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Veintidós molinos de agua escondidos entre robles y eucaliptos: el sendero gallego que pocos conocen, a menos de una hora de Santiago y A Coruña

by David Pérez
1 de septiembre de 2026
in Turismo
Molino de piedra cubierto de musgo junto a un río gallego, rodeado de robles y helechos en un sendero forestal

Uno de los veintidós molinos de agua que jalonan este sendero gallego casi secreto, donde la naturaleza recupera lentamente las huellas de la historia rural.

El rumor del agua marca el ritmo desde el primer paso. A orillas del Rego das Gándaras, en el municipio coruñés de Vilasantar, pequeñas construcciones de piedra emergen entre robles y alisos como si el bosque las hubiera absorbido con el tiempo.

A menos de una hora de Santiago de Compostela y A Coruña, el sendero PR-G 195 conserva uno de los conjuntos de patrimonio hidráulico tradicional más notables y poco conocidos de Galicia: un recorrido de 5,4 kilómetros donde el paisaje fluvial y la huella humana llevan siglos conviviendo en un equilibrio casi intacto.

Un sendero sencillo con un legado extraordinario

La PR-G 195 reúne todo lo necesario para una excursión sin complicaciones. Sus 5,4 kilómetros se cubren en aproximadamente una hora y cuarenta minutos, con una dificultad baja que la hace apta para familias y para quienes buscan un paseo tranquilo. No se requiere experiencia previa ni equipamiento especial.

El punto de partida está en Vilasantar, un municipio del interior de A Coruña al que se llega en menos de una hora tanto desde Santiago de Compostela como desde la capital provincial. La ruta está homologada y señalizada en todo su recorrido con las marcas blancas y amarillas características de los senderos de pequeño recorrido.

El itinerario sigue el curso del Rego das Gándaras, afluente que desemboca en el río Cabalar y, más adelante, en la cuenca del Tambre. Este cauce es el hilo conductor de la ruta y también su razón de ser: sin el agua, nada de lo que el caminante encuentra habría existido jamás.

Veintidós molinos: un museo al aire libre junto al río

El protagonista indiscutible del sendero es su conjunto de 22 molinos hidráulicos. Construidos a lo largo del cauce para aprovechar la fuerza del agua y moler cereal, estas pequeñas edificaciones de piedra fueron durante generaciones una infraestructura esencial para la economía local. También cumplían una función social: los vecinos de las aldeas cercanas se reunían aquí mientras esperaban su turno para moler.

Muchos de estos molinos han sido restaurados. Canales, presas, compuertas y ruedas hidráulicas permanecen visibles y en buen estado, lo que permite comprender con claridad cómo operaba el sistema en su conjunto. Recorrerlos equivale a atravesar un museo al aire libre donde cada piedra cumple una función concreta.

Este conjunto está considerado uno de los mejores ejemplos del patrimonio hidráulico tradicional de Galicia. No es una valoración menor en una comunidad donde los molinos de agua forman parte del paisaje rural desde hace siglos.

El Batán de Mezonzo: una joya medieval que pocos esperan encontrar

Entre todos los elementos del recorrido, el Batán de Mezonzo merece atención particular. A diferencia de los molinos harineros, el batán utilizaba la energía del agua para golpear y compactar tejidos de lana, mejorando su resistencia y calidad. Era, en esencia, una pieza clave de la industria textil artesanal.

Este edificio está considerado uno de los batanes más antiguos conservados de toda la península Ibérica, y su origen está vinculado al histórico monasterio de Mezonzo, que durante siglos ejerció una influencia económica y social determinante en la comarca. Ha sido restaurado y permite ver, de forma tangible, una faceta de la historia rural gallega que rara vez aparece en las guías de viaje.

Un bosque de ribera vivo: robles, alisos y cascadas

El patrimonio construido comparte protagonismo con el entorno natural. El sendero atraviesa un bosque de ribera donde dominan robles, alisos, sauces, avellanos y abedules —especies que encuentran junto al río las condiciones adecuadas para crecer con una abundancia perceptible en cada tramo del camino.

La humedad constante favorece musgos, helechos y líquenes que cubren piedras y troncos por igual. En primavera y otoño, esta vegetación alcanza una intensidad visual difícil de describir: el verde se despliega en todas sus variantes y el bosque adquiere una densidad que parece casi deliberada.

A lo largo del recorrido aparecen pequeñas cascadas, puentes de madera y pasarelas que cruzan el río sin alterar el entorno. El sonido del agua no desaparece en ningún momento, lo que convierte la caminata en una experiencia agradable incluso durante los meses más cálidos.

Más allá del sendero: historia medieval y Camino de Santiago

La excursión puede completarse con una visita a la iglesia de Santa María de Mezonzo, declarada monumento histórico-artístico. El templo conserva buena parte de su estructura románica y está vinculado a San Pedro de Mezonzo, arzobispo de Santiago de Compostela en el siglo X y una de las figuras más relevantes de la Galicia medieval.

Vilasantar forma parte además del Camino del Norte, una de las rutas jacobeas más antiguas y declarada Patrimonio Mundial por la UNESCO. La tradición atribuye al rey Alfonso II el Casto el impulso de este itinerario desde Oviedo, convirtiéndolo en el primer peregrino compostelano de la historia.

La combinación de molinos, batán e iglesia románica —todo ello dentro de una ruta jacobea— convierte este rincón del interior coruñés en una escapada completa. Al final del sendero, cuando el bosque se abre y el rumor del agua queda atrás, lo que permanece es la imagen de un territorio donde el tiempo parece haberse detenido: piedra cubierta de musgo, agua deslizándose entre canales centenarios y un silencio que solo interrumpen los pájaros y el viento entre los robles.

Tags: excursionesGaliciamolinos de aguanaturalezaPatrimoniosenderismo
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