El sector del metal valenciano vive una paradoja que no tiene fácil explicación: nunca había empleado a tantas personas —249.700 trabajadores, un máximo histórico— y al mismo tiempo calcula que necesitará incorporar más de 52.000 profesionales en los próximos años. Cifras que, a primera vista, no encajan.
Francisco Alonso lleva cinco meses al frente de Femeval, la patronal del metal valenciano, y le ha tocado gestionar ese contraste desde el primer día. Un sector en récord de empleo, pero con fracturas internas que los números agregados no siempre revelan.
Un sector en máximos que, aun así, no encuentra trabajadores
El récord de 249.700 empleados no indica que el metal valenciano atraviese un momento de calma. Indica que ha crecido donde tenía margen. La caída de actividad se concentra en la automoción, mientras los servicios —instaladores, fontaneros, electricistas, técnicos de mantenimiento— sostienen un auge que no remite. El problema no es la ausencia de trabajo. Es la ausencia de personas dispuestas a realizarlo.
Femeval estima que el sector necesitará entre 52.000 y 53.000 nuevos profesionales en los próximos años, una cifra que choca de frente con la percepción que los jóvenes tienen del metal: trabajo manual, poco atractivo, ajeno a la tecnología. La realidad, según Alonso, es otra. Los empleos están regulados por convenio y los salarios suelen superar a los de otros sectores. Pero esa realidad no llega con facilidad a quienes están eligiendo su futuro profesional.
Para corregir esa imagen, Femeval trabaja directamente en centros educativos con un mensaje preciso: el metal actual es tecnológico, exige formación continua y ofrece estabilidad. Convencer a los jóvenes, no obstante, requiere tiempo.
La guerra por el talento: pymes atrapadas entre la formación y la fuga
Las pequeñas empresas del sector viven una contradicción costosa. Invierten en formar a sus trabajadores y, cuando esos trabajadores adquieren experiencia, los pierden. Las grandes compañías pueden ofrecer salarios más altos; las pymes, no. Los costes laborales, fiscales y burocráticos les impiden competir en retribución.
Femeval negocia con las administraciones para que los procesos de regularización de inmigrantes vayan acompañados de formación específica orientada al sector. La idea es convertir una necesidad migratoria en una oportunidad industrial. Hay un obstáculo concreto, sin embargo: se desconoce qué perfiles profesionales tienen las personas en proceso de regularización. Sin esa información, diseñar itinerarios formativos adecuados resulta prácticamente inviable.
El absentismo: 73% más en catorce años y un coste de 33.000 millones
Entre 2010 y 2024, el absentismo en el metal español creció un 73%. Cada día, 143.000 profesionales del sector en todo el país no acuden a su puesto. En la Comunitat Valenciana, que representa el 10% del sector nacional, eso equivale a unos 14.000 trabajadores diarios ausentes.
Alonso es directo sobre las causas. No apunta a la mala fe de los trabajadores, sino a la saturación del sistema sanitario: las pruebas diagnósticas en la Seguridad Social y las mutuas pueden demorarse uno o dos meses, ese retraso prolonga las bajas, perjudica la recuperación y sobrecarga a los compañeros que deben asumir el trabajo pendiente.
El coste económico estimado a nivel nacional supera los 33.000 millones de euros. Para las pymes, el impacto es especialmente severo: si una empresa tiene cuatro trabajadores y dos están de baja, puede no ser capaz de abrir. Muchas ya sobredimensionan sus plantillas para absorber ausencias, lo que encarece sus costes y erosiona su competitividad.
La industria auxiliar de Ford: años de incertidumbre y una medalla pendiente
Las empresas proveedoras de Ford Almussafes han atravesado años de cambios de estrategia, retrasos en modelos y pérdida de carga de trabajo. Algunas fabricaban un componente concreto y, de un día para otro, dejaron de recibir pedidos. La alternativa era un ERE o buscar nuevos clientes. La mayoría optó por lo segundo, aceptando proyectos que en condiciones normales habrían rechazado.
Esa capacidad de resistencia tiene un nombre para Alonso: «Las empresas merecen una medalla porque han aguantado una situación muy complicada.» El lanzamiento del Ford Bronco genera expectativas de mejora, pero el sector reclama nuevas inversiones que aprovechen la capacidad instalada. Con una condición: que cualquier empresa que llegue —incluidas las asiáticas— fabrique localmente y se apoye en la cadena auxiliar valenciana, no que importe todo terminado.
Electrificación, defensa y PowerCo: las apuestas de futuro del metal valenciano
El vehículo eléctrico llegó antes de que el sector estuviera preparado. Alonso lo reconoce sin ambages: ha sido una amenaza. También lo interpreta como una oportunidad futura si la Comunitat logra posicionarse en baterías, motores y nuevos componentes. La gigafactoría de PowerCo podría ser el núcleo de ese ecosistema, aunque su impacto real dependerá de cuánto se integre con la cadena auxiliar local.
El sector de defensa despierta interés, pero con cautela. La Comunitat parte con desventaja frente a Madrid o Andalucía, donde esa industria ya tiene implantación, y las exigencias de certificación y homologación son elevadas. El sector reconoce que «todo está muy verde.» Puede ser una oportunidad, pero no será la solución inmediata.
Lo que sí resulta urgente, según Alonso, es reducir la burocracia. Expedientes paralizados durante meses impiden abrir empresas, generar empleo y pagar impuestos. El metal valenciano tiene talento, experiencia e infraestructura. Lo que necesita ahora es que la administración le deje trabajar.
