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Juan Carlos Ablanedo vivió dos Mundiales desde el banquillo y guarda recuerdos muy distintos de cada uno

by Dirección
15 de junio de 2026
in Deportes
Exguardameta Juan Carlos Ablanedo sentado pensativo en el banquillo de un estadio vacío, evocando sus dos Mundiales

Juan Carlos Ablanedo vivió dos Copas del Mundo desde el banquillo, guardando recuerdos muy distintos de cada experiencia en el máximo torneo del fútbol.

Con 22 años y apenas dos temporadas en el fútbol profesional, Juan Carlos Ablanedo se encontró de repente en el vestuario de una selección española que iba a disputar un Mundial. Algo que, reconoce, con 18 años le habría parecido directamente inimaginable.

El exportero del Sporting de Gijón es una de las voces asturianas que vivieron aquella experiencia desde dentro. Y la vivió dos veces.

Un sueño a los 22 años: la llamada de México 86

La convocatoria no llegó con fanfarria. Ablanedo llevaba apenas dos temporadas como profesional cuando su nombre apareció en la lista de España para México 86. La incertidumbre había sido constante durante semanas. «Se hablaba de otros porteros que podían entrar», recuerda. No fue hasta que la lista se hizo oficial cuando supo que estaba dentro.

La figura de Vicente Miera pesó en aquella decisión. El segundo entrenador de Miguel Muñoz conocía a Ablanedo desde las categorías inferiores del Sporting, le había visto crecer y progresar durante años. Esa relación previa, sumada a dos buenas temporadas en el primer equipo y sus pasos por la sub-21 y la olímpica, construyeron el argumento suficiente para la convocatoria.

Una vez dentro, la experiencia tuvo una intensidad difícil de describir. Ablanedo no disputó ningún minuto: se alternaba con Buyo entre el banquillo y la grada mientras Zubizarreta ejercía como primer portero indiscutible. Pero eso no redujo la vivencia. «Cuando estás dentro del equipo ves el ambiente que rodea a la selección y lo que supone cada partido», explica. La magnitud del torneo se sentía desde dentro, aunque fuera sin botas.

Cuartos de final y la amargura de los penaltis ante Bélgica

Aquella España de México 86 era un bloque sólido. Zubizarreta transmitía seguridad bajo palos, el centro del campo combinaba técnica y músculo, y arriba Emilio Butragueño vivía un momento extraordinario que iba mucho más allá de los goles. «Era una selección con potencial para llegar a las semifinales», afirma Ablanedo sin dudar.

El camino se complicó por factores ajenos al juego. La lesión de Maceda fue un golpe duro: para Ablanedo, aquel defensa central aportaba seguridad y presencia ofensiva que el equipo no supo reemplazar del mismo modo. Cuando más se necesitaba estar al cien por cien, no se podía estarlo.

La eliminación ante Bélgica llegó en los penaltis. Y en los penaltis, la fortuna tiene su propio peso. «Los belgas los lanzaron muy bien. Recuerdo la tranquilidad con la que se acercaban al balón», dice Ablanedo. No lo plantea como excusa: hay mérito en ejecutar bien, pero también existe un componente de azar que nadie controla del todo.

¿Podría haber llegado más lejos aquel equipo? Hasta las semifinales, sí. ¿Campeón? Ablanedo lo ve difícil. Argentina tenía a Maradona, y eso cambiaba cualquier ecuación.

Italia 90: talento sin piernas

Cuatro años después, la convocatoria volvió a llegar. Luis Suárez, que había sido su seleccionador en la sub-21, dirigía ahora al equipo absoluto. Ablanedo tenía la esperanza de estar. Y estuvo. Pero Italia 90 fue una historia diferente desde el principio.

El problema no era el talento. Había calidad de sobra —Butragueño, Julio Salinas, un centro del campo de nivel extraordinario— pero el cuerpo no acompañaba. La temporada había sido larga y exigente, y muchos jugadores llegaron al Mundial con las piernas cargadas. Los entrenamientos se orientaron a evitar sobrecargas en lugar de afinar el rendimiento competitivo. Ese equilibrio se pagó sobre el césped.

La eliminación ante Yugoslavia llegó con un gol de falta que Ablanedo recuerda con precisión. Yugoslavia jugó bien. Pero España no llegó en condiciones de mostrar su mejor versión, y esa es la diferencia entre una derrota que duele y una derrota que pesa.

México contra Italia: dos mundos, dos memorias

Cuando Ablanedo compara los dos torneos, no habla solo de resultados. Habla de sensaciones, de atmósferas, de lo que se queda grabado con el tiempo.

México tenía color, tenía cierta desorganización que paradójicamente le daba encanto. Italia era moderna, perfectamente organizada, más fría. Dos mundos distintos dentro del mismo torneo.

Ablanedo se queda con México. El primer Mundial siempre deja una huella distinta: la novedad, la intensidad de descubrir algo enorme por primera vez, no se repite. En Italia todo eso ya se conocía, y además el equipo no rindió como podía. «En Italia todos nos quedamos con la sensación de no haber dado el nivel que podíamos ofrecer», dice. Eso duele de una manera particular. El tiempo cambia la perspectiva sobre las eliminaciones, las relativizas, las entiendes mejor. Pero esa sensación de haber dejado algo por el camino no desaparece del todo.

La España de hoy: favorita, pero no de un solo nombre

Ablanedo observa la selección actual con optimismo, aunque sin triunfalismos. La sitúa entre las candidatas al título, reconociendo que hay otras selecciones con un nivel alto. Y subraya algo que considera esencial: demostrar el potencial desde el primer partido. La confianza se construye desde el inicio, no se recupera a mitad del camino.

Sobre Lamine Yamal, la valoración es clara y matizada al mismo tiempo. Es un jugador extraordinario. Pero Ablanedo no cree en las selecciones de un solo nombre. «Rendirá todavía mejor si el resto del equipo también ofrece su mejor versión», apunta. El juego colectivo está por encima de cualquier individualidad, y eso es precisamente lo que hace grande a esta España.

Quizá ahí está la reflexión más amplia que deja la historia de Ablanedo. Dos Mundiales, cero minutos jugados, y una perspectiva sobre el fútbol que no se compra con estadísticas. Vivir algo desde dentro —aunque sea desde el banquillo— a veces enseña más sobre el juego que cualquier otra cosa.

Tags: fútbolItalia 90Juan Carlos AblanedoMéxico 86Mundiales de fútbolRecuerdosselección española
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