Casi una década después de la gran inauguración de Bombas Gens, Susana Lloret vuelve a recibir visitas en su despacho del centro valenciano. El mismo espacio que ella y José Luis Soler transformaron de fábrica hidráulica abandonada en referente cultural, inaugurado en 2017 con una colección de fotografía y arte abstracto que prometía llegar a cuanto más público mejor.
El escenario de hoy es otro. Soler falleció en 2024, el centro lo gestiona ahora una empresa de arte digital, y la cofundadora de la Fundació Per Amor a l’Art se ha quedado al frente de un proyecto que necesita reinventarse sin perder lo que fue.
De fábrica abandonada a centro de arte: el sueño original
El edificio que hoy ocupa Bombas Gens guardaba secretos bajo el suelo. En el verano de 2016, durante los trabajos de excavación arqueológica previos a su apertura, los operarios encontraron una bodega del siglo XV. Era una señal de que aquel espacio tenía capas de historia que merecían ser preservadas.
La antigua fábrica de bombas hidráulicas llevaba años en desuso cuando Soler y Lloret decidieron intervenir. Lo hicieron a través de la Fundació Per Amor a l’Art, con la asesoría del comisario Vicente Todolí, y el resultado fue un centro de arte contemporáneo que abrió en 2017 con una colección de fotografía y arte abstracto como eje central.
El proyecto funcionó desde el principio con dos motores: la colección y el programa social. No eran líneas paralelas. Formaban parte de una misma lectura sobre para qué sirve el arte y a quién debe llegar.
Un giro forzado: la muerte de Soler y la transformación del proyecto
El fallecimiento de José Luis Soler en 2024 alteró la estructura misma del proyecto. Un centro concebido por dos personas no puede mantenerse igual cuando una de ellas desaparece.
Lloret lo explica sin rodeos: el modelo original no era sostenible en esas circunstancias, y no por razones económicas. «Era un tema con unas redes muchísimo más profundas», señala. La sostenibilidad siempre implicó algo más complejo que los números.
Su primera opción fue convertir Bombas Gens en un recurso público, ofreciendo la colección a la Generalitat para su gestión a través del IVAM. Esa vía no prosperó. La segunda fue la que hoy existe: ceder la explotación del espacio a Layers of Reality, empresa especializada en arte digital y exposiciones inmersivas. Algunos lo interpretaron como un rescate. Lloret rechaza ese relato con firmeza. «A pesar de que se habló de rescate, ni a mí ni al proyecto lo tenía que rescatar nadie», reivindica. La transformación respondió a las circunstancias, no a una situación de quiebra.
La colección José Luis Soler: mismo valor, nuevos caminos
La colección permanece intacta. Y, según Lloret, con un valor creciente. Artistas como Inma Femenía ganan proyección internacional y las solicitudes de obras en préstamo no han dejado de aumentar. Una de las últimas peticiones llegó desde un museo en Corea, interesado en las series del fotógrafo David Goldblatt.
La digitalización de los fondos ha sido determinante. Hacer la colección más visible en formato digital ha abierto canales hacia instituciones de todo el mundo que antes desconocían su existencia. Es una herramienta, no un destino.
El préstamo de obras también se ha activado: una pieza de Inma Femenía viajó recientemente al festival internacional Begehungen. La colección circula, aunque su sede física haya cambiado. ¿Podría depositarse de forma estable en otra institución? Lloret no lo descarta. «Es un modelo posible», afirma. No la única opción, pero sí una que está sobre la mesa.
El premio con PhotoEspaña: apostar por los comisarios del futuro
Una de las alianzas más concretas de esta nueva etapa es el premio de comisariado con el festival PhotoEspaña. La iniciativa lleva el nombre de José Luis Soler, igual que la sala de exposiciones de Bombas Gens recuperada para acoger los proyectos ganadores.
El premio cubre un vacío real. No existen muchos reconocimientos dirigidos específicamente a comisarios emergentes, una figura que trabaja en segundo plano y raramente recibe visibilidad institucional. Como recordó Vicente Todolí en la presentación de la primera edición: si nadie te da una primera oportunidad, no hay segunda. El objetivo ahora es que las exposiciones itineren por la Comunitat Valenciana. Lloret mantiene conversaciones con el Consorcio de Museos para llevar los proyectos a Alicante y Castellón, y la colección tiene fondos suficientes para dar contenido continuo a la sala.
Trabajar en red: la visión de Lloret para la gestión cultural del futuro
El programa social de la antigua fundación tampoco ha desaparecido. Continúa a través de la colaboración con la Fundación Sesé, que se interesó por el modelo desarrollado en Bombas Gens junto a Plena Inclusión, y sigue activa la relación con la Asociación de Familiares y Enfermos de Wilson. Las formas cambiaron; el compromiso, no.
Lloret tiene una frase que resume su filosofía: «Sumar no suma, multiplica». Trabajar en red no es una estrategia de supervivencia. Es una convicción sobre cómo debe funcionar la cultura.
Su posición ante las nuevas tecnologías es de integración, no de sustitución. El arte digital no debe desplazar lo que ya existe, sino convivir con ello. Como ocurrió con la fotografía y la pintura, o con el cine y la fotografía: cada nuevo medio amplía el vocabulario del arte, no lo reemplaza. Lo que viene ahora son alianzas aún por concretar, nuevos escenarios donde la colección pueda proyectarse siguiendo el camino trazado con instituciones como el Thyssen. Lloret no da detalles, pero tampoco oculta que está trabajando en ello. «Estamos en el camino», dice. Y todo indica que no tiene intención de detenerse.
