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Siete lagos de montaña en España donde el paisaje recompensa cada paso del camino

by David Pérez
28 de agosto de 2026
in Turismo
Senderista contemplando un lago glaciar de montaña en los Pirineos españoles con picos de granito al fondo

Un senderista se detiene a orillas de un lago glaciar de aguas turquesas en los Pirineos, donde el silencio y la belleza salvaje recompensan el esfuerzo del camino.

Los lagos de montaña rara vez se entregan sin más. Casi siempre hay que ganárselos: un tramo entre pinos, un repecho inesperado, un camino que dobla y vuelve a doblar antes de abrir el paisaje. Esa pequeña exigencia es parte del trato.

España guarda siete de estos destinos repartidos entre el Pirineo y el Sistema Central, donde el agua es el punto de llegada pero no el único motivo para ir.

El encanto de lo que se gana caminando

Los lagos de montaña no son destinos de aparcamiento. Casi ninguno espera al final de un camino asfaltado, y la mayoría exigen cruzar bosques, salvar desniveles o seguir senderos que no siempre van en línea recta. Esa exigencia no es un inconveniente: es, en buena medida, la razón por la que llegar vale tanto.

Conviene ir con una idea clara. Muchos de estos lagos se encuentran dentro de parques nacionales o espacios naturales protegidos, donde el baño está prohibido para preservar ecosistemas frágiles. El agua invita, pero no siempre se puede tocar. El verdadero atractivo está en la combinación de ruta, paisaje y esa sensación de haber llegado a un lugar que no se entrega sin esfuerzo.

No hace falta ser montañero experimentado. Hay opciones desde paseos sencillos aptos para familias hasta excursiones largas y bastante más exigentes. En todos los casos, el paisaje recompensa.


El Pirineo en dos imágenes: Sant Maurici y el Ibón de Plan

Hablar de lagos de montaña en España es hablar del Estany de Sant Maurici. Situado en el corazón del Parque Nacional de Aigüestortes i Estany de Sant Maurici, este lago glaciar es uno de los paisajes más reconocibles del Pirineo catalán. Al fondo se alzan las agujas de Els Encantats, una silueta que se ha convertido en icono de la montaña española.

El acceso parte de Espot, a pie o en los taxis todoterreno autorizados que acercan a los visitantes hasta las inmediaciones del lago. Desde allí las opciones se multiplican: un paseo tranquilo por los alrededores, una visita a la cascada de Ratera, el enlace con estanys a mayor altitud para quienes quieran seguir subiendo, o simplemente quedarse un rato mirando el agua.

En Aragón, los lagos de montaña reciben el nombre de ibones. El Ibón de Plan, también llamado Basa de la Mora, se esconde entre los bosques del valle de Chistau y combina un entorno glaciar de notable belleza con una leyenda popular: la de la princesa mora cuyo espíritu, según la tradición, aparece en sus aguas la noche de San Juan.

Buena parte del recorrido puede hacerse por la pista forestal regulada que parte desde Saravillo. El último tramo exige unos 45 minutos a pie por un sendero sencillo. El entorno es muy delicado, por lo que conviene respetar en todo momento la señalización vigente.


Asturias: dos joyas cantábricas con carácter propio

Los lagos de Covadonga —el Enol y el Ercina— figuran entre los paisajes más emblemáticos del Parque Nacional de los Picos de Europa. Praderas, cumbres y agua forman una estampa que cada verano atrae a miles de visitantes. Basta alejarse unos minutos de la carretera para ver el entorno desde otra perspectiva.

La ruta más conocida es un recorrido circular sencillo que conecta ambos lagos y varios miradores, apto para prácticamente cualquier persona acostumbrada a caminar. En verano el acceso está regulado y es obligatorio usar los autobuses lanzadera desde los puntos autorizados. El baño, como en el resto de espacios protegidos, está prohibido.

El Lago del Valle merece atención propia. Situado en el Parque Natural de Somiedo —Reserva de la Biosfera—, es el mayor lago natural de toda la Cordillera Cantábrica, y su origen glaciar se aprecia con claridad en la forma del valle y en las morrenas que contienen sus aguas. La ruta parte del pueblo de Valle de Lago y mide unos 12 kilómetros de ida y vuelta, sin grandes dificultades técnicas. Una buena opción para quienes quieran alejarse de los circuitos más concurridos.


Misterio en Soria y vistas abiertas en los Pirineos occidentales

La Laguna Negra de Urbión es uno de esos lugares que parecen envueltos en un halo de misterio. Las paredes de granito, los espesos pinares y el color oscuro de sus aguas —sumados a las leyendas que la rodean desde hace siglos— la han convertido en uno de los paisajes naturales más conocidos de Castilla y León.

En verano, el acceso está regulado. Los vehículos deben quedarse en el aparcamiento del Paso de la Serrá; desde allí se completa el tramo final a pie o en el autobús lanzadera. Quienes quieran alargar la jornada pueden continuar hacia las lagunas superiores y los Picos de Urbión.

Muy cerca de la frontera francesa, el Ibón de Estanés sorprende por su gran lámina de agua y por el paisaje abierto de praderas y montañas que lo rodea. A diferencia de otros ibones encajonados entre paredes rocosas, aquí las vistas se amplían durante buena parte del recorrido. Se puede acceder desde Sansanet, en territorio francés, o desde Candanchú por itinerarios algo más largos; en ambos casos los senderos están bien marcados y la dificultad es moderada. Durante el recorrido es posible avistar marmotas, uno de esos encuentros que convierten una caminata en algo más que una caminata.


El final del camino: la Laguna Grande de Gredos

La Laguna Grande de Gredos es uno de los grandes clásicos del senderismo en España. Se encuentra al pie del circo glaciar de Gredos, presidida por el Almanzor, la cima más alta del Sistema Central. El contraste entre el granito, el agua y las grandes cumbres que la rodean la convierte en una de las rutas más notables de la península.

El itinerario parte de la Plataforma de Gredos, asciende hasta el mirador de Los Barrerones —donde el circo glaciar aparece de golpe— y desciende después hasta la laguna. Perfectamente señalizado y muy frecuentado en verano. Durante la ruta es habitual cruzarse con cabras montesas, lo que añade un componente de fauna salvaje difícil de ignorar.

Siete lagos, siete caminos distintos. Todos comparten algo esencial: no se ven desde la carretera. Hay que ir a buscarlos. Y quizás eso sea lo más valioso, no solo el paisaje que encuentras al llegar, sino lo que aprendes sobre el ritmo propio mientras caminas hacia él.

Tags: Asturiaslagos de montañanaturalezaparques nacionalesPirineosrutas al aire libresenderismo España
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