretemporada sin victorias
Las consecuencias llegaron pronto. A cinco minutos del final, Mark Mahony consiguió batir a Lucho García y estableció el 1-1, un gol que llegó cuando el Cartagena parecía encaminado hacia su primera victoria de la preparación estival.
Tres amistosos disputados, ninguna victoria. El balance en números es pobre, aunque Íñigo Vélez ha aprovechado cada partido para repartir minutos, probar futbolistas y ensayar estructuras tácticas distintas —que es, al fin y al cabo, la lógica de la pretemporada, y el técnico vasco parece aplicarla con coherencia.
Aun así, el empate deja un sabor amargo. No por las sensaciones, que fueron positivas, sino por la distancia entre lo mostrado y lo obtenido. Un equipo que domina, que genera, que llega al penalti con ventaja y que aun así no gana invita a reflexionar sobre algo que va más allá de la táctica: la capacidad de cerrar partidos cuando la victoria está al alcance. Esa es, quizás, la lección más importante que puede sacar el Cartagena de estas semanas de preparación.
