Durante décadas, Alemania fue el gran proveedor industrial de España. Ese papel acaba de cambiar de manos. Por primera vez de forma sostenida, China se ha convertido en el principal origen de las importaciones españolas, desbancando al motor europeo en un relevo que los expertos califican como un cambio de fondo en la estructura comercial del país. Detrás del dato se esconde un desequilibrio sin precedentes: un déficit bilateral que ya supera los 42.000 millones de euros anuales y que, según los analistas, no deja de crecer.
El sorpasso que nadie esperaba tan pronto
El cambio no fue repentino. China ya había superado a Alemania puntualmente en algún semestre anterior, como ocurrió entre enero y junio de 2022. Pero lo de ahora tiene un carácter distinto. En la primera mitad de 2026, España importó bienes chinos por valor de 26.600 millones de euros, frente a los 26.017 millones procedentes de Alemania. Una diferencia de casi 600 millones que, según el informe de Equipo Económico, refleja «un cambio de fondo en la estructura comercial española».
El primer indicio claro llegó en marzo, cuando las importaciones desde China alcanzaron los 50.674 millones en términos anualizados, superando los 50.431 millones que España compró a Alemania durante todo 2025. Desde entonces la brecha no ha hecho más que ampliarse. Alemania había ocupado ese primer puesto durante décadas, y su pérdida no es solo simbólica.
Una dependencia que lleva años creciendo
Los datos de los últimos seis años cuentan una historia clara. En 2019, España importó de China bienes por valor de 29.154 millones de euros; en 2025, esa cifra había escalado hasta los 50.249 millones: un incremento del 72%. Las exportaciones españolas hacia China, en cambio, apenas avanzaron un 17,2% en el mismo periodo, pasando de 6.800 a 7.971 millones.
El resultado es un déficit bilateral que en 2025 superó los 42.278 millones de euros, un 12% más que el año anterior. Es el mayor desequilibrio comercial que España registra con cualquier socio en el mundo. China representa el 11,3% de todas las importaciones españolas, pero absorbe apenas el 2% de sus exportaciones totales. La distancia entre ambos lados no para de crecer.
Qué compra España a China y por qué cada vez más
El perfil de lo que España adquiere en China ha cambiado de forma significativa en la última década. Los productos de consumo básico —textiles, calzado, juguetes— han perdido peso relativo. Los bienes de equipo ocupan ahora la primera posición: equipos eléctricos, telecomunicaciones y maquinaria industrial lideran las compras, junto a equipos de oficina, productos químicos, automóviles y motocicletas.
Detrás de ese giro hay varios factores. El fortalecimiento del modelo industrial chino y el creciente peso de sus sectores tecnológicos han convertido al país en un proveedor de alto valor añadido. Las tensiones comerciales con Estados Unidos y los aranceles impulsados por la Administración Trump han redirigido parte de las exportaciones chinas hacia Europa, incrementando la oferta disponible para mercados como el español.
La estrategia de acercamiento a Pekín y sus costes
El Gobierno de Pedro Sánchez ha realizado cuatro visitas a China en cuatro años, con el objetivo declarado de estrechar los lazos comerciales bilaterales. La última tuvo lugar en abril. La apuesta es explícita: acercar España a la segunda economía del planeta y tender puentes entre Pekín y Bruselas.
Esa postura contrasta con la de la mayoría de socios europeos. En la última cumbre del Consejo Europeo, celebrada en junio, el consenso del bloque apuntaba en otra dirección: China es vista como una amenaza económica que hay que contener, no un aliado que hay que cultivar. Los números respaldan esa preocupación. El déficit comercial de bienes de la UE con China ronda ya los 1.000 millones de euros diarios, y en 2025 todos los países del bloque registraron déficit con Pekín por primera vez en la historia. Fuentes diplomáticas comunitarias han advertido de que la situación es «insostenible» y exige soluciones estructurales.
EE.UU. sigue siendo insustituible, pese a las tensiones
La turbulencia generada por la política comercial de la Administración Trump ha llevado a algunos países a mirar hacia China como una alternativa más estable. Los analistas, sin embargo, advierten de que ese giro entraña riesgos reales ante una potencia que prioriza sus propios intereses.
Los datos sobre la relación con Estados Unidos ofrecen una perspectiva reveladora. Las inversiones cruzadas acumuladas entre ambos países superan los 213.000 millones de euros. Las empresas estadounidenses generan 200.000 empleos en España; las españolas, más de 143.000 en suelo americano. En total, 340.000 puestos de trabajo vinculados a ese vínculo transatlántico. Las cifras con China no se acercan a esa magnitud: entre 2010 y 2025, China invirtió apenas 9.789 millones de euros en España, mientras que las inversiones españolas en el país asiático rondan los 5.200 millones.
Los expertos coinciden en que la relación con Washington seguirá siendo crucial para la economía española a medio y largo plazo, con independencia de las fricciones políticas del momento. El reto que tiene España por delante no es sencillo: aprovechar las oportunidades del mercado chino sin profundizar una dependencia que ya genera desequilibrios difíciles de corregir. La pregunta que queda en el aire es si existe voluntad real —en Madrid y en Bruselas— de actuar antes de que el margen de maniobra se estreche aún más.
