Castilla-La Mancha es tierra de grandes distancias: cinco provincias, miles de kilómetros de carretera y, sobre el papel, un territorio difícil de vigilar. Sin embargo, la DGT ha desplegado este verano un dispositivo de control de velocidad más denso de lo que la mayoría de los conductores imagina.
En total, 244 cinemómetros cubren las carreteras de la comunidad, desde las autopistas que conectan Madrid con el sur hasta las secundarias que atraviesan la llanura manchega. Una cifra que sitúa a Castilla-La Mancha entre las comunidades autónomas con mayor número de radares de toda España.
Una comunidad con más radares de lo que parece
El perfil de Castilla-La Mancha —territorio extenso, escasa densidad de población y carreteras largas y rectas— podría sugerir una vigilancia dispersa. Los datos apuntan en dirección contraria. Con 244 cinemómetros activos, la comunidad figura entre las que mayor concentración de radares registran en el conjunto del país.
El verano agudiza esa presión: las rutas de paso hacia el sur y el levante se saturan de vehículos, y la DGT refuerza su presencia en los ejes de mayor tráfico. El resultado es una red que abarca desde autopistas de alta capacidad hasta carreteras comarcales que muchos conductores de fuera ni conocen.
Fijos, móviles y de tramo: tres formas de controlar la velocidad
Los 244 dispositivos se agrupan en tres categorías: 69 fijos, 162 móviles y 13 de tramo. Cada tipo responde a una lógica distinta.
Los radares fijos están anclados a un punto kilométrico concreto. El conductor habitual acaba aprendiendo su ubicación y frena justo antes de pasar. Los móviles neutralizan ese comportamiento: pueden actuar en cualquier punto dentro de un tramo definido, lo que obliga a mantener la velocidad durante kilómetros. No hay margen para relajarse entre balizas.
Los de tramo son los más exigentes técnicamente. Miden el tiempo que tarda un vehículo en recorrer la distancia entre dos puntos y calculan la velocidad media resultante, sin posibilidad de compensar un exceso puntual con una frenada posterior. Por eso resultan especialmente eficaces para eliminar el efecto de aceleración y frenada que generan los fijos. Los 162 radares móviles constituyen, con todo, la columna vertebral del sistema: su flexibilidad permite concentrarlos allí donde la siniestralidad es mayor según la época del año.
Toledo lidera, Albacete cierra: el mapa provincial
La distribución de los 244 radares no es uniforme. Toledo encabeza el ranking con 62 dispositivos, la cifra más alta de las cinco provincias. Su proximidad a Madrid y el intenso tráfico en la A-4, la A-42 y la N-401 explican en buena medida esa concentración.
Ciudad Real suma 54 radares, influida también por la A-4 y la extensa N-430, que la atraviesa de este a oeste. Guadalajara alcanza 45, con la A-2 como eje principal, y Cuenca llega a 42 con presencia destacada en la A-3 y las nacionales N-301 y N-320. Albacete cierra el mapa con 41 dispositivos repartidos entre la A-31, la N-322 y una extensa red de carreteras comarcales CM.
Las rutas con mayor vigilancia: autopistas y nacionales clave
Las autopistas concentran buena parte de los radares fijos. La A-4 acumula dispositivos en Toledo y Ciudad Real; la A-2 cuenta con cuatro radares fijos en Guadalajara; la A-3, la A-5 y la A-42 también tienen puntos de control en kilómetros concretos.
En las nacionales, los radares móviles forman cadenas que cubren cientos de kilómetros. La N-430 es el ejemplo más claro: atraviesa Ciudad Real y Albacete con tramos móviles prácticamente continuos. La N-320 acumula fijos, móviles y de tramo en Guadalajara, y la N-301 junto a la N-401 presentan una estructura similar entre Toledo y Ciudad Real.
Los tramos de velocidad media más extensos se ubican en la N-430 a su paso por Albacete, con más de 16 kilómetros controlados en cada sentido. La N-403 y la N-301 en Toledo también concentran varios tramos consecutivos. Y la vigilancia no se limita a las grandes vías: carreteras como la CM-412, la CM-403 o la CM-101 cuentan con radares móviles activos a lo largo de decenas de kilómetros.
Qué significa para el conductor que viaja este verano
Recorrer un eje principal de Castilla-La Mancha sin pasar por algún control de velocidad es, en la práctica, muy difícil. La cobertura es casi continua en las rutas más transitadas, y los radares móviles operan en ambos sentidos: la vigilancia aplica tanto en la ida como en la vuelta.
El único dato que importa al volante es sencillo: respetar el límite en cada tramo. El tipo de radar no modifica la norma ni la sanción. Para quienes deseen consultar la ubicación exacta de cada dispositivo, la DGT publica la lista completa con puntos kilométricos —información pública y accesible. Los 244 radares están ahí, en el mapa, a la espera del verano.
