Durante décadas, las tasas de diabetes, obesidad, hipertensión y colesterol elevado no han dejado de crecer en la Región de Murcia. El resultado acumulado lo cifra ahora el estudio DICA: más del 36% de los adultos mayores de 20 años presenta un riesgo cardiovascular alto o muy alto de sufrir un infarto o un ictus.
Detrás de ese porcentaje no hay solo un problema de salud pública. Los datos revelan una brecha que se mide en años de vida y que separa a quienes tienen estudios universitarios de quienes no completaron la enseñanza básica.
Un estudio poblacional que retrata décadas de deterioro
El estudio DICA no es una instantánea aislada. Es el tercer gran análisis poblacional que el servicio de Epidemiología de la Consejería de Salud de Murcia realiza desde los años noventa, lo que le otorga un valor que va más allá de sus cifras actuales: permite ver la trayectoria. Los 2.226 participantes analizados en esta edición, bajo la dirección de María Dolores Chirlaque, ofrecen una base sólida para comparar lo que ha cambiado en tres décadas.
Los números de hoy son los más preocupantes de la serie. El 26,4% de los adultos murcianos presenta riesgo cardiovascular alto, y cerca de un 10% adicional se encuentra en riesgo muy alto. Sumados, superan el tercio de la población adulta.
La brecha entre sexos es notable. Casi la mitad de los hombres de la Región se sitúa en la franja de riesgo alto o muy alto, mientras que en mujeres el porcentaje es menor, aunque no tranquilizador: el 22,2% comparte esa misma franja de riesgo elevado.
Hipertensión, colesterol y diabetes: tres décadas de ascenso continuo
Los datos históricos del estudio trazan una curva clara. La hipertensión es el factor que más ha crecido: afectaba al 28% de los adultos murcianos en 1992 y alcanza el 42,4% en 2022. Catorce puntos en treinta años, sin señales de freno.
El colesterol sigue una trayectoria parecida. La dislipidemia pasó del 40% en 1992 al 55% en 2002, y al 58% en 2022. Esta evolución contrasta con la tendencia descendente observada en Europa, donde mejoras dietéticas y el uso de fármacos hipolipemiantes han logrado estabilizar o reducir las tasas.
La diabetes también avanza. Hace veinticinco años la padecía el 11,3% de los mayores de veinte años; hoy afecta al 13,7%. En hombres el porcentaje llega al 15%, y a eso se añade que el 16,3% de los varones presenta prediabetes, una señal que puede derivar en diabetes tipo 2 si no se interviene a tiempo.
La obesidad completa el cuadro: creció del 22,4% en 2002 al 26,6% actual. Las tasas más elevadas se concentran en zonas rurales; en las áreas del Mar Menor y Cieza, uno de cada tres adultos la padece.
La educación como factor determinante del riesgo
Los datos de DICA revelan algo que va más allá de la biología o el envejecimiento. El nivel educativo aparece como uno de los predictores más consistentes del riesgo cardiovascular, y la brecha que genera es difícil de ignorar.
Entre los hombres, el 28,6% de quienes no tienen estudios o no completaron la educación primaria presenta un riesgo cardiovascular muy alto. En los universitarios ese porcentaje cae al 8,7%. La diferencia es aún más pronunciada en mujeres: el 11,9% de las menos formadas frente al 0,6% de las que tienen estudios superiores.
El mismo gradiente aparece en diabetes, sedentarismo y obesidad. La prevalencia de diabetes entre hombres sin estudios alcanza el 29,6%, frente al 6,8% en universitarios. Los epidemiólogos lo describen como un «marcado gradiente social», y no es un hallazgo nuevo: en 2019, la Asociación en Defensa de la Sanidad Pública ya denunció que estas desigualdades perpetúan los malos indicadores de la Región.
Cómo ha cambiado la dieta: menos verdura, más dulces
En dos décadas, la dieta murciana ha dado un giro silencioso pero medible. El consumo diario de verduras cayó del 68% al 55% en hombres y del 74% al 67% en mujeres. No es un cambio brusco, pero acumulado sobre millones de comidas tiene consecuencias.
El consumo semanal de dulces, en cambio, aumentó más de diez puntos porcentuales. El 21,4% de los adultos los consume a diario, y uno de cada cuatro los ingiere entre dos y cuatro veces por semana.
El vino retrocede. El 44% de los hombres y el 65% de las mujeres no lo beben nunca o casi nunca, porcentajes claramente superiores a los de hace veinte años. El consumo de carnes rojas sigue siendo excesivo, especialmente en hombres: el 11,9% las come a diario. Pese a todo, el estudio concluye que el patrón general sigue siendo cercano a la dieta mediterránea, con alto consumo de pan, frutas, verduras, aceite de oliva y lácteos.
La única buena noticia: el tabaco retrocede, aunque Murcia sigue a la cola
En un panorama dominado por tendencias negativas, el tabaco ofrece la única excepción. Los fumadores diarios bajaron del 30% en 2002 al 23,8% en la última medición, una mejora que los investigadores atribuyen a medidas concretas: la prohibición de fumar en espacios públicos, la presión fiscal y las restricciones a la publicidad del tabaco.
La mejora no basta para igualar a otras regiones. Según la Encuesta Nacional de Salud, Murcia seguía en 2023 por encima de la media nacional y era la cuarta comunidad con mayor prevalencia de tabaquismo del país.
El envejecimiento poblacional explica parte del deterioro general, pero no todo. Lo que preocupa a los epidemiólogos es que Murcia presente peores indicadores que comunidades con poblaciones menos envejecidas, lo que apunta a factores estructurales que ninguna pirámide demográfica justifica por sí sola.
Los próximos años dirán si las políticas de salud pública logran doblar la curva. Por ahora, el estudio DICA deja claro dónde están los frentes más urgentes: la hipertensión sin controlar, la diabetes en expansión y una desigualdad educativa que sigue marcando, con precisión, quién tiene más probabilidades de llegar sano a la vejez.
