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Ponga, el rincón asturiano donde un bosque de 1.500 hectáreas, osos pardos y aldeas medievales conviven en silencio

by David Pérez
20 de agosto de 2026
in Turismo
Bosque de hayas centenarias en otoño en Peloño, Ponga, Asturias, con niebla y la silueta del pico Tiatordos al fondo

El hayedo de Peloño, en el concejo de Ponga, se viste de ámbar y oro cada otoño. Al fondo, el pico Tiatordos emerge entre la niebla en esta Reserva de la Biosfera.

En otoño, adentrarse en el hayedo de Peloño es encontrarse con un bosque que parece ajeno al tiempo: hayas centenarias, silencio casi total y la silueta del Tiatordos recortándose al fondo.

Ponga ocupa algo más de 200 kilómetros cuadrados del oriente asturiano, enclavado entre los Picos de Europa y el Parque Natural de Redes. Todo su territorio forma parte de un espacio declarado Parque Natural y Reserva de la Biosfera, donde la naturaleza y la cultura de montaña se han preservado de un modo que hoy resulta poco frecuente.

Un bosque que define el territorio

El hayedo de Peloño ocupa unas 1.500 hectáreas en el sureste del Parque Natural. Es el núcleo forestal del concejo, el lugar que mejor condensa lo que Ponga ofrece: masa arbórea, silencio y continuidad vegetal. En otoño, el cambio de color de las hayas transforma el paisaje en algo difícil de olvidar, aunque el bosque merece la visita en cualquier estación.

Peloño no está solo. Más de un tercio del Parque Natural aparece cubierto por bosques maduros: robledales, abedulares, fresnedas con arce y alisedas forman un mosaico que recubre laderas y fondos de valle. Esa diversidad forestal no es solo visual: es también el sustento de una flora amenazada como el narciso de Asturias o la genciana, y el hábitat que necesita el urogallo cantábrico para sus cantaderos.

Fauna que solo sobrevive donde el entorno lo permite

La calidad del ecosistema fluvial en Ponga se mide con dos especies: la nutria y el desmán. Su presencia en los ríos indica que el agua está limpia y el entorno, poco alterado. Son indicadores fiables. En Ponga, los dos están presentes.

En las praderías y los piornales vive la liebre de piornal, un endemismo cantábrico. El oso pardo aparece de manera ocasional. Rebecos, ciervos, corzos y jabalíes completan una fauna que refleja el grado de conservación del territorio, una riqueza que llevó a integrar Ponga en la Red Natura 2000 como Zona de Especial Protección para las Aves, con el urogallo cantábrico, el águila real, el buitre leonado y el azor entre las especies que justifican esa figura.

Desfiladeros, ríos y senderos: el relieve que lo ordena todo

El desfiladero de Los Beyos es el ejemplo más conocido de cómo la geología kárstica y la acción glaciar modelaron este territorio. Garganta estrecha y vertical, aunque no la única: los ríos Ponga y Sella atraviesan cañones y estrechamientos que multiplican los contrastes entre roca, agua y bosque a lo largo de todo el concejo.

El Parque Natural cuenta con una red de senderos señalizados de diferente longitud y dificultad. Algunas rutas superan los diez kilómetros; otras son más accesibles. El espacio tiene normas claras: no se permite la acampada libre ni los vehículos a motor, y ciertas actividades acuáticas solo son posibles en zonas autorizadas. El rafting y el barranquismo tienen sectores habilitados. Las aguas termales de Mestas añaden una alternativa más tranquila dentro del mismo entorno.

Aldeas que guardan la memoria de la montaña

Los pueblos de Ponga no son decorado. Son el resultado directo de siglos de adaptación a un terreno exigente. En Viego y en el entorno de Los Beyos se conservan los hórreos beyuscos, más pequeños que los habituales, con tejados de dos o tres aguas. Su tamaño responde a una razón concreta: la escasez de tierra de labor obligó a construir de otro modo.

La Torre de Cazo, del siglo XII, está considerada uno de los edificios medievales más antiguos de Asturias. A su alrededor, iglesias rurales como las de San Juan de Beleño, Santa María de Viego o Santa María de Taranes, y ermitas como la de Ventaniella, recuerdan que estos valles formaban parte del antiguo Camino Real de Ribadesella a Castilla, por donde transitaban personas y mercancías entre el mar y la meseta.

Cultura viva: quesos, mercados y el Guirria

El queso de Los Beyos es uno de los productos más representativos del concejo. Su elaboración está ligada a la tradición ganadera de la zona y tiene presencia en celebraciones gastronómicas locales. En Sobrefoz, el mercado tradicional de El Trasiegu mantiene vivo el intercambio de proximidad. El ecomuseo de la madera de San Juan de Beleño explica otra parte de la economía histórica del territorio.

La fiesta de los aguinalderos, reconocida como Fiesta de Interés Turístico Regional, tiene como figura central al Guirria. Una tradición de montaña que conecta el presente con formas de celebración muy anteriores al turismo y a las carreteras asfaltadas.

Ponga, al final, se entiende mejor si se camina despacio. Un sendero que baja hacia el río entre fresnos, el rumor del agua al fondo, una casería con el hórreo beyusco al lado y, en lo alto, el perfil del Tiatordos recortado contra un cielo de octubre. Esa imagen no requiere explicación.

Tags: Aldeas medievalesAsturiasBosquesculturanaturalezaPongasenderismo
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