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Atrapados en listas de espera de hasta seis años, los centros de datos están construyendo su propia energía con pilas de combustible

by Dirección
29 de junio de 2026
in Economía
Centro de datos moderno al atardecer con pilas de combustible de hidrógeno y torres eléctricas desconectadas al fondo

Centros de datos en EE. UU. adoptan pilas de combustible de hidrógeno para generar su propia energía ante listas de espera de conexión a la red de hasta seis años.

Conectarse a la red eléctrica en Estados Unidos solía ser cuestión de meses. Hoy, para un gran consumidor, puede llevar entre tres y seis años —el triple que en 2015—. Para los operadores de centros de datos que necesitan alimentar sistemas de inteligencia artificial cuanto antes, esa espera no es una molestia: es un bloqueo.

La respuesta está siendo construir la propia energía. Según proyecciones de Rystad Energy, la inversión en pilas de combustible por parte de los centros de datos pasará de unos 2.800 millones de dólares en 2025 a cerca de 30.000 millones en 2030. No es una apuesta marginal. Es una señal de que algo está cambiando en los cimientos de cómo se alimenta la computación a gran escala.

Cuando la red eléctrica ya no da abasto

Los plazos de conexión a la red en Estados Unidos se han triplicado desde 2015. Un gran consumidor puede esperar hoy entre tres y seis años antes de recibir suministro. Para el sector de los centros de datos, que necesita escalar capacidad en meses —no en lustros—, ese calendario resulta sencillamente inasumible.

Detrás de este choque está la explosión de la computación para inteligencia artificial. La demanda de nuevos centros de datos crece a un ritmo sin precedentes, y la infraestructura eléctrica no puede seguirle el paso. Según Rystad Energy, la disponibilidad de energía se ha convertido en una de las principales limitaciones para el crecimiento del sector.

La consecuencia es directa: alrededor del 40 % de la capacidad prevista de los centros de datos estadounidenses en 2030 optará por generar su propia electricidad en lugar de conectarse a la red. No es una solución provisional. Es un cambio de modelo.

De nicho a pieza clave: el ascenso de las pilas de combustible

Hace apenas unos años, las pilas de combustible eran una tecnología marginal en el mix energético de los centros de datos. Hoy ocupan el centro de la estrategia de muchos grandes operadores, y los números lo confirman: los ingresos del mercado pasarán de 2.800 millones de dólares en 2025 a 30.000 millones en 2030, según Rystad Energy.

Esa confianza también se refleja en los contratos firmados. Una cartera de pedidos de aproximadamente 9 GW ya incluye acuerdos marco con Oracle, AEP, Equinix y Brookfield, y la demanda acumulada proyectada entre 2026 y 2030 alcanza los 10,4 GW.

La concentración geográfica es llamativa. Norteamérica acaparará el 91 % de la capacidad mundial instalada de generación in situ —los incentivos fiscales federales y una cadena de suministro nacional consolidada explican buena parte de esa ventaja—.

Por qué las pilas de combustible encajan donde otros no pueden

Las alternativas convencionales tienen limitaciones evidentes. Las grandes centrales de gas requieren tiempo, permisos y generan emisiones locales significativas; las pilas de combustible, en cambio, se despliegan con mayor rapidez y producen menos contaminantes en el punto de uso.

Su flexibilidad también importa. Pueden funcionar hoy con gas natural y adaptarse progresivamente al biogás, al gas natural renovable o al hidrógeno, conforme aumente la disponibilidad de estos combustibles. Eso las convierte en una tecnología compatible con distintos escenarios energéticos futuros, algo que pocas alternativas pueden ofrecer con la misma credibilidad.

Dentro de esta familia tecnológica, las pilas de óxido sólido —conocidas como SOFC— dominan el mercado estacionario con el 53 % de las entregas acumuladas. Bloom Energy concentra prácticamente todos los contratos conocidos de suministro principal mediante esta tecnología.

El cuello de botella que nadie quiere nombrar: el escandio

La dependencia en un único fabricante arrastra una segunda derivada menos visible: la dependencia en un único material. La tecnología SOFC de Bloom Energy utiliza escandio en la composición química de su electrolito, y ese metal es crítico y escaso.

El dato habla por sí solo. Si Bloom aprovechara toda su capacidad de fabricación prevista de 2 GW, sus necesidades teóricas de escandio se aproximarían al tamaño de todo el mercado mundial, estimado en unas 60 toneladas anuales. El margen es prácticamente inexistente.

China controla en gran medida la cadena global de suministro de escandio, lo que añade un riesgo difícil de gestionar desde fuera de sus fronteras. Si el suministro se tensara, los competidores con electrolitos de química alternativa podrían ganar cuota de mercado de forma significativa.

Fabricantes aceleran, pero la carrera aún está abierta

La industria responde al tirón de la demanda ampliando capacidad. La producción agregada —operativa y planificada— pasará de los 1,8 GW actuales a 4 GW anuales para 2030, un crecimiento notable aunque todavía inferior a la demanda proyectada. Rystad Energy prevé también una reducción de costes de los sistemas SOFC de entre el 20 % y el 25 % de aquí a ese año, aunque esa reducción dependerá de que los fabricantes logren abaratar el sistema completo, no únicamente la pila en sí.

Lo que viene a continuación merece atención. Si el escandio se convierte en un cuello de botella real, la estructura del mercado podría cambiar y tecnologías hoy secundarias, con electrolitos alternativos, ganarían protagonismo. La pregunta que planteó Lein Mann Bergsmark, vicepresidente de Rystad Energy —si la cadena de suministro podrá crecer al mismo ritmo que la demanda—, seguirá siendo la más relevante del sector durante los próximos años.

Tags: centros de datosenergíainteligencia artificialpilas de combustiblesostenibilidadtecnología
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