El último día del mercado en Mareo transcurrió entre teléfonos encendidos y directivos en alerta permanente. No pasó nada. Y esa calma fue, precisamente, el resultado buscado.
El Sporting de Gijón cierra su ventana de verano más intensa bajo la propiedad de Orlegi Sports: once incorporaciones, un entrenador nuevo y una dirección deportiva que, según el análisis interno, ha trabajado de forma más madura y coordinada que en temporadas anteriores. Todo ello con el ascenso como objetivo declarado.
Una calma calculada en las últimas horas
El cierre del mercado no trajo sorpresas en Mareo, aunque eso no significa que nadie estuviera pendiente. José Riestra, presidente ejecutivo del club, mantuvo contacto permanente con Alejandro Irarragorri y Salomón Behar durante las últimas horas. La instrucción desde Orlegi Sports era clara: ante cualquier interés externo, se remitía a las cláusulas de rescisión. No se facilitaría ninguna salida.
César Gelabert generó consultas de clubes de Primera División. Su nombre lleva tiempo en radares ajenos y cuenta con una cláusula de salida muy elevada, pero ningún equipo presentó una oferta formal. El Sporting fue explícito con todos los interesados: Gelabert no estaba en venta. Tampoco Otero. Sin margen para la negociación.
Esa firmeza fue una decisión, no una casualidad.
Una dirección deportiva más madura y coordinada
El análisis interno del mercado arroja una conclusión destacable: la comisión deportiva trabajó de forma más eficaz y coordinada que en temporadas anteriores. El rastreo del mercado internacional y de la Primera RFEF —un caladero poco explorado hasta ahora— dio resultados concretos. Incorporaciones como Nikita Iosifov, Alejo Sarco o Aimar Duñabeitia ya están ofreciendo rendimiento desde el inicio de la temporada.
La gestión de los descartes fue más complicada. Un comunicado público en el que se anunciaron los jugadores que no entraban en los planes generó polémica y dificultó el proceso. Aun así, casi todos encontraron acomodo. La excepción fue Pablo García: Larcamón había mostrado interés en él públicamente, algún club de Segunda División seguía su situación, y un cambio de estatus del jugador cerró esa posibilidad sin que se concretara ninguna salida.
Los dos objetivos estratégicos y el único lunar
Antes de que comenzara el verano, la organización se había fijado dos metas. La primera: retener a Jonathan Dubasin, César Gelabert, Otero y Guille Rosas. La segunda: ampliar el fondo de armario de forma significativa. En términos generales, ambas se cumplieron.
Tres de los cuatro jugadores prioritarios siguen en el proyecto. Se rechazaron ofertas importantes por Dubasin, pero la decisión firme del delantero colombiano de salir terminó por imponerse. La operación se cerró por cuatro millones de euros más bonus. Fue el único movimiento no deseado del mercado —y también el más delicado de gestionar—. Gelabert, Otero y Rosas permanecen, y ese resultado, por sí solo, tiene peso para un club que persigue el ascenso.
La apuesta por Larcamón y los riesgos del nuevo sistema
La llegada de Nicolás Larcamón no fue solo un cambio de entrenador. Implicó una renovación estructural de la plantilla adaptada a su sistema de tres zagueros, con consecuencias visibles en la composición del equipo.
La plantilla cuenta ahora con hasta seis centrales, además de Iker Martínez. Es una apuesta por la profundidad en esa línea, pero también una concentración de perfiles similares que puede generar desequilibrios en otras zonas. El caso más evidente es el lateral derecho: Guille Rosas es el único jugador puro en esa demarcación, y Diego Sánchez actúa como comodín con cobertura limitada. A eso se suma la situación de Andrés Ferrari, cuyo horizonte temporal de regreso sigue sin estar claro, lo que añade presión a una defensa que ya asume riesgos estructurales por el diseño del sistema.
El fichaje de Casas como colofón y los próximos pasos
La incorporación del delantero Antonio Casas fue considerada internamente como la guinda al pastel. Desde ese momento, la plantilla quedó cerrada. No había más movimientos previstos ni deseados, y el mercado había terminado para el Sporting antes de que lo hiciera el calendario oficial.
El cese del director deportivo Gerardo García llegó justo después de completar el mercado. La decisión llevaba meses gestándose y se ejecutó una vez cerrada la ventana. No fue una reacción, sino el desenlace de un proceso ya decidido. El siguiente paso es encontrar un nuevo responsable de ojeadores, tarea encomendada a Salomón Behar aunque la decisión final será consensuada entre los altos ejecutivos del área deportiva.
Con once incorporaciones, un entrenador con identidad táctica definida y una estructura pensada para competir por el ascenso, el Sporting afronta la temporada con la hoja de ruta más ambiciosa desde que Orlegi tomó las riendas del club. Lo que queda por ver es si esa estructura resiste el peso de las expectativas.
