El índice PMI compuesto de la eurozona se mantuvo en 52 puntos en agosto, su nivel más alto en nueve meses, y apunta a un crecimiento del 0,5% para el tercer trimestre. Es la señal más alentadora que el bloque ha dado en mucho tiempo.
Pero el avance no es uniforme. Detrás del dato agregado conviven economías que aceleran con fuerza y otras que siguen frenadas, una brecha que dibuja una eurozona en movimiento pero todavía fracturada.
Un PMI en máximos que augura un trimestre sólido
El PMI compuesto de la eurozona se mantuvo en 52 puntos en agosto, igual que en julio y en el máximo de los últimos nueve meses. Para Joe Hayes, economista senior de S&P Global, el dato «sitúa a la eurozona en la senda de un crecimiento sólido para el tercer trimestre». Cualquier valor por encima de 50 anticipa expansión, y la cifra actual apunta a un avance en torno al 0,5% entre el segundo y el tercer trimestre.
Dos motores explican el resultado. El dinamismo industrial ha ganado fuerza, y el sector servicios superó la debilidad inicial provocada por el alza de precios energéticos al inicio del conflicto en Oriente Próximo. El empleo en la eurozona creció por primera vez en lo que va de año, impulsado por ventas que Hayes califica de «sólidas y generalizadas» tanto en manufactura como en servicios.
El volumen de nuevos pedidos también aumentó con intensidad en agosto. Eso sugiere que la tendencia positiva en la facturación empresarial podría sostenerse en los próximos meses.
El sur tira del carro: España e Italia marcan el ritmo
No todas las economías avanzan al mismo paso, pero el sur de Europa marca claramente la dirección. España lidera el bloque con un PMI compuesto de 55,8 puntos; Italia la sigue con 53,6. Ambas cifras superan con amplitud el umbral de expansión y reflejan un crecimiento extendido: las ventas crecen en la industria y en los servicios de forma simultánea.
Alemania también mejora, aunque con menos impulso. Su PMI sube hasta 51,8 puntos —segundo mes consecutivo en terreno positivo— con una ganancia de medio punto respecto a julio. Una señal de estabilización, no de aceleración.
El crecimiento del empleo en la eurozona, registrado por primera vez en el año, se explica en buena medida por el dinamismo sureño. España e Italia no solo crecen más rápido: generan más puestos de trabajo, y ese peso se nota en los datos del conjunto del bloque.
Francia, el eslabón roto: ocho meses seguidos en contracción
Mientras el sur avanza, Francia retrocede. Su PMI cayó a 48,5 puntos en agosto, nueve décimas por debajo del dato de julio, encadenando así su octavo mes consecutivo en terreno contractivo. Los índices de actividad galos son los más débiles entre las grandes economías de la eurozona.
La brecha entre Francia y el resto no deja de ampliarse. España y Francia, dos economías de tamaño comparable dentro de la zona euro, se mueven hoy en direcciones opuestas. Esa divergencia cuestiona la cohesión económica del bloque y complica cualquier respuesta de política común.
El estrecho de Ormuz vuelve a tensar los precios de la energía
El recrudecimiento de las tensiones en Oriente Próximo ha acelerado los precios de la energía en las últimas semanas. La incertidumbre sobre el suministro de petróleo y gas a través del estrecho de Ormuz ya ha llegado a los costes que asumen las empresas europeas y amenaza con trasladarse a los precios al consumidor.
El impacto llega por dos vías. La tendencia desinflacionista observada desde mayo se ha estancado, según los datos del PMI de agosto. Al mismo tiempo, la incertidumbre geopolítica frena las nuevas contrataciones y la inversión empresarial en toda la región: las empresas prefieren esperar antes de comprometerse.
El BCE ante una decisión incómoda: ¿endurecer cuando el crecimiento aún es frágil?
La combinación de resiliencia económica y repunte inflacionario coloca al Banco Central Europeo en una posición delicada. Según Hayes, el BCE podría considerar «justificado endurecer su política monetaria» en su próxima reunión, aunque una subida de tipos enfriaría el consumo privado y la inversión justo cuando el crecimiento empieza a consolidarse.
En España, las tensiones ya se notan en el mercado laboral. La incertidumbre geopolítica redujo el ritmo de creación de empleo al mínimo de los últimos cuatro meses. Algunas empresas optaron por no reponer las bajas de sus plantillas; otras apuestan por la tecnología para ganar productividad sin asumir nuevos costes laborales, una tendencia que podría intensificarse si los precios de la energía siguen al alza.
Lo que ocurra a continuación depende de varios frentes a la vez: la evolución del conflicto en Oriente Próximo, la decisión del BCE y la capacidad de España e Italia para mantener su impulso. Si las tensiones energéticas se moderan y el BCE actúa con cautela, el tercer trimestre podría confirmar la expansión que los datos de agosto ya anticipan. Si no, la fractura dentro del bloque podría agrandarse antes de que el año termine.
