Los mercados del petróleo llevan meses bajo la presión del conflicto en Oriente Medio, y esa inestabilidad no ha dejado de trasladarse a los consumidores. Es en ese contexto donde la consultora Wood Mackenzie publica su informe Horizons con un escenario alternativo al que ha llamado Electric Shock: un análisis de qué ocurriría si las políticas públicas, el comportamiento de los consumidores y la tecnología avanzaran en la misma dirección al mismo tiempo.
La pregunta que plantea el informe no es menor: ¿podría la volatilidad energética convertirse en el detonante que acelere la transición eléctrica mucho más allá de lo previsto?
Un escenario base que ya sorprende, y uno alternativo que va más lejos
El punto de partida ya es revelador. El escenario base de Wood Mackenzie prevé que los vehículos eléctricos pasen del 4% al 25% del parque mundial en 2040, un salto que representaría por sí solo una transformación sin precedentes en la historia del transporte.
El informe Horizons identifica cuatro factores capaces de acelerar ese proceso: mayor inversión pública en cadenas de suministro, precios de combustible sostenidamente altos, un avance tecnológico más rápido de lo esperado y cambios de comportamiento en los consumidores. Si confluyen al mismo tiempo, el efecto podría ser determinante.
El escenario alternativo, denominado Electric Shock, sitúa la demanda mundial de petróleo en 99 millones de barriles diarios en 2040, aproximadamente el nivel actual y cinco millones por debajo del escenario base. Como consecuencia, unas 40 refinerías en todo el mundo podrían cerrar antes de lo previsto.
China lidera con ventaja y podría ampliarla aún más
China no parte de cero. En el segundo trimestre de 2026, los vehículos eléctricos representaron el 42% de las ventas de automóviles en el país, frente al 33% registrado un año antes: una aceleración notable en apenas doce meses.
El escenario Electric Shock contempla que el Gobierno chino vaya todavía más lejos, con restricciones adicionales al consumo de gasolina, exenciones fiscales completas e incentivos a la compra que podrían reducir un 30% el coste total de propiedad del vehículo eléctrico. Ese cambio en el cálculo económico afectaría a millones de compradores. Las ventas anuales podrían pasar de 8,9 millones de unidades en 2025 a 29,9 millones en 2040, mientras la capacidad de fabricación china crecería un 50% antes de 2035, con una expansión sostenida hacia los mercados del Sur Global.
Estados Unidos y Europa: dos rezagados con estrategias distintas
El contraste con Estados Unidos es marcado. Las ventas de vehículos eléctricos cayeron un 33% en los primeros cinco meses de 2026 tras la retirada de incentivos fiscales, y hoy apenas representan el 3% del parque automovilístico del país.
El escenario Electric Shock contempla un giro de política: medidas de apoyo específicas atraerían inversión extranjera directa y permitirían construir nuevas fábricas con tecnologías modulares. Ese impulso podría adelantar la paridad de costes con los vehículos de gasolina a 2031, dos años antes que en el escenario base, y dejar un parque eléctrico estadounidense un 51% mayor en 2040.
Europa afronta una situación distinta. La ambición descarbonizadora es alta, pero el sector del automóvil registró unos 60.000 despidos solo en 2026. El informe plantea un posible «gran pacto»: reducción arancelaria a cambio de que China fabrique localmente, preservando empleo mientras se acelera la transición. Si funciona, el parque europeo podría ser un 53% mayor que en el escenario base para 2040.
El cuello de botella invisible: minerales críticos y cobre
Más vehículos eléctricos requieren más materiales. Wood Mackenzie estima que serán necesarios 45.000 millones de dólares adicionales en producción de metales durante la próxima década para sostener este ritmo.
El cobre concentra la mayor presión: la capacidad minera anual debería pasar de unas 850.000 a unas 960.000 toneladas, con una inversión adicional de aproximadamente 25.000 millones de dólares. Parte de ese capital tendría que fluir hacia jurisdicciones de mayor riesgo como Argentina, la República Democrática del Congo o Pakistán. Si Chile, Perú y Estados Unidos no agilizan sus procesos de concesión de permisos, las empresas chinas respaldadas por el Estado podrían controlar una proporción creciente del suministro global, añadiendo una nueva dimensión de dependencia estratégica para los países occidentales.
Recargar millones de coches sin colapsar la red eléctrica
Los 7 millones de puntos de recarga públicos que existen hoy en el mundo tienen una utilización media del 15%. Hay margen, pero el escenario Electric Shock lo consumiría rápidamente. China necesitaría 4 millones de puntos adicionales para 2040, con una inversión estimada de 200.000 millones de dólares; Europa, otros 2,7 millones de puntos y unos 108.000 millones.
La clave para evitar colapsos en la red no es solo construir más infraestructura, sino gestionar mejor la demanda. En Europa occidental, el 50% de la recarga ya se desplaza a horas de menor coste; en el escenario Electric Shock, esa proporción debería alcanzar el 85% en 2040. En Estados Unidos, donde la recarga gestionada apenas llega al 5%, el avance en esta dirección será determinante: sin una gestión inteligente de la demanda, el ritmo de adopción podría chocar con los límites físicos de la red antes de que la infraestructura esté lista.
Lo que ocurra en los próximos años con los permisos mineros, las políticas de recarga y los acuerdos comerciales entre regiones marcará si el escenario Electric Shock pasa de ser un análisis de sensibilidad a convertirse en la nueva realidad del transporte mundial.
