Trece polígonos industriales, apenas 24 empresas asociadas. Esos son los números que encontró José Manuel Orta al asumir la presidencia de la Comisión de Industria de AESI, la asociación empresarial de Silla.
La paradoja no es menor. Silla fue durante décadas un referente industrial valenciano en el mueble y la automoción. Hoy, su tejido asociativo refleja una fragilidad que Orta conoce bien y que, según reconoce él mismo, «lo dice todo».
Un polígono con historia y una asociación al límite
La cifra es difícil de ignorar: 13 polígonos industriales y solo 24 empresas asociadas. Orta no la oculta. La repite con la convicción de quien sabe que los datos incómodos son el mejor argumento para exigir cambios. AESI representa a un tejido empresarial con raíces profundas en el mueble y la automoción, dos sectores que definieron la identidad industrial de Silla durante décadas.
El problema es estructural. La asociación depende cada año de subvenciones para funcionar y carece de un local propio estable. Actualmente utiliza una oficina cedida por el ayuntamiento, sin ninguna garantía de continuidad. Para Orta, el primer paso es claro: conseguir una subvención nominativa del Ayuntamiento de Silla que permita planificar con un horizonte real. «Si logramos esa estabilidad», explica, «en dos o tres años podríamos incorporar a una persona más y disponer de un espacio adecuado.»
Sin ese respaldo, el círculo vicioso se perpetúa. Sin valor demostrable, las empresas no se asocian; sin socias, la asociación no crece; y sin masa crítica, la voz de AESI ante la administración pierde peso.
Innovar o desaparecer: el dilema de las pymes industriales
Orta no duda al elegir su prioridad: la innovación. «La empresa que no innove no va a sobrevivir», afirma. Y pone como ejemplo la irrupción de la inteligencia artificial, que ya está redefiniendo procesos en todos los sectores.
Innovar cuesta dinero. Las grandes compañías tienen departamentos de I+D y acceso a financiación que las pymes y micropymes de Silla, muchas con facturaciones de entre 500.000 y un millón de euros anuales, sencillamente no pueden igualar sin ayuda externa. Su cuenta de resultados no lo permite.
Orta insiste en que la innovación no se reduce a comprar maquinaria nueva. Abarca la mejora continua de procesos, la creación de empleos de mayor calidad y la búsqueda de soluciones más eficientes: es, en definitiva, una forma de entender el negocio. Pero sin apoyo institucional, ese cambio de mentalidad choca contra una realidad financiera muy concreta.
La automoción valenciana en transformación: el factor Ford y el vehículo eléctrico
Durante años, muchas empresas de los polígonos de Silla vivieron de la automoción y, en particular, del motor de combustión. Ese modelo ya no es sostenible. La transición hacia el vehículo eléctrico obliga a diversificar o quedarse fuera del mercado.
Ford Almussafes genera expectativas con la llegada del Bronco, un modelo concebido para el mercado europeo. Orta recibe el anuncio con esperanza, aunque reconoce que los volúmenes de producción definitivos siguen siendo inciertos y que el lanzamiento se ha retrasado. La incógnita mayor, sin embargo, no es cuántos coches se fabricarán, sino quién los fabricará con ellos.
Existe un riesgo concreto que Orta señala sin rodeos: que las nuevas plantas lleguen con su propia cadena de suministro ya cerrada, dejando fuera a los proveedores locales. Su propuesta es directa. La administración debería exigir que al menos el 40 % de los proveedores de cualquier nueva inversión industrial sean empresas del territorio. Sin esa condición, el tejido valenciano podría quedar al margen del nuevo ciclo.
El sector defensa: boom real o espejismo para las pymes
Mettecno 2000, la empresa que dirige Orta, ya ha diversificado hacia la construcción, el sector ferroviario, el inmobiliario y el agroalimentario. Ahora trabaja para entrar en defensa. Pero Orta es el primero en moderar las expectativas.
«El sector de la defensa va a ser un boom, pero no va a dar los resultados que mucha gente espera.» Los principales beneficiados serán los proveedores directos ya consolidados, empresas como Indra que llevan años con contratos con las Fuerzas Armadas y pueden ofrecer precios más competitivos. Para una pyme recién llegada, entrar en ese mercado es extraordinariamente difícil.
Eso no significa que la diversificación sea un error. Al contrario: es una necesidad estructural. Las empresas que dependen de un solo sector —sea la automoción o cualquier otro— quedan más expuestas ante cualquier cambio de ciclo.
El talento, el relevo generacional y la resiliencia valenciana
Encontrar el perfil adecuado es cada vez más complicado. Orta lo reconoce sin rodeos: la gestión de personas es el aspecto más complejo de cualquier organización. Las expectativas laborales han cambiado profundamente. Los jóvenes buscan equilibrio entre trabajo y vida personal, tiempo para la familia y el deporte, y muchos prefieren la estabilidad de la función pública y sus horarios predecibles.
Atraer talento hacia la industria exige que la industria también cambie. No basta con ofrecer empleo; hay que ofrecer empleo de calidad, con condiciones que compitan con otros sectores. Es, en sí mismo, otro reto de innovación.
Con todo, Orta reivindica la capacidad de resistencia del empresariado valenciano. La respuesta colectiva tras la DANA de 2024 lo ilustra: la sociedad y las empresas se movilizaron con una rapidez y una solidaridad que, según él, definen el carácter de la región. Esa fortaleza es el punto de partida.
Lo que viene ahora es más trabajo y más colaboración. AESI tiene por delante la reunión con el alcalde de Silla, la solicitud de la subvención nominativa y la tarea de demostrar a las empresas del municipio que asociarse tiene un retorno real. Si logra ampliar su base de socias y consolidar su financiación, la voz de los polígonos de Silla podrá hacerse escuchar con más fuerza ante las decisiones que, en los próximos años, definirán el mapa industrial valenciano.
